jueves, 22 de abril de 2010

LAS CATEGORÍAS DE LUHMANN Y HABERMAS PARA EL ANÁLISIS DE LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA Marcuzzi

1

En la década del 90’ sucesivos análisis políticos sobre la democracia centralizaron
sus caracterizaciones sobre las modificaciones del sistema político en el fenómeno de la representación, evidenciadas por indicadores tales como la apatía y el escepticismo frente a los Poderes Estatales, a los partidos políticos y a las organizaciones sindicales.

La incorporación al lenguaje de conceptos como “clase política”, en el sentido
definido por Gaetano Mosca a fines del siglo XIX es decir como elite que gobierna en su propio beneficio, o la calificación de la relación representante- representado en términos de liderazgos personalistas y decisionismo, apelando en este caso a elaboraciones teóricas de Carl Schmitt, se revelaron como categorías fundamentales para definir los problemas de la representación y en consecuencia del régimen político.

En el presente texto recurriré a la perspectiva funcional- estructuralista propuesta
por el enfoque de Niklas Luhmann, específicamente a conceptos tales como sistema
político, poder, legitimación, complejidad, temas de comunicación política, y al modelo de política deliberativa propuesto por Jurgen Habermas, especialmente a sus conceptos de acción comunicativa y su relación con las instituciones del Estado de Derecho con el propósito de comprender, finalmente, aspectos propios de la representación política actual.

1.
La perspectiva teórica elaborada por Luhmann encuentra similitudes con la
Sociología propuesta por el Talcott Parsons para el estudio de la sociedad como sistema social.
Ambos desarrollos intelectuales se conforman como elaboraciones opuestas a las
corrientes clásicas de la Sociología; al positivismo con origen en la obra de Durkheim, a la perspectiva materialista histórica de Marx y a la visión de la acción social de Weber, proponiendo un entramado categorial abstracto con el propósito de estudiar las sociedades actuales.

En la autodefinición de su teoría, así como en la alusiones contrarias a las teorías
europeas tradicionales, Luhmann reconoce como una de sus fuentes intelectuales a la obra de Parsons así como a la teoría de los juegos, la sociología de la organización y a la cibernética. Por ello su perspectiva adquiere la denominación de “funcionalismo estructural”, contraponiéndola al enfoque estructural- funcionalista de Parsons. El primero ubica como premisa el concepto de función al de estructura, siendo el problema fundamental de la Sociología la determinación de la función que las estructuras desarrollan en un ambiente difícil, por el contrario, Parsons concentra la atención en las aportaciones que cada subsistema ofrece a la conservación de las estructuras del sistema social.

En las caracterizaciones elaboradas por Luhmann sobre el sistema social y específicamente sobre el subsistema político es posible encontrar proposiciones teóricas que permiten tematizar aspectos del fenómeno actual de la representación política. Para llegar a ello mencionare en primer lugar las categorías relacionadas con su perspectiva sobre la sociedad como sistema social, para luego especificar los aspectos relacionados al sistema político como generador de decisiones vinculantes.
a) Sociedad como sistema social: Luhamnn considera que la sociedad no se compone de
individuos como “partes” integrados a un organismo social como un “todo” porque la
dicotomía todo / parte implica dos objetos, hombre y sociedad unidos de forma relacional, su perspectiva propone que los sistemas no se consideren de un modo agregado ni relacional sino como operaciones selectivas que determinan su importancia.

El sistema social es una conexión dotada de sentido de acciones que se refieren entre si y se pueden limitar respecto de un ambiente, limitación realizada por los miembros del sistema.

La identidad de este sistema social se funda en las reglas de limitación y de subsuncion que dirigen la elaboración dotada de sentido que los hombres hacen de sus experiencias por lo tanto no son los individuos concretos los que constituyen los elementos del sistema, sino sus acciones y sus roles sociales.

Los actores no son más los hombres o grupos con sus necesidades materiales y valores,
sino lo son los “roles”, los “sistemas”, los “ambientes” (conjunto de expectativas y de expectativas de expectativas).

En el sistema social, el sentido es la relación selectiva entre ese sistema y el mundo, es la premisa de la elaboración de la experiencia de manera que sea posible la selección de alternativas sin suprimir y conservando aquellas alternativas no actualizadas.

Esta relación selectiva es lo que hace posible la reducción y el mantenimiento de la
complejidad. Las experiencias y las acciones son selección incesante que no eliminan sino neutralizan las alternativas que no están actualizadas.

El sentido permite así mantener la complejidad, característica fundamental del sistema social.

“... la “complejidad” nace de la discrepancia entre el mundo imaginado y comprendido
intelectualmente cuya extensión será hoy dilatada enormemente por el flujo de las
informaciones debido a los medios electrónicos y al espacio muy limitado cubierto
efectivamente por la acción de los sujetos”... (Zolo, 1986: 167)

El desarrollo del sistema social se caracteriza por el aumento de la complejidad
comprendida como el exceso de posibilidades del mundo, la diferencia entre el número de las posibilidades potenciales y el número de las ellas actualizadas.

El sistema social es una identidad que se mantiene en un ambiente complejo por medio de la estabilización de una diferencia interno/ externo. El sistema debe tener capacidad para asimilar, elaborar y compensar mediante procesos de diferenciación interna los estímulos provenientes del ambiente externo La evolución de los sistemas depende de la lógica probabilista de la indeterminación, con ello Luhamnn expresa su antihistoricismo, es decir se manifiesta contra la filosofía de la historia organicista o finalista elaborada por Hegel.

Un ejemplo de ello lo constituye su afirmación sobre las posibilidades del socialismo en las sociedades avanzadas. Con respecto a ello Luhmann afirma que el socialismo ha heredado de Hegel el mito organicista e historicista del carácter necesario del proceso de restauración histórica de la antigua alianza entre el hombre y la naturaleza, entre la política y la economía, y de los hombres entre ellos. El enfoque de Luhmann contradice esta visión optimista de la historia como proceso inmanente que se desarrolla dialécticamente. El socialismo tiene que ser considerado como una conquista evolutiva contingente, contrastado por tendencias entropicas naturales, un proyecto riesgoso de la libertad y no el resultado necesario de una ley providencial de la historia.

b) El sistema político como generador de decisiones vinculantes: El sistema político se caracteriza, al igual que el sistema social, como una entidad constituida por elementos correlacionados entre si y en relación de interacción con el ambiente externo. La especificidad de este sistema lo constituye su posibilidad de generar poder político es decir de transmitir en forma codificada y generalizada simbólicamente, decisiones vinculantes.

Luhmann distingue diferentes subsistemas políticos, el de partidos y el de la administración pública que comprende los tres poderes, el legislativo, el ejecutivo y el judicial, unificados por emanar las decisiones vinculantes.

La función del subsistema de partidos consiste en producir legitimidad, garantizando la disponibilidad del público a aceptar las decisiones vinculantes de la administración. Los partidos políticos son las estructuras selectivas que reducen la complejidad ambiental y permiten a la administración pública tomar decisiones atendiendo al consenso del público.

Uno de los conceptos elaborados por Luhmann y que revela una capacidad explicativa, al menos en lo que respecta al fenómeno de la representación política en la sociedad actual, es el concepto de poder.

El poder es un medio de comunicación social, un código de símbolos generalizado que
disciplina la transmisión de prestaciones selectivas de un sujeto a otro. El poder en las sociedades complejas no se relaciona con la coerción o con la violencia sino que consiste en la posibilidad de que dispone un sujeto o una pluralidad de sujetos de elegir con su decisión una alternativa para otros sujetos. Es la facultad de reducir la complejidad para otros.

En la relación de poder, a diferencia de la coerción, la voluntad del subordinado no esta sustituida o manipulada sino motivada. El poder es más eficaz cuanto más obtiene de los sujetos subordinados una obediencia “espontánea” y una renuncia pacífica a alternativas que en el caso contrario serían atractivas.

Luhmann afirma que la teoría del poder desde Maquiavelo a Parsons concibe al poder como un bien material, una propiedad o una atribución de un sujeto, grupo o clase del que dispone de forma estable. Desde esta perspectiva el poder supone la subordinación de una parte de la sociedad a otra. El poder social se concibe además como una cantidad fija, independiente de las situaciones y de las estructuras sociales; es decir el poder puede ser acumulado, repartido, concentrado, descentralizado, pero su cantidad no puede ser aumentada, ni disminuida.

Según lo afirma Zolo en los textos de Luhmann se expresa lo siguiente con respecto al
poder: “... En las sociedades complejas el poder se presenta como un fenómeno relacional y reflexivo y no como un fenómeno causal y transitivo. La concepción causal supone que el poder se desarrolle exclusivamente en formas jerárquicas de arriba hacia abajo, según una dirección única. Está excluida así, (...) la característica fundamental de la relación de poder moderna: su reflexividad, es decir, el hecho de que siempre, también si en formas y en medidas distintas, ambos partners de la relación de poder cumplen prestaciones selectivas, o sea tienen poder y están en grado de ejercerlo recíprocamente, o en el caso de concatenaciones de poder, circularmente. Se ignora que cada sujeto social, en relación con las circunstancias y los puntos de vista, pueda ejercer alternativamente roles de poder
superiores o inferiores”... (ZOLO, 1986: 175).

La problemática crucial de las sociedades modernas es el problema de la cantidad de poder y de los “riesgos evolutivos” conexos a la variabilidad de la magnitud relativa del poder.

La hipótesis de Luhmann es la siguiente: Cuanto más complejos son los sistemas sociales y aumenta el número de alternativas posibles mayor es el gravamen social de la prestación selectiva y más elevada tiene que ser la cantidad de poder socialmente activada. Con la complejidad y la interdependencia aumenta la necesidad de decisiones rápidas y sincronizadas. A Luhmann le preocupa el déficit de poder. En las sociedades industriales avanzadas caracterizadas por una diferenciación funcional de los subsistemas primarios y por una interdependencia elevada de todas las prestaciones funcionalmente especificadas, el peligro más grave es la pérdida de funciones del poder, su ineficiencia y decadencia.

En las sociedades complejas la crisis del poder significa el poder de bloqueo, un poder que no está en grado de promover algo, impide y desagrega, aumentando la eficacia de la non decisión- making en las instancias que tienen las responsabilidades generales. La conquista evolutiva de la diferenciación del poder está amenazada por síntomas de sobrecarga y el stress decisional tiende a asumir la forma de una parálisis selectiva.

La perspectiva teórica de Luhmann sobre la política en las sociedades avanzadas
propone nuevas definiciones sobre la democracia, la legitimidad y la participación.
La democracia es definida como la forma de mantener la complejidad a pesar de la
actividad decisional constante, conservando un ámbito selectivo lo más amplio posible para decisiones siempre nuevas y diferentes.

En las sociedades modernas la democracia significa la reversabilidad de las
prestaciones selectivas del proceso decisional, el mantenimiento de un ámbito selectivo lo más amplio posible para decisiones nuevas, la conservación de la complejidad no obstante la actividad decisional que reduce el abanico de posibilidades.

La democracia no implica la participación de todos en los procesos políticos
decisionales, porque las decisiones políticas son procesos selectivos que niegan otras posibilidades, exigir una intensa participación de todos en las decisiones políticas significaría asumir la frustración como principio.

La evolución de la sociedad hacia la creciente diferenciación de subsistemas y la
especificidad que adquiere el sistema político con respecto a otros subsistemas como el económico, el social, el biológico modifica la obtención de la legitimidad con respecto al poder político.

La legitimación en las sociedades complejas no se basa en convicciones
participantes sobre la validez de los valores en que se fundan las decisiones vinculantes, en las sociedades modernas y diferenciadas se basa en la disposición a aceptar y en la suposición de tal disposición a aceptar. Es una disponibilidad generalizada a recibir decisiones indeterminadas desde el punto de vista de su contenido.

El contenido de las decisiones vinculantes a su vez se encuentra sujeto a límites
porque en una sociedad compleja y diferenciada el sistema político no posee una capacidad ilimitada de absorción de las informaciones en consecuencia este sistema tiende a institucionalizar algunos puntos de vista muy abstractos (salud pública, justicia, seguridad) que resultan compatibles con una sustitución de los temas de la comunicación política.

Se tiende a restringir la posibilidad de participación del público en cuanto la
sustitución rápida de los temas de comunicación política hace difícil la formación de
opiniones y las diversas materias son monopolizadas por los políticos de profesión. La integración política ocurre así en el nivel de la elección de los temas importantes de la decisión política en lugar del modo en que tales temas se van a decidir. De esta manera aumenta la distancia entre el nivel decisional de los políticos y el nivel decisional del público.

La perspectiva teórica elaborada por Luhmann propone nuevos conceptos con
capacidad explicativa para comprender fenómenos actuales. Categorías tales como poder, sistema político, democracia, legitimación, temas de comunicación política revelan aspectos interesantes para el análisis de lo que se ha llamado “crisis de representación” en nuestro país.

2.

En las sociedades avanzadas o de capitalismo tardío Habermas propone un modelo
de política democrática fundamentado en las siguientes proposiciones: una concepción de la deliberación comprendida en términos de acción estratégica y acción comunicativa, una oposición a los modelos políticos propuestos por liberales y republicanos o comunitaristas y una visión critica al Estado social dominante en la década de los 70’.

a) La política deliberativa como acción comunicativa y acción estratégica: Desde la
perspectiva de Habermas la sociedad contemporánea no expresa sólo una racionalidad
instrumental propia de la acción estratégica sino también una racionalidad comunicativa que demanda diálogo y buenas razones para fundamentar ciertas prácticas
institucionalizadas. La integración social requiere no sólo mecanismos sistémicos que
proceden según una lógica propia sino también de mecanismos comunicativos para lograr
la autocomprension moral de la interacción.

En las sociedades complejas en las que se pluralizan las formas de vida, la integración de los individuos proviene de su capacidad de interactuar comunicativamente al tiempo de reconocer su necesidad de interactuar estratégicamente. La acción comunicativa es definida por Habermas en los siguientes términos:

“... El concepto básico de acción comunicativa explica como la integración social puede producirse a través de la capacidad de establecer vínculos que tiene el lenguaje intersubjetivamente compartido. Este impone restricciones a los sujetos que quieren hacer uso de las energías de vínculo del lenguaje y los obliga a salir del egocentrismo de su orientación al éxito para exponerse a los criterios públicos de racionalidad propios del entendimiento intersubjetivo. Desde este punto de vista la sociedad se presenta como mundo de vida simbólicamente estructurado, que se reproduce a través de la acción comunicativa. Naturalmente, de ello no se sigue que en el mundo de la vida no puedan aparecer interacciones estratégicas. Pero estas cobran un significado distinto que en Hobbes o en la teoría de los juegos : ya no son entendidas como mecanismo de generación de un orden instrumental. Las interacciones estratégicas encuentran más bien su lugar en un mundo de la vida ya constituido, por así decir, por otras vías”... (Habermas, 1998: 88).

“... La racionalidad comunicativa no es como la forma clásica de la razón práctica una fuente de normas de acción. Sólo tiene un contenido normativo en la medida que quien actúa comunicativamente no tiene más remedio que asumir presupuestos pragmáticos de tipo contra fáctico. Tiene que emprender idealizaciones, por ejemplo, atribuir a las expresiones significados idénticos, asociar a sus manifestaciones o elocuciones una pretensión de validez que trasciende el contexto, suponer a sus destinatarios capacidad de responder de sus actos, esto es, autonomía y veracidad, tanto frente a si mismos como frente a los demás”... (Habermas, 1998: 66)

El concepto de acción estratégica por el contrario “... mantiene en cada caso a sus espaldas el trasfondo que representa el mundo de la vida; (...) en la acción estratégica ese trasfondo queda neutralizado en lo que concierne a su capacidad de coordinar la acción; ya no suministra ninguna anticipación de consenso porque para quien actúa estratégicamente tanto el marco institucional como los otros participantes en la interacción sólo aparecen ya como hechos sociales”... (Habermas, 1998: 88).

Habermas afirma lo siguiente con respecto al modelo de política deliberativa
propuesto: “... la intersubjetividad de orden superior que representan procesos de
entendimiento (...) se efectúan en la forma institucionalizada de deliberaciones en las corporaciones parlamentarias o en la red de comunicación de los espacios públicos
políticos. Estas comunicaciones exentas de sujeto o que no cabe atribuir a ningún sujeto global, constituyen campos en los que puede tener lugar una formación más o menos racional de la opinión y la voluntad acerca de temas relevantes para la sociedad global y de materias necesitadas de regulación. La formación informal de la opinión desemboca en decisiones electorales institucionalizadas y en resoluciones legislativas por las que el poder generado comunicativamente se transforma en un poder empleable en términos administrativos. Al igual que en el modelo liberal, también en la teoría del discurso se respetan los límites entre el estado y la sociedad; pero aquí la sociedad civil, en tanto que base social de espacios públicos autónomos, se distingue tanto del sistema de acción económica como de la administración pública. Y de esta comprensión de la democracia se sigue normativamente la exigencia de un desplazamiento del centro de gravedad en la
relación entre los recursos que representan el dinero, el poder administrativo y la
solidaridad, a los que las sociedades modernas recurren para satisfacer su necesidad de integración y de regulación. Las implicaciones normativas saltan a la vista: la fuerza de integración social que tiene la solidaridad, que ya no cabe extraer sólo de las fuentes de la acción comunicativa habría de poder desarrollarse a lo largo y ancho de espacios públicos autónomos ampliamente diversificados y de procedimientos de formación democrática de la opinión y la voluntad política, institucionalizados en términos de Estado de Derecho, y habría de poder afirmarse también frente y contra los otros dos poderes, es decir, frente al dinero y al poder administrativo”...(Habermas, 1991: 49-50).

b) Oposición a los modelos políticos liberal y republicano o comunitarista: Habermas
contrapone dos modelos de democracia, el liberal y el republicano dominantes en la
discusión política en Estados Unidos durante la década del 80’. La concepción liberal
propone, con respecto al proceso democrático, programar las actividades del Estado en
interés de la sociedad, entendiendo al Estado como administración pública y a la sociedad como sistema estructurado en términos de economía de mercado. En el modelo liberal la política impone los intereses sociales privados frente a un aparato estatal especializado en el empleo administrativo del poder político para conseguir fines colectivos.

Para la concepción republicana el proceso democrático no se agota en la función de
mediación entre el Estado y la sociedad como en la perspectiva liberal, sino que es el elemento constitutivo del proceso social. La política es entendida como forma de reflexión de un plexo de vida ético.

Con respecto al concepto ciudadano la concepción liberal lo define como un status
con derechos subjetivos delimitados frente Estado y frente a los demás ciudadanos; como portadores de estos derechos los ciudadanos gozan de la protección del Estado mientras persiguen sus intereses privados dentro de los límites trazados por las leyes. Los derechos subjetivos son conceptualizados como derechos negativos que garantizan un ámbito de opción dentro del cual las personas jurídicas quedan libres de coacciones externas.

Por el contrario para la concepción republicana el status de ciudadano no está definido por las libertades negativas de las que pueden hacer uso como personas privadas. Los derechos ciudadanos, entre los que se destacan los de participación y de comunicación política, son libertades positivas. No garantizan la libertad respecto a coacciones externas sino que la participación es una práctica común, cuyo ejercicio es lo que permite a los ciudadanos convertirse en sujetos políticamente responsables en una comunidad de libres e iguales.

Con respecto al derecho la concepción liberal afirma, según Habermas, que el sentido de un orden jurídico consiste en que ese orden permite decidir en cada caso que derechos asisten a que individuos, el orden jurídico se construye a partir de los derechos subjetivos.

Para la concepción republicana los derechos subjetivos se deben a un orden jurídico
objetivo que posibilita y garantiza la integridad de una convivencia basada en la igualdad, la autonomía y el respeto reciproco, para esta concepción se privilegia el contenido objetivo del orden jurídico. El derecho de voto interpretado como libertad positiva se convierte para los republicanos en paradigma de los derechos en general, no sólo porque ese derecho es condición de la autodeterminación política, sino porque queda claro cómo la inclusión en una comunidad de iguales depende de que los individuos estén capacitados para hacer aportaciones autónomas y para posicionarse como consideren oportuno.

Con respecto a la naturaleza del proceso político, la concepción liberal afirma que la política es una lucha por posiciones que aseguran la capacidad de disponer de poder administrativo. El proceso de formación de la voluntad política en el espacio público y en el Parlamento esta determinado por la competencia de actores colectivos que actúan estratégicamente, con el fin de conservar sus posiciones de poder o de hacerse con tales posiciones.

La concepción republicana afirma que la formación de la voluntad política en el
espacio público y en el Parlamento tiene sus propias estructuras específicas que son la de una comunicación pública orientada al entendimiento. El paradigma de la política en el sentido de una práctica de la autodeterminación ciudadana no es el mercado sino el diálogo.

Frente a los dos modelos conceptualizados previamente Habermas propone un modelo
basado en el concepto procedimental de política deliberativa, con ello define las
condiciones de comunicación bajo las que el proceso político puede tener a su favor la presunción de generar resultados racionales porque se efectúa en el modo de la política deliberativa.

El procedimiento democrático propuesto por Habermas establece una conexión
entre negociaciones, discursos de autoentendimiento y discursos relativos a cuestiones de justicia y sirve de base a la presunción de que bajo tales condiciones se obtienen resultados racionales.

El modelo de democracia de Habermas al igual que el republicano otorga un lugar
central al proceso político de la formación de la opinión y de la voluntad colectiva pero no entiende como algo secundario la estructuración en términos de Estado de Derecho. Los derechos fundamentales y los principios del Estado de Derecho constituyen una respuesta a la cuestión de cómo pueden implementarse los presupuestos comunicativos del procedimiento democrático. Su teoría no hace depender la realización de una política deliberativa de una ciudadanía capaz de acción, sino de la institucionalización de los procedimientos correspondientes.

c) La cuestión del Estado Social o Estado de Bienestar: Habermas afirma que desde fines de los años 70’ el Estado Social ha evidenciado límites como fuente de bienestar. Esta forma de Estado puede caracterizarse, según el autor, en base a dos aspectos: el metodológico y el sustantivo. Con respecto al metodológico, el compromiso del Estado social y la pacificación del antagonismo de clase es el resultado de una intervención estatal democráticamente legitimada para regular el proceso de crecimiento natural del capitalismo; sobre el aspecto sustancial, Habermas afirma que al normalizarse el status de los trabajadores mediante la participación y el ejercicio de los derechos sociales, la población consigue vivir en libertad, justicia social y bienestar. Las intervenciones estatales garantizan la coexistencia pacífica entre el capitalismo y la democracia.

Sin embargo el Estado nacional ha resultado ser un marco demasiado estrecho para
asegurar las políticas económicas keynesianas frente al exterior, al mercado mundial y a las inversiones de empresas transnacionales. En política interior los límites de su intervención se revelan en la falta de disposición a la inversión, el estancamiento económico, el aumento del desempleo y la crisis de los presupuestos públicos. Los programas del Estado Social necesitan de una gran cantidad de poder para lograr la financiación con cargo en los presupuestos públicos y la eficacia en el mundo vital de los beneficiarios, lo que ha generado una burocracia estatal que cubre la vida cotidiana de los clientes reales o potenciales generando una praxis de hechos singulares que cosifican el mundo vital mediante la reglamentación y el control.

En el Estado social se encuentran en contradicción el aspecto sustantivo y el aspecto
metodológico porque su objetivo es establecer formas vitales estructuradas igualitariamente que permitan la autorrealización individual, pero ello no puede alcanzarse mediante la aplicación jurídico- administrativa de programas políticos.

Habermas distingue tres tipos de reacciones políticas generadas por las contradicciones mencionadas propias del Estado Social en países como Alemania y los Estados Unidos:
1) El legitimismo: esta concepción política espera poder encontrar el equilibrio entre el desarrollo del Estado social y la modernización por medio del mercado, son los conservadores pertenecientes a partidos socialdemócratas que esperan consolidar lo ya alcanzado;
2) Neoconservadurismo: Realiza una critica al Estado social y propone una
política económica orientada a la oferta para mejorar las condiciones de capitalización y de acumulación, fomenta las acciones neocorporativas de las asociaciones empresariales y sustrae las materias sociales de la esfera pública. Son sus representantes los republicanos norteamericanos y los conservadores ingleses y alemanes;
3) Disidencia de los críticos del crecimiento: Esta concepción política afirma que el mundo vital está amenazado por la mercantilización propia de la economía y por la burocratización propia del Estado. Una de sus propuestas se fundamenta en la perspectiva de la economía dual que plantea independizar la seguridad social del empleo. Los representantes de esta reacción radical democrática son los nuevos movimientos sociales alemanes.

El modelo de política deliberativa propuesto por Habermas, tanto en su oposición a
liberales y republicanos como en su perspectiva sobre el Estado Social, rescata la
vinculación de la acción comunicativa con las instituciones políticas como forma de
implementar los presupuestos comunicativos de formación de la voluntad política.

3.

El debate sobre la representación política en nuestro país ha adoptado una
formulación similar a la tesis de la crisis- catástrofe enunciada por Mari en su artículo “Pensar la Argentina”.

En este texto el autor afirma que existe en nuestro país una tesis que postula la
crisis- catástrofe entendida como “... un tipo de discurso con dos registros: psicológico y sociológico. En el primer registro, se potencian las dificultades económicas, políticas y administrativas de la democracia, generándose a partir de la hipérbole una psicología social biliosa y de postración colectiva. En el segundo, se evacuan las condiciones de posibilidad de comprensión racional de esas mismas dificultades, al desinteresarlas de su enlace con las relaciones sociales objetivas y remitirlas, en forma masiva y en bloque, a la llamada denuncia subjetiva: incompetencia gubernamental, torpeza burocrática, incapacidad judicial, o bien incuria e inmadurez de la clase política en conjunto y de sus representantes
parlamentarios”... (Mari, 1990:5)

El predominio, especialmente en la autopercepción de los políticos y en los medios
de comunicación sobre la crisis de representación en términos de improvisación,
incapacidad y oportunismo de una clase política desvinculada de las problemáticas sociales prioritarias, consolidando una forma de gobierno con tendencias “oligárquicas”, entendiendo por ello a la forma de ejercicio del poder político denunciada por el teórico alemán Robert Michels a principios del siglo XIX, ha devenido en una temática común en el ámbito político nacional.

Frente a ello los estudios académicos y los análisis políticos sobre las dificultades de las instituciones democráticas para canalizar los conflictos sociales han logrado formular proposiciones teóricas que revelan una densidad conceptual con capacidad explicativa sobre este fenómeno actual.

Dos teóricos latinoamericanos han elaborado estudios sobre la representación
política contemporánea contemplando tendencias estructurales para explicar los cambios de esta característica fundamental de la democracia actual.

Zermeño en un artículo titulado “El regreso del líder” menciona las
transformaciones ocurridas en el ámbito de la sociedad y del Estado como condiciones que han influenciado en la relación representantes- representados.

Según este autor la sociedad actual se caracteriza por la violencia desorganizada, el
retraimiento anomico, la tendencia a profundizar las desigualdades sociales entre los
excluidos, la clase media en decadencia y una minoría privilegiada, la segmentación de la sociedad en grupos primarios, la menor presencia social de grupos secundarios, es decir de organizaciones partidarias, movimientos sociales, sindicatos y asociaciones empresariales, la atomización de los comportamientos políticos como un fenómeno característico de la sociedad de masas, lo que ha derivado en una concentración del poder político en el Estado.

Frente a una sociedad fragmentada el Estado centraliza las relaciones sociales,
concentrando las comunicaciones y las decisiones colectivas, ganando mayor autonomía y simultáneamente atomizando a la sociedad.

En el aspecto económico la política neoliberal aplicada por la administración estatal
al priorizar objetivos como detener la inflación, reconvertir la industria, pagar la deuda externa, y lograr competitividad en los mercados internacionales para desarrollar la economía, ha permitido el aumento del Producto Bruto Interno pero ello no se ha traducido en mayor integración social.

La aplicación de la política neoliberal ha generado el predominio de la lógica del
mercado en la sociedad donde el cálculo individual domina sobre las disposiciones sociales de la cuestiones económicas.

En el aspecto político la atomización social ha derivado en una concentración del
poder en la estructura estatal, reforzando liderazgos que privilegian una relación directa con las masas, subordinando los mecanismos institucionales de la división de poderes al predominio de las medidas adoptadas por el líder político.

Partiendo de este análisis Zermeño propone generar un tipo de sociedad fuerte en
sus organizaciones intermedias, que facilite la realización individual, la interacción al más alto nivel de racionalidad, que permita corresponder a los diversos sectores sociales con partidos políticos y con proyectos de sociedad futura y que consolide las instituciones políticas. Latinoamérica no se está acercando ni a una democracia asentada en la sociedad civil, ni a una democracia con predominio de la sociedad política, sino que domina la lógica masivo- popular o popular nacional adquiriendo centralidad la relación Estado- masas.

El segundo teórico, Novaro, en sus estudios sobre la representación política, alude a
las modificaciones en las identidades partidarias como fenómeno que permite comprender los cambios en la política actual.

La representación política, definida en términos de actuar en lugar de otro o el
mecanismo político que vincula y controla a los representantes por los representados, ha adquirido características distintivas en su evolución durante el siglo XX.

Según este autor es posible distinguir tres momentos en su evolución: el primero se
ubica a principios de siglo con el desarrollo de la democracia parlamentaria, donde impera una concepción sobre la voluntad política en términos de agregación de intereses individuales, el ámbito político privilegiado es el Parlamento donde los notables, sector social con poder económico e influencia intelectual, expresan los intereses de la Nación.

En este contexto la ley es el instrumento político fundamental que surge de la deliberación en un ámbito plural. La representación política presenta sus características tradicionales.

El segundo momento se ubica a mediados de siglo con el surgimiento y consolidación de la democracia de masas. Las nuevas organizaciones políticas, los partidos de masas, desarrollan lo que el autor denomina identidades por alteralidad. Estas se
constituyen en función de la determinación de un adversario, en base a una distinción
amigo- enemigo. La organización involucra a los sujetos otorgando un fundamento a los
alineamientos, los partidos de masas integran a sus miembros por identidades políticas, culturales y económicas. Dicotomías como oligarquía- pueblo o fascismo- democracia pertenecen a la construcción de esta forma de identidades.

La democracia de partidos conforma a la representación en base a la interacción
entre organizaciones y funcionarios.

El tercer momento histórico en la evolución de la representación política se ubica a
fines del siglo XX con los cambios en las estructuras partidarias y la sustitución de los partidos de masas por partidos electorales.

En este contexto las identidades no responden a las características definidas por los
partidos de masas sino que se denominan identidades por escenificación. En ellas se
agrupa algo heterogéneo por referencia a un término exterior, un referente simbólico. La sociedad polimorfa ya no tiene imagen de si misma como unidad. Los efectos de identificación son menos sólidos y más transitorias que en la forma anterior e integran menos aspectos políticos, culturales y económicos. En este caso se modifica el espacio público y la condición de la ciudadanía, fortaleciendo vínculos de representación personalizados.

“... Representar es, desde entonces, la prerrogativa de poder depositada en un líder, y como sostuviera Carl Schmitt, el principio dinámico de constitución de la unidad política, que no se logra agregando lo particular, sino que supone “un modo de ser superior”...” (Novaro,1995: 152)

Los dos autores mencionados conceptualizan el fenómeno de la representación
política en términos de tendencias estructurales, es decir por cambios en la relación Estado-sociedad y transformaciones en las identidades políticas, revelando capacidad de análisis en las elaboraciones propuestas.

En contextos sociales y teóricos diferentes a los autores mencionados los teóricos
contemporáneos alemanes Luhmann y Habermas desarrollan categorías que por pertenecer
a profundos estudios sobre las sociedades contemporáneas, revelan una capacidad
explicativa para la comprensión de este particular fenómeno de las democracias
latinoamericanas, y permiten situarlo también en una perspectiva estructural.
Luhmann al definir la evolución de la sociedad actual en términos de progresiva
diferenciación de los subsistemas administrativo, político, económico derivando en un
aumento de la complejidad es decir de la presencia de múltiples posibilidades frente a la capacidad limitada de acción de los sujetos, sitúa a la política frente a la especificidad de otros subsistemas y limita su intervención a la generación de decisiones vinculantes.

Es en el aspecto específico del sistema político, la producción de poder político
donde se puede reformular la perspectiva de la representación en nuestra sociedad.
Ambos términos de la relación de representación, representantes y representados,
pueden pensarse en la forma propuesta por Luhmann

Los representantes políticos se encuentran frente a un exceso de posibilidades en un
sistema crecientemente diferenciado, ello los somete a una sobrecarga de decisiones que puede derivar en un déficit de poder, en inmovilismo o en un poder que bloquea decisiones.

El problema reside en la imposibilidad del sistema político de generar decisiones
vinculantes para los demás subsistemas por la ausencia de poder. Si en esta sociedad
compleja el poder es un medio de comunicación que reúne características de reflexividad, es relacional y no implica una cristalización de situaciones jerárquicas, sino que todo sujeto, según diversas circunstancias, dispone de poder, puede pensarse que los representantes políticos no han transmitido decisiones vinculantes, generando una parálisis en la selección. Se ha producido una situación de déficit de poder.

La hipótesis de Luhmann sobre la relación directamente proporcional entre el
aumento de la complejidad del sistema social y la cantidad de poder socialmente activada me parece muy interesante para estudiar el fenómeno de la representación política en la democracia contemporánea.

En el otro término de la relación, los representados, conceptos como el de
legitimidad y participación permiten analizar las características que adquieren.

La legitimidad que otorgan los representados se define como disponibilidad a
aceptar las decisiones y no como convicciones comunes sobre la validez de determinados valores. En este sentido creo que la perspectiva de Luhmann desvincula lo prescriptivo, propio de todo sistema político aún de aquel de identifica la legalidad con la legitimidad, de la disponibilidad a aceptar las decisiones vinculantes.

La disponibilidad a aceptar las decisiones implica la aceptación de valores comunes,
la legitimidad se construye basándose en convicciones comunes, ¿cómo se comprende sino la generación de déficit de poder y de situaciones de bloqueo?

Con respecto a la participación la propuesta de Luhmann me parece más adecuada
que el concepto de legitimidad para comprender el fenómeno de la representación política.

En un sistema social crecientemente complejo no se puede exigir participación en
todos los temas referidos a la comunicación política porque ello genera frustración
Lo que sucede es que se priorizan ciertos temas propios del subsistema político,
planteándolos de manera abstracta, educación, salud, justicia, y entonces se decide sobre estos temas, pero no sobre el modo en que se adoptará la decisión porque la complejidad impide lograr participación en este nivel, en la forma de implementar la decisión.

La forma de implementar las decisiones son monopolizadas por los políticos
profesionales y el ciudadano decide los temas a priorizar. En un sistema social
especializado ello es inevitable. ¿Cómo se resuelve sino la participación en temas como el MERCOSUR, la deuda externa, la elección de los jueces, la implementación de las reformas educativas o las patentes intelectuales?

En síntesis, y siguiendo la perspectiva elaborada por Luhmann, la crisis de la
representación política se vincula a fenómenos de déficit de poder y de exigencia de amplia participación en un sistema social diferenciado que no admite la politización de los demás subsistemas.

Desde la perspectiva de Habermas el fenómeno de la representación política puede
situarse en los términos de acción estratégica y acción comunicativa.

El predominio de un modelo político liberal privilegió las interacciones estratégicas, reduciendo a la política a una lucha por posiciones en la administración pública, limitando la condición del ciudadano a ser portador de derechos subjetivos entendidos como libertades negativas y planteando a la democracia como mediación entre una sociedad asimilada al mercado y un Estado subordinado a los intereses privados.

La representación política al desvincularse de su contenido normativo, entendido
como forma de autocomprension moral construida mediante un diálogo intersubjetivo, sólo se presenta en términos de acción estratégica perdiendo los componentes propios de la acción comunicativa.

La crisis de representación política es una manifestación de las insuficiencias del
modelo político liberal en las sociedades de fines del siglo XX.

Habermas complementa el modelo político de los republicanos o comunitaristas,
desde su perspectiva de la democracia como forma de realización de un plexo de vida ético, considerando al ciudadano como participante en la construcción de un orden colectivo y a la política como un constante diálogo intersubjetivo que permite la autorrealización personal, vinculándolo con los aspectos procedimentales de las instituciones del Estado de Derecho, proponiendo una forma política que rescata el contenido ético y de construcción colectiva del espacio público.

Bibliografía consultada:
- CARCOVA, Carlos María (1998), “Complejidad y Derecho”, Doxa, 21, II.
- _____________________ (2002), Habermas: la validez como construcción
discursiva, (inédito).
- HABERMAS, Jurgen (1973), Problemas de legitimación en el capitalismo tardío,
trad: José Luis Etcheverry, Amorrortu editores, 3ª reimpresión, 1989, Buenos Aires.
- _________________(1984), “La crisis del Estado de Bienestar y el agotamiento de
las energías utópicas” en Ensayos Políticos, traducción de Ramón García Cotarelo,
Ediciones Península.
- _________________(1991), “Tres Modelos de Democracia. Sobre el Concepto de
una Política Deliberativa”, “Agora. Cuaderno de Estudios Políticos”, Nro. 1,
Buenos Aires, invierno de 1994.
- ___________________ (1998), Facticidad y validez, Ed. Trotta, Madrid.
- ___________________, “Contra un racionalismo menguado de modo positivista”,
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Cátedra).
- LUHMANN, Niklas (1986), “Complejidad y Democracia”, en Sistemas Políticos,
UNAM, México.
- MARI, Enrique Eduardo (1990), “Pensar la Argentina”, “Cuadernos de la Comuna”,
Nro. 24, Municipalidad de Puerto General San Martín, Provincia de Santa Fe.
- NOVARO, Marcos (1995), “El debate contemporáneo sobre la representación
política”, Revista “Desarrollo Económico, vol. 35, Nro. 137, abril- junio de 1995.
- ZERMEÑO, Sergio (1990), “El regreso del líder”, Revista “David y Goliat”,
CLACSO, Año XIX, Nro. 56, Buenos Aires, abril 1990.
- ZOLO, Danilo (1986), “Complejidad, Poder, Democracia”, en Sistemas Políticos,
UNAM, México.
- __________________, “El léxico de Luhmann”, en Sistemas Políticos, UNAM,
México.

GUY DEBORD - LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO

Capítulo 1
La separación consumada



"Y sin duda nuestro tiempo... prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser... lo que es 'sagrado' para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano es la verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado."
FEUERBACH, prefacio a la segunda edición de La esencia del Cristianismo.

1

Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación.

2

Las imágenes que se han desprendido de cada aspecto de la vida se fusionan en un curso común, donde la unidad de esta vida ya no puede ser restablecida. La realidad considerada parcialmente se despliega en su propia unidad general en tanto que seudo-mundo aparte, objeto de mera contemplación. La especialización de las imágenes del mundo se encuentra, consumada, en el mundo de la imagen hecha autónoma, donde el mentiroso se miente a sí mismo. El espectáculo en general, como inversión concreta de la vida, es el movimiento autónomo de lo no-viviente.

3

El espectáculo se muestra a la vez como la sociedad misma, como una parte de la sociedad y como instrumento de unificación. En tanto que parte de la sociedad, es expresamente el sector que concentra todas las miradas y toda la conciencia. Precisamente porque este sector está separado es el lugar de la mirada engañada y de la falsa conciencia; y la unificación que lleva a cabo no es sino un lenguaje oficial de la separación generalizada.

4

El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes.

5

El espectáculo no puede entenderse como el abuso de un mundo visual, el producto de las técnicas de difusión masiva de imágenes. Es más bien una Weltanschauung que ha llegado a ser efectiva, a traducirse materialmente. Es una visión del mundo que se ha objetivado.

6

El espectáculo, comprendido en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción existente. No es un suplemento al mundo real, su decoración añadida. Es el corazón del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares, información o propaganda, publicidad o consumo directo de diversiones, el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante. Es la afirmación omnipresente de la elección ya hecha en la producción y su consumo corolario. Forma y contenido del espectáculo son de modo idéntico la justificación total de las condiciones y de los fines del sistema existente. El espectáculo es también la presencia permanente de esta justificación, como ocupación de la parte principal del tiempo vivido fuera de la producción moderna.

7

La separación misma forma parte de la unidad del mundo, de la praxis social global que se ha escindido en realidad y en imagen. La práctica social, a la que se enfrenta el espectáculo atónomo, es también la totalidad real que contiene el espectáculo. Pero la escisión en esta totalidad la mutila hasta el punto de hacer aparecer el espectáculo como su objeto. El lenguaje espectacular está constituido por signos de la producción reinante, que son al mismo tiempo la finalidad última de esta producción.

8

No se puede oponer abstractamente el espectáculo y la actividad social efectiva. Este desdoblamiento se desdobla a su vez. El espectáculo que invierte lo real se produce efectivamente. Al mismo tiempo la realidad vivida es materialmente invadida por la contemplación del espectáculo, y reproduce en sí misma el orden espectacular concediéndole una adhesión positiva. La realidad objetiva está presente en ambos lados. Cada noción así fijada no tiene otro fondo que su paso a lo opuesto: la realidad surge en el espectáculo, y el espectáculo es real. Esta alienación recíproca es la esencia y el sostén de la sociedad existente.

9

En el mundo realmente invertido lo verdadero es un momento de lo falso.

10

El concepto de espectáculo unifica y explica una gran diversidad de fenómenos aparentes. Sus diversidades y contrastes son las apariencias de esta apariencia organizada socialmente, que debe ser a su vez reconocida en su verdad general. Considerado según sus propios términos, el espectáculo es la afirmación de la apariencia y la afirmación de toda vida humana, y por tanto social, como simple apariencia. Pero la crítica que alcanza la verdad del espectáculo lo descubre como la negación visible de la vida; como una negación de la vida que se ha hecho visible.

11

Para describir el espectáculo, su formación, sus funciones, y las fuerzas que tienden a disolverlo, hay que distinguir artificialmente elementos inseparables. Al analizar el espectáculo hablamos en cierta medida el mismo lenguaje de lo espectacular, puesto que nos movemos en el terreno metodológico de esta sociedad que se manifiesta en el espectáculo. Pero el espectáculo no es nada más que el sentido de la práctica total de una formación socio-económica, su empleo del tiempo. Es el momento histórico que nos contiene.

12

El espectáculo se presenta como una enorme positividad indiscutible e inaccesible. No dice más que "lo que aparece es bueno, lo que es bueno aparece". La actitud que exige por principio es esta aceptación pasiva que ya ha obtenido de hecho por su forma de aparecer sin réplica, por su monopolio de la apariencia.

13

El carácter fundamentalmente tautológico del espectáculo se deriva del simple hecho de que sus medios son a la vez sus fines. Es el sol que no se pone nunca sobre el imperio de la pasividad moderna. Recubre toda la superficie del mundo y se baña indefinidamente en su propia gloria.

14

La sociedad que reposa sobre la industria moderna no es fortuita o superficialmente espectacular, sino fundamentalmente espectaculista. En el espectáculo, imagen de la economía reinante, el fin no existe, el desarrollo lo es todo. El espectáculo no quiere llegar a nada más que a sí mismo.

15

Como adorno indispensable de los objetos hoy producidos, como exponente general de la racionalidad del sistema, y como sector económico avanzado que da forma directamente a una multitud creciente de imágenes-objetos, el espectáculo es la principal producción de la sociedad actual.

16

El espectáculo somete a los hombres vivos en la medida que la economía les ha sometido totalmente. No es más que la economía desarrollándose por sí misma. Es el reflejo fiel de la producción de las cosas y la objetivación infiel de los productores.

17

La primera fase de la dominación de la economía sobre la vida social había implicado en la definición de toda realización humana una evidente degradación del ser en el tener. La fase presente de la ocupación total de la vida social por los resultados acumulados de la economía conduce a un deslizamiento generalizado del tener al parecer, donde todo "tener" efectivo debe extraer su prestigio inmediato y su función última. Al mismo tiempo toda realidad individual se ha transformado en social, dependiente directamente del poder social, conformada por él. Solo se permite aparecer a aquello que no existe.

18

Allí donde el mundo real se cambia en simples imágenes, las simples imágenes se convierten en seres reales y en las motivaciones eficientes de un comportamiento hipnótico. El espectáculo, como tendencia a hacer ver por diferentes mediaciones especializadas el mundo que ya no es directamente aprehensible, encuentra normalmente en la vista el sentido humano privilegiado que fue en otras épocas el tacto; el sentido más abstracto, y el más mistificable, corresponde a la abstracción generalizada de la sociedad actual. Pero el espectáculo no se identifica con el simple mirar, ni siquiera combinado con el escuchar. Es lo que escapa a la actividad de los hombres, a la reconsideración y la corrección de sus obras. Es lo opuesto al diálogo. Allí donde hay representación independiente, el espectáculo se reconstituye.

19

El espectáculo es el heredero de toda la debilidad del proyecto filosófico occidental que fue una comprensión de la actividad dominada por las categorías del ver, de la misma forma que se funda sobre el despliegue incesante de la racionalidad técnica precisa que parte de este pensamiento. No realiza la filosofía, filosofiza la realidad. Es vida concreta de todos lo que se ha degradado en universo especulativo.

20

La filosofía, en tanto que poder del pensamiento separado y pensamiento del poder separado, jamás ha podido superar la teología por sí misma. El espectáculo es la reconstrucción material de la ilusión religiosa. La técnica espectacular no ha podido disipar las nubes religiosas donde los hombres situaron sus propios poderes separados: sólo los ha religado a una base terrena. Así es la vida más terrena la que se vuelve opaca e irrespirable. Ya no se proyecta en el cielo, pero alberga en sí misma su rechazo absoluto, su engañoso paraíso. El espectáculo es la realización técnica del exilio de los poderes humanos en un más allá; la escisión consumada en el interior del hombre.

21

A medida que la necesidad es soñada socialmente el sueño se hace necesario. El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que no expresa finalmente más que su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián de este sueño.

22

El hecho de que el poder práctico de la sociedad moderna se haya desprendido de ella misma y se haya edificado un imperio independiente en el espectáculo sólo puede explicarse por el hecho de que esta práctica poderosa seguía careciendo de cohesión y había quedado en contradicción consigo misma.

23

Es la más vieja especialización social, la especialización del poder, la que se halla en la raiz del espectáculo. El espectáculo es así una actividad especializada que habla por todas las demás. Es la representación diplomática de la sociedad jerárquica ante sí misma, donde toda otra palabra queda excluida. Lo más moderno es también lo más arcaico.

24

El espectáculo es el discurso ininterrumpido que el orden presente mantiene consigo mismo, su monólogo elogioso. Es el autorretrato del poder en la época de su gestión totalitaria de las condiciones de existencia. La apariencia fetichista de pura objetividad en las relaciones espectaculares esconde su índole de relación entre hombres y entre clases: una segunda naturaleza parece dominar nuestro entorno con sus leyes fatales. Pero el espectáculo no es ese producto necesario del desarrollo técnico considerado como desarrollo natural. La sociedad del espectáculo es por el contrario la forma que elige su propio contenido técnico. Aunque el espectáculo, tomado bajo su aspecto restringido de "medios de comunicación de masa", que son su manifestación superficial más abrumadora, parece invadir la sociedad como simple instrumentación, ésta no es nada neutra en realidad, sino la misma que conviene a su automovimiento total. Si las necesidades sociales de la época donde se desarrollan tales técnicas no pueden ser satisfechas sino por su mediación, si la administración de esta sociedad y todo contacto entre los hombres ya no pueden ejercerse si no es por intermedio de este poder de comunicación instantánea, es porque esta "comunicación" es esencialmente unilateral; de forma que su concentración vuelve a acumular en las manos de la administración del sistema existente los medios que le permiten continuar esta administración determinada. La escisión generalizada del espectáculo es inseparable del Estado moderno, es decir, de la forma general de la escisión en la sociedad, producto de la división del trabajo social y órgano de la dominación de clase.

25

La separación es el alfa y el omega del espectáculo. La institucionalización de la división social del trabajo, la formación de las clases, había cimentado una primera contemplación sagrada, el orden mítico en que todo poder se envuelve desde el origen. Lo sagrado ha justificado el ordenamiento cósmico y ontológico que correspondía a los intereses de los amos, ha explicado y embellecido lo que la sociedad no podía hacer. Todo poder separado ha sido por tanto espectacular, pero la adhesión de todos a semejante imagen inmóvil no significaba más que la común aceptación de una prolongación imaginaria para la pobreza de la actividad social real, todavía ampliamente experimentada como una condición unitaria. El espectáculo moderno expresa, por el contrario, lo que la sociedad puede hacer, pero en esta expresión lo permitido se opone absolutamente a lo posible. El espectáculo es la conservación de la inconsciencia en medio del cambio práctico de las condiciones de existencia. Es su propio producto, y él mismo ha dispuesto sus reglas: es una entidad seudosagrada. Muestra lo que es: el poder separado desarrollándose por sí mismo, en el crecimiento de la productividad mediante el refinamiento incesante de la división del trabajo en fragmentación de gestos, ya dominados por el movimiento independiente de las máquinas; y trabajando para un mercado cada vez más extendido. Toda comunidad y todo sentido crítico se han disuelto a lo largo de este movimiento, en el cual las fuerzas que han podido crecer en la separación no se han reencontrado todavía.

26

Con la separación generalizada del trabajador y de su producto se pierde todo punto de vista unitario sobre la actividad realizada, toda comunicación personal directa entre los productores. A medida que aumentan la acumulación de productos separados y la concentración del proceso productivo la unidad y la comunicación llegan a ser el atributo exclusivo de la dirección del sistema. El éxito del sistema económico de la separación es la proletarización del mundo.

27

Debido al mismo éxito de la producción separada como producción de lo separado, la experiencia fundamental ligada en las sociedades primitivas a un trabajo principal se está desplazando, con el desarrollo del sistema, hacia el no-trabajo, la inactividad. Pero esta inactividad no está en absoluto liberada de la actividad productiva: depende de ella, es sumisión inquieta y admirativa a las necesidades y resultados de la producción; ella misma es un producto de su racionalidad. No puede haber libertad fuera de la actividad, y en el marco del espectáculo toda actividad está negada, igual que la actividad real ha sido integralmente captada para la edificación global de este resultado. Así la actual "liberación del trabajo", o el aumento del ocio, no es de ninguna manera liberación en el trabajo ni liberación de un mundo conformado por ese trabajo. Nada de la actividad perdida en el trabajo puede reencontrarse en la sumisión a su resultado.

28

El sistema económico fundado en el aislamiento es una producción circular del aislamiento. El aislamiento funda la técnica, y el proceso técnico aisla a su vez. Del automóvil a la televisión, todos los bienes seleccionados por el sistema espectacular son también las armas para el reforzamiento constante de las condiciones de aislamiento de las "muchedumbres solitarias". El espectáculo reproduce sus propios supuestos en forma cada vez más concreta.

29

El origen del espectáculo es la pérdida de unidad del mundo, y la expansión gigantesca del espectáculo moderno expresa la totalidad de esta pérdida: la abstracción de todo trabajo particular y la abstracción general del conjunto de la producción se traducen perfectamente en el espectáculo, cuyo modo de ser concreto es justamente la abstracción. En el espectáculo una parte del mundo se representa ante el mundo y le es superior. El espectáculo no es más que el lenguaje común de esta separación. Lo que liga a los espectadores no es sino un vínculo irreversible con el mismo centro que sostiene su separación. El espectáculo reúne lo separado, pero lo reúne en tanto que separado.

30

La alienación del espectador en beneficio del objeto contemplado (que es el resultado de su propia actividad inconsciente) se expresa así: cuanto más contempla menos vive; cuanto más acepta reconocerse en las imágenes dominantes de la necesidad menos comprende su propia existencia y su propio deseo. La exterioridad del espectáculo respecto del hombre activo se manifiesta en que sus propios gestos ya no son suyos, sino de otro que lo representa. Por eso el espectador no encuentra su lugar en ninguna parte, porque el espectáculo está en todas.

31

El trabajador no se produce a sí mismo, produce un poder independiente. El éxito de esta producción, su abundancia, vuelve al productor como abundancia de la desposesión. Todo el tiempo y el espacio de su mundo se le vuelven extraños con la acumulación de sus productos alienados. El espectáculo es el mapa de este nuevo mundo, mapa que recubre exactamente su territorio. Las mismas fuerzas que se nos han escapado se nos muestran en todo su poderío.

32

El espectáculo en la sociedad corresponde a una fabricación concreta de la alienación. La expansión económica es principalmente la expansión de esta producción industrial precisa. Lo que crece con la economía que se mueve por sí misma sólo puede ser la alienación que precisamente encerraba su núcleo inicial.

33

El hombre separado de su producto produce cada vez con mayor potencia todos los detalles de su mundo, y así se encuentra cada vez más separado del mismo. En la medida en que su vida es ahora producto suyo, tanto más separado está de su vida.

34

El espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen.

Capítulo 2

La mercancía como espectáculo


La mercancía no puede ser comprendida en su esencia auténtica sino como categoría universal del ser social total. Solo en este contexto la reificación surgida de la relación mercantil adquiere una significación decisiva, tanto para la evolución objetiva de la sociedad como para la actitud de los hombres hacia ella, para la sumisión de su conciencia a las formas en que esa reificación se expresa...Esta sumisión se acrecienta aún por el hecho de que cuanto más aumentan la racionalización y mecanización del proceso de trabajo, más pierde la actividad del trabajador su carácter de actividad, para convertirse en actitud contemplativa.

LUCKACS, Historia y conciencia de clase.

35

En ese movimiento esencial del espectáculo, que consiste en incorporarse todo lo que en la actividad humana existía en estado fluido para poseerlo en estado coagulado como cosas que han llegado a tener un valor exclusivo por su formulación en negativo del valor vivido, reconocemos a nuestra vieja enemiga, que tan bien sabe presentarse al primer golpe de vista como algo trivial que se comprende por sí mismo, cuando es por el contrario tan compleja y está tan llena de sutilezas metafísicas, la mercancía.

36

Éste es el principio del fetichismo de la mercancía, la dominación de la sociedad por "cosas suprasensibles aunque sensibles" que se cumple de modo absoluto en el espectáculo, donde el mundo sensible se encuentra reemplazado por una selección de imágenes que existe por encima de él y que al mismo tiempo se ha hecho reconocer como lo sensible por excelencia.

37

El mundo a la vez presente y ausente que el espectáculo hace ver es el mundo de la mercancía dominando todo lo que es vivido. Y el mundo de la mercancía se muestra así tal como es, puesto que su movimiento equivale al distanciamiento de los hombres entre sí y respecto de su producto global.

38

La pérdida de cualidad, tan evidente en todos los niveles del lenguaje espectacular, de los objetos que ensalza y de las conductas que rige, no hace más que traducir los rasgos fundamentales de la producción real que anula la realidad: la forma-mercancía es de parte a parte la igualdad a sí misma, la categoría de lo cuantitativo. Desarrolla lo cuantitativo y no puede desarrollarse más que en ello.

39

Este desarrollo que excluye lo cualitativo está sujeto a su vez, en tanto que desarrollo, al salto cualitativo: el espectáculo significa que ha traspuesto el umbral de su propia abundancia; esto no es todavía cierto localmente más que en algunos puntos, pero sí lo es ya a la escala universal que es la referencia original de la mercancía, referencia que su movimiento práctico, unificando la tierra como mercado mundial, ha verificado.

40

El desarrollo de las fuerzas productivas ha sido la historia real inconsciente que ha construido y modificado las condiciones de existencia de los grupos humanos como condiciones de subsistencia y la extensión de estas condiciones: la base económica de todas sus iniciativas. El sector de la mercancía ha sido, en el interior de una economía natural, la constitución de un excedente de la subsistencia. La producción de mercancías, que implica el cambio de productos diversos entre productores independientes, ha podido seguir siendo artesanal durante mucho tiempo, contenida en una función económica marginal donde su verdad cuantitativa todavía estaba oculta. Sin embargo, allí donde encontró las condiciones sociales del gran comercio y de la acumulación de capitales se apoderó del dominio total sobre la economía. La economía entera se transformó entonces en lo que la mercancía había mostrado ser en el curso de esta conquista: un proceso de desarrollo cuantitativo. Este despliegue incesante del poderío económico bajo la forma de la mercancía, que ha transformado el trabajo humano en trabajo-mercancía, en salario, desembocó acumulativamente en una abundancia donde la cuestión primaria de la subsistencia está sin duda resuelta, pero de forma que siempre reaparezca: cada vez se plantea de nuevo en un grado superior. El crecimiento económico libera las sociedades de la presión natural que exigía su lucha inmediata por la subsistencia, pero aún no se han liberado de su liberador. La independencia de la mercancía se ha extendido al conjunto de la economía sobre la cual reina. La economía transforma el mundo, pero lo transforma solamente en mundo de la economía. La seudonaturaleza en la cual se ha alienado el trabajo humano exige proseguir su servicio hasta el infinito, y este servicio, no siendo juzgado ni absuelto más que por sí mismo, obtiene de hecho la totalidad de los esfuerzos y de los proyectos socialmente lícitos como servidores suyos. La abundancia de mercancías, es decir, de la relación mercantil, no puede ser más que la subsistencia aumentada.

41

La dominación de la mercancía fue ejercida inicialmente de una manera oculta sobre la economía, que a su vez, en cuanto base material de la vida social, seguía sin percibirse y sin comprenderse, como algo tan familiar que nos es desconocido. En una sociedad donde la mercancía concreta es todavía escasa o minoritaria es la dominación aparente del dinero la que se presenta como un emisario provisto de plenos poderes que habla en nombre de una potencia desconocida. Con la revolución industrial, la división manufacturera del trabajo y la producción masiva para el mercado mundial, la mercancía aparece efectivamente como una potencia que viene a ocupar realmente la vida social. Es entonces cuando se constituye la economía política, como ciencia dominante y como ciencia de la dominación.

42

El espectáculo señala el momento en que la mercancía ha alcanzado la ocupación total de la vida social. La relación con la mercancía no sólo es visible, sino que es lo único visible: el mundo que se ve es su mundo. La producción económica moderna extiende su dictadura extensiva e intensivamente. Su reinado ya está presente a través de algunas mercancías-vedettes en los lugares menos industrializados, en tanto que dominación imperialista de las zonas que encabezan el desarrollo de la productividad. En estas zonas avanzadas el espacio social es invadido por una superposición continua de capas geológicas de mercancías. En este punto de la "segunda revolución industrial" el consumo alienado se convierte para las masas en un deber añadido a la producción alienada. Todo el trabajo vendido de una sociedad se transforma globalmente en mercancía total cuyo ciclo debe proseguirse. Para ello es necesario que esta mercancía total retorne fragmentariamente al individuo fragmentado, absolutamente separado de las fuerzas productivas que operan como un conjunto. Es aquí por consiguiente donde la ciencia especializada de la dominación debe especializarse a su vez: se fragmenta en sociología, psicotecnia, cibernética, semiología, etc., vigilando la autorregulación de todos los niveles del proceso.

43

Mientras que en la fase primitiva de la acumulación capitalista "la economía política no ve en el proletario sino al obrero", que debe recibir el mínimo indispensable para la conservación de su fuerza de trabajo, sin considerarlo jamás "en su ocio, en su humanidad", esta posición de las ideas de la clase dominante se invierte tan pronto como el grado de abundancia alcanzado en la producción de mercancías exige una colaboración adicional del obrero. Este obrero redimido de repente del total desprecio que le notifican claramente todas las modalidades de organización y vigilancia de la producción, fuera de ésta se encuentra cada día tratado aparentemente como una persona importante, con solícita cortesía, bajo el disfraz de consumidor. Entonces el humanismo de la mercancía tiene en cuenta "el ocio y la humanidad" del trabajador, simplemente porque ahora la economía política puede y debe dominar esas esferas como tal economía política. Así "la negación consumada del hombre" ha tomado a su cargo la totalidad de la existencia humana

44

El espectáculo es una guerra del opio permanente dirigida a hacer que se acepte la identificación de los bienes con las mercancías; y de la satisfacción con la subsistencia ampliada según sus propias leyes. Pero si la subsistencia consumible es algo que debe aumentar constantemente es porque no deja de contener la privación. Si no hay ningún más allá de la subsistencia aumentada, ningún punto en el que pueda dejar de crecer, es porque ella misma no está más allá de la privación, sino que es la privación que ha llegado a ser más rica.

45

Con la automatización, que es a la vez el sector más avanzado de la industria moderna y el modelo en el que se resume perfectamente su práctica, el mundo de la mercancía tiene que superar esta contradicción: la instrumentación técnica que suprime objetivamente el trabajo debe al mismo tiempo conservar el trabajo como mercancía y como único lugar de nacimiento de la mercancía. Para que la automatización, o cualquier otra forma menos extrema de incrementar la productividad del trabajo, no disminuya efectivamente el tiempo de trabajo social necesario a escala de la sociedad, es preciso crear nuevos empleos. El sector terciario, los servicios, es la ampliación inmensa de las metas de la armada de distribución y el elogio de las mercancías actuales; movilización de fuerzas supletorias que oportunamente encuentran, en la facticidad misma de las necesidades relativas a tales mercancías, la necesidad de una organización tal del trabajo hipotecado.

46

El valor de cambio no ha podido formarse más que como agente del valor de uso, pero esta victoria por sus propios medios ha creado las condiciones de su dominación autónoma. Movilizando todo uso humano y apoderándose del monopolio sobre su satisfacción ha terminado por dirigir el uso. El proceso de cambio se ha identificado con todo uso posible, y lo ha reducido a su merced. El valor de cambio es el condotiero del valor de uso que termina haciendo la guerra por su propia cuenta.

47

Esta constante de la economía capitalista que es la baja tendencial del valor de uso desarrolla una nueva forma de privación en el interior de la subsistencia aumentada, que no está ya liberada de la antigua penuria, puesto que exige la participación de la gran mayoría de los hombres, como trabajadores asalariados, en la prosecución infinita de su esfuerzo; y cada uno sabe que tiene que someterse o morir. Es la realidad de este chantaje, el hecho de que el consumo como uso bajo su forma más pobre (comer, habitar) ya no existe sino aprisionado en la riqueza ilusoria de la subsistencia aumentada, la verdadera base de la aceptación de la ilusión en el consumo de las mercancías modernas en general. El consumidor real se convierte en consumidor de ilusiones. La mercancía es esta ilusión efectivamente real, y el espectáculo su manifestación general.

48

El valor de uso que estaba contenido implícitamente en el valor de cambio debe ser ahora explícitamente proclamado, en la realidad invertida del espectáculo, justamente porque su realidad efectiva está corroida por la economía mercantil superdesarrollada: y la falsa vida necesita una seudojustificación.

49

El espectáculo es la otra cara del dinero: el equivalente general abstracto de todas las mercancías. Pero si el dinero ha dominado la sociedad como representación de la equivalencia central, es decir, del carácter intercambiable de bienes múltiples cuyo uso seguía siendo incomparable, el espectáculo es su complemento moderno desarrollado donde la totalidad del mundo mercantil aparece en bloque, como una equivalencia general a cuanto el conjunto de la sociedad pueda ser o hacer. El espectáculo es el dinero que solamente se contempla porque en él la totalidad del uso ya se ha intercambiado con la totalidad de la representación abstracta. El espectáculo no es sólo el servidor del pseudo-uso, él es ya en sí mismo el seudo-uso de la vida.

50

El resultado concentrado del trabajo social, en el momento de la abundancia económica, se transforma en aparente y somete toda realidad a la apariencia, que es ahora su producto. El capital ya no es el centro invisible que dirige el modo de producción: su acumulación lo despliega hasta en la periferia bajo la forma de objetos sensibles. Toda la extensión de la sociedad es su retrato.

51

La victoria de la economía autónoma debe ser al mismo tiempo su perdición. Las fuerzas que ha desencadenado suprimen la necesidad económica que fue la base inamovible de las sociedades antiguas. Al reemplazarla por la necesidad del desarrollo económico infinito no puede sino reemplazar la satisfacción de las primeras necesidades humanas, sumariamente reconocidas, por una fabricación ininterrumpida de seudonecesidades que se resumen en una sola seudonecesidad de mantener su reino. Pero la economía autónoma se separa para siempre de la necesidad profunda en la medida en que abandona el inconsciente social que dependía de ella sin saberlo. "Todo lo que es consciente se desgasta. Lo que es inconsciente permanece inalterable. Pero una vez liberado ¿no cae a su vez en ruinas?" (Freud).

52

En el momento en que la sociedad descubre que depende de la economía, la economía, de hecho, depende de ella. Esta potencia subterránea, que ha crecido hasta aparecer soberanamente, ha perdido también su poder. Allí donde estaba el ello económico debe sobrevenir el yo. El sujeto no puede surgir más que de la sociedad, es decir, de la lucha que reside en ella misma. Su existencia posible está supeditada a los resultados de la lucha de clases que se revela como el producto y el productor de la fundación económica de la historia.

53

La conciencia del deseo y el deseo de la conciencia conforman por igual este proyecto que, bajo su forma negativa, pretende la abolición de las clases, es decir la posesión directa de los trabajadores de todos los momentos de su actividad. Su contrario es la sociedad del espectáculo, donde la mercancía se contempla a sí misma en el mundo que ha creado.

Capítulo 3
Unidad y división en la apariencia


"Una animada polémica nueva se desarrolla en el pais en el frente de la filosofía, en relación a los conceptos "uno se divide en dos" y "dos se fusionan en uno". Este debate es una lucha entre los que están por y los que están contra la dialéctica meterialista, una lucha entre dos concepciones del mundo: la concepción proletaria y la concepción burguesa. Los que sostienen que "uno se divide en dos" es la ley fundamental de las cosas, se sitúan del lado de la dialéctica materialista: los que sostienen que la ley fundamental de las cosas es que "dos se fusionan en uno" están contra la dialéctica materialista. Ambos lados han dibujado una nítida linea de demarcación entre ellos y sus argumentos son diametralmente opuestos. Esta polémica refleja en el plano ideológico la aguda y compleja lucha de clases que se desarrolla en China y en el mundo."

Bandera Roja de Pekín, 21 septiembre 1964.

54

El espectáculo, como la sociedad moderna, está a la vez unido y dividido. Como ella, edifica su unidad sobre el desgarramiento. Pero la contradicción, cuando emerge en el espectáculo, es a su vez contradicha por una inversión de su sentido; de forma que la división mostrada es unitaria, mientras que la unidad mostrada está dividida.

55

Es la lucha de los poderes que se han constituido para la gestión del propio sistema socioeconómico la que se despliega como contradicción oficial, cuando corresponde de hecho a la unidad real; esto ocurre tanto a escala mundial como en el interior de cada nación.

56

Las falsas luchas espectaculares entre formas rivales de poder separado son al mismo tiempo reales en cuanto expresan el desarrollo desigual y conflictivo del sistema, los intereses relativamente contradictorios de las clases o de las subdivisiones de clases que aceptan el sistema y definen su propia participación en su poder. Del mismo modo que el desarrollo de la economía más avanzada lo constituye el enfrentamiento de ciertas prioridades contra otras, la gestión totalitaria de la economía por una burocracia de Estado y la condición de los países que se han encontrado ubicados en la esfera de la colonización o semicolonización están definidas por considerables particularidades en las modalidades de producción y de poder. Estas diversas oposiciones pueden darse en el espectáculo según criterios totalmente diferentes, como formas de sociedad absolutamente distintas. Pero según su realidad efectiva de sectores particulares la verdad de su particularidad reside en el sistema universal que las contiene: en el movimiento único que ha hecho del planeta su campo, el capitalismo.

57

La sociedad portadora del espectáculo no domina solamente por su hegemonía económica las regiones subdesarrolladas. Las domina en tanto que sociedad del espectáculo. Donde la base material todavía está ausente, la sociedad moderna ya ha invadido espectacularmente la superficie social de cada continente. Define el programa de una clase dirigente y preside su constitución. Así como presenta los seudobienes a codiciar ofrece a los revolucionarios locales los falsos modelos de la revolución. El espectáculo propio del poder burocrático que detentan algunos paises industriales forma parte precisamente del espectáculo total, como su seudonegación general y como su sostén. Si el espectáculo, contemplado en sus diversas localizaciones, pone en evidencia las especializaciones totalitarias de la palabra y de la administración social, éstas llegan a fundirse, al nivel del funcionamiento global del sistema, en una división mundial de tareas espectaculares.

58

La división de las tareas espectaculares que conserva la generalidad del orden existente conserva principalmente el polo dominante de su desarrollo. La raíz del espectáculo está en el terreno de la economía que se ha vuelto de abundancia, y es de allí de donde proceden los frutos que tienden finalmente a dominar el mercado espectacular, a pesar de las barreras proteccionistas ideológico-policiales de no importa qué espectáculo local que pretenda ser autárquico.

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El movimiento de banalización que bajo las diversiones cambiantes del espectáculo domina mundialmente la sociedad moderna, la domina también en cada uno de los puntos donde el consumo desarrollado de mercancías ha multiplicado aparentemente los roles y los objetos a elegir. Las supervivencias de la religión y de la familia -que sigue siendo la forma principal de herencia del poder de clase-, y por lo tanto de la represión moral que ellas aseguran, puede combinarse como una misma cosa con la afirmación redundante del disfrute de este mundo, que precisamente se ha producido como seudodisfrute que esconde la represión. A la aceptación beata de lo que existe puede unirse también como una misma cosa la revuelta puramente espectacular: esto expresa el simple hecho de que la insatisfacción misma se ha convertido en una mercancía desde que la abundancia económica se ha sentido capaz de extender su producción hasta llegar a tratar una tal materia prima.

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Concentrando en ella la imagen de un rol posible, la vedette, representación espectacular del hombre viviente, concentra entonces esta banalidad. La condición de vedette es la especialización de lo vivido aparente, el objeto de la identificación en la vida aparente sin profundidad que debe compensar el desmenuzamiento de las especializaciones productivas efectivamente vividas. Las vedettes existen para representar diferentes estilos de vida y de comprensión de la sociedad, libres de ejercerse globalmente. Encarnan el resultado inaccesible del trabajo social, remedando subproductos de este trabajo que son mágicamente transferidos por encima de él como su finalidad: el poder y las vacaciones, la decisión y el consumo que están al principio y al final de un proceso indiscutido. Allí, es el poder gubernamental quien se personaliza en seudo-vedette; aquí es la vedette del consumo quien se hace plebiscitar como seudo-poder sobre lo vivido. Pero así como las actividades de la vedette no son realmente globales, tampoco son variadas.

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El agente del espectáculo puesto en escena como vedette es lo contrario al individuo, el enemigo del individuo en sí mismo tan claramente como en los otros. Desfilando en el espectáculo como modelo de identificación, ha renunciado a toda cualidad autónoma para identificarse con la ley general de la obediencia al curso de las cosas. La vedette del consumo, aun siendo exteriormente la representación de diferentes tipos de personalidad, muestra a cada uno de estos tipos teniendo igualmente acceso a la totalidad del consumo y encontrando una felicidad semejante. La vedette de la decisión debe poseer el stock completo de lo que ha sido admitido como cualidades humanas. Así las divergencias oficiales se anulan entre sí por el parecido oficial, que es la presuposición de su excelencia en todo. Khruchtchev se convirtió en general para decidir sobre la batalla de Kursch no sobre el terreno, sino en el vigésimo aniversario, cuando se encontraba de jefe de Estado. Kennedy siguió siendo orador hasta pronunciar su elogio sobre su propia tumba, puesto que Theodore Sorensen continuó hasta ese momento redactando los discursos para el sucesor en ese estilo que tanto había servido para hacer reconocer la personalidad del desaparecido. Las personalidades admirables en quienes se personifica el sistema son bien conocidas por no ser lo que son; han llegado a ser grandes hombres descendiendo por debajo de la más mínima vida individual, y todos lo saben.

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La falsa elección en la abundancia espectacular, elección que reside tanto en la yuxtaposición de espectáculos concurrentes y solidarios como en la yuxtaposición de roles (significados y contenidos principalmente en los objetos) que son exclusivos y están a la vez imbricados, se desarrolla como lucha de cualidades fantasmagóricas destinadas a apasionar la adhesión a la trivialidad cuantitativa. Así renacen falsas oposiciones arcaicas, regionalismos o racismos encargados de transfigurar en superioridad ontológica fantástica la vulgaridad de los lugares jerárquicos en el consumo. Así se recompone la interminable serie de enfrentamientos ridículos que movilizan un interés sublúdico, desde el deporte de competición hasta las elecciones. Donde se ha instalado el consumo abundante, una oposición espectacular principal entre jóvenes y adultos proyecta en primer plano los falsos roles; puesto que en ninguna parte existe el adulto, dueño de su vida, y la juventud, el cambio de lo existente, no es en modo alguno propiedad de quienes son ahora jóvenes, sino del sistema económico, el dinamismo del capitalismo. Son las cosas las que reinan y son jóvenes; las que se desplazan y se reemplazan a sí mismas.

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Es la unidad de la miseria lo que se oculta bajo las oposiciones espectaculares. Si las distintas formas de la misma alienación se combaten con el pretexto de la elección total es porque todas ellas se edifican sobre las contradicciones reales reprimidas. Según las necesidades del estadio particular de miseria que desmiente y mantiene, el espectáculo existe bajo una forma concentrada o bajo una forma difusa. En ambos casos, no es más que una imagen de unificación dichosa, rodeada de desolación y espanto, en el centro tranquilo de la desdicha.

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El espectáculo concentrado pertenece esencialmente al capitalismo burocrático, aunque pueda ser importando como técnica del poder estatal en economías mixtas más atrasadas o en ciertos momentos de crisis del capitalismo avanzado. La propiedad burocrática está en efecto ella misma concentrada en el sentido de que el burócrata individual no se relaciona con la posesión de la economía global más que como intermediario de la comunidad burocrática, en tanto que miembro de esta comunidad. Por otro lado la producción de mercancías, menos desarrollada, se presenta también bajo una forma concentrada: la mercancía que la burocracia retiene es el trabajo social total, y lo que ella revende a la sociedad es su subsistencia en bloque. La dictadura de la economía burocrática no puede dejar a las masas explotadas ningún margen notable de elección, puesto que ha debido elegir todo por sí misma, y cualquier otra elección exterior, ya se refiera a la alimentación o a la música, es ya por consiguiente la elección de su destrucción total. Debe acompañarse de una violencia permanente. La imagen compuesta de bien, en su espectáculo, acoge la totalidad de lo que existe oficialmente y se concentra normalmente en un solo hombre, que es el garante de su cohesión totalitaria. Cada uno debe identificarse mágicamente con esta vedette absoluta o desaparecer. Porque se trata del amo de su no-consumo y de la imagen heroica de un sentido aceptable para la explotación absoluta que es, de hecho, la acumulación primitiva acelerada por el terror. Si cada chino debe aprender a Mao, y ser así Mao, es porque no puede ser otra cosa. Allí donde domina lo espectacular concentrado domina también la policía.

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Lo espectacular difuso acompaña a la abundancia de mercancías, al desarrollo no perturbado del capitalismo moderno. Aquí cada mercancía se justifica por separado en nombre de la grandeza de la producción total de objetos, de la que el espectáculo es el catálogo apologético. Afirmaciones inconciliables disputan sobre la escena del espectáculo unificado de la economía abundante, igual que las diferentes mercancías-vedettes sostienen simultáneamente sus proyectos contradictorios de organización de la sociedad; donde el espectáculo de los automóviles requiere una circulación perfecta que destruye las viejas ciudades, el espectáculo de la ciudad misma necesita a su vez barrios-museos. En consecuencia, la satisfacción ya de por sí problemática que se atribuye al consumo del conjunto queda inmediatamente falsificada puesto que el consumidor real no puede tocar directamente más que una sucesión de fragmentos de esta felicidad mercantil, fragmentos en los que la calidad atribuida al conjunto está siempre evidentemente ausente.

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Cada mercancía determinada lucha por sí misma, no puede reconocer a las otras, pretende imponerse en todas partes como si fuera la única. El espectáculo es entonces el canto épico de esta confrontación, que ninguna desilusión podría concluir. El espectáculo no canta a los hombres y sus armas, sino a las mercancías y sus pasiones. En esta lucha ciega cada mercancía, en la medida de su pasión, realiza de hecho en la inconsciencia algo más elevado: el devenir mundo de la mercancía que es también el devenir mercancía del mundo. Así, por una astucia de la razón mercantil, lo particular de la mercancía se desgasta combatiendo, mientras que la forma-mercancía va hacia su realización absoluta.

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La satisfacción que la mercancía abundante ya no puede brindar a través de su uso pasa a ser buscada en el reconocimiento de su valor en tanto que mercancía: es el uso de la mercancía que se basta a sí mismo; y para el consumidor, la efusión religiosa hacia la libertad soberana de la mercancía. Olas de entusiasmo por un determinado producto, apoyado y difundido por todos los medios de información, se propagan así con gran intensidad. Un estilo de ropa sacado de una película; una revista lanza clubs, que a su vez lanzan diversas panoplias. El gadget expresa el hecho de que, en el momento en que la masa de mercancías se desliza hacia la aberración, lo aberrante mismo deviene una mercancía especial. En los llaveros publicitarios, por ejemplo, que no son ya productos sino regalos suplementarios que acompañan prestigiosos objetos vendidos o que se producen para el intercambio en su propia esfera, se reconoce la manifestación de un abandono místico a la trascendencia de la mercancía. Quien colecciona los llaveros que han sido fabricados para ser coleccionados acumula las indulgencias de la mercancía, un signo glorioso de su presencia real entre sus fieles. El hombre reificado exhibe con ostentación la prueba de su intimidad con la mercancía. Como en los éxtasis de las convulsiones o los milagros del viejo fetichismo religioso, el fetichismo de la mercancía alcanza momentos de excitación ferviente. El único uso que se expresa aquí también es el uso fundamental de la sumisión.

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Sin duda, la seudo-necesidad impuesta en el consumo moderno no puede contrastarse con ninguna necesidad o deseo auténtico que no esté él mismo conformado por la sociedad y su historia. Pero la mercancía abundante está allí como la ruptura absoluta de un desarrollo orgánico de las necesidades sociales. Su acumulación mecánica libera un artificial ilimitado, ante el que el deseo viviente queda desarmado. La potencia acumulativa de un artificial independiente lleva consigo por todas partes la falsificación de la vida social.

69

En la imagen de la unificación dichosa de la sociedad por medio del consumo, la división real está solamente suspendida hasta el próximo no-cumplimiento en lo consumible. Cada producto particular que debe representar la esperanza de un atajo fulgurante para acceder por fin a la tierra prometida del consumo total es presentado ceremoniosamente a su vez como la singularidad decisiva. Pero como en el caso de la moda instantánea de nombres de pila aparentemente aristocráticos que terminan llevando casi todos los individuos de la misma edad, el objeto al que se supone un poder singular sólo pudo ser propuesto a la devoción de las masas porque había sido difundido en un número lo bastante grande de ejemplares para hacerlo consumible masivamente. El carácter prestigioso de este producto cualquiera procede de haber ocupado durante un momento el centro de la vida social, como el misterio revelado de la finalidad última de la producción. El objeto que era prestigioso en el espectáculo se vuelve vulgar desde el momento en que entra en casa de este consumidor, al tiempo que en la de todos los demás. Revela demasiado tarde su pobreza esencial, que asimila naturalmente de la miseria de su producción. Pero ya es otro objeto el que lleva la justificación del sistema y exige ser reconocido.

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La impostura de la satisfacción debe denunciarse a sí misma reemplazándose, siguiendo el cambio de los productos y de las condiciones generales de la producción. Lo que afirmó con la más perfecta imprudencia su excelencia definitiva cambia sin embargo en el espectáculo difuso, aunque también en el concentrado, y es únicamente el sistema el que debe continuar: tanto Stalin como la mercancía pasada de moda son denunciados por los mismos que los impusieron. Cada nueva mentira de la publicidad es también la confesión de su mentira precedente. Cada desplome de una figura del poder totalitario revela la comunidad ilusoria que la apoyaba unánimemente, y que no era más que un aglomerado de soledades sin ilusión.

71

Lo que el espectáculo ofrece como perpetuo se funda sobre el cambio y debe cambiar con su base. El espectáculo es absolutamente dogmático y al mismo tiempo no puede desembocar realmente en ningún dogma sólido. Nada se detiene para él; éste es su estado natural y a la vez lo más contrario a su inclinación.

72

La unidad irreal que proclama el espectáculo enmascara la división de clases sobre la que reposa la unidad real del modo de producción capitalista. Lo que obliga a los productores a participar en la edificación del mundo es también lo que los separa. Lo que pone en relación a los hombres liberados de sus limitaciones locales y nacionales es también lo que les aleja. Lo que obliga a profundizar en lo racional es también lo que da pábulo a lo irracional de la explotación jerárquica y de la represión. Lo que hace el poder abstracto de la sociedad hace su no-libertad concreta.


Capítulo 8
La negación y el consumo de la cultura


"¿Viviremos suficiente para ver una revolución política? ¿Nosotros, los contemporáneos de estos alemanes? Amigo mío, usted cree lo que desea creer... Cuando se juzga Alemania según su historia presente, no me discutirá usted que toda su historia está falsificada y que toda su vida pública actual no representa el estado real del pueblo. Lea los periódicos que usted quiera, convénzase de que no se deja de celebrar -y usted admitirá que la censura no impide a nadie el dejar de hacerlo- la libertad y la felicidad nacional que poseemos..."

Ruge, Carta a Marx, marzo de 1843.

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La cultura es la esfera general del conocimiento y de las representaciones de lo vivido en la sociedad histórica dividida en clases; lo que viene a decir que es el poder de generalización existiendo aparte, como división del trabajo intelectual y trabajo intelectual de la división. La cultura se ha desprendido de la unidad de la sociedad del mito, cuando "el poder de unificación desaparece de la vida del hombre y los contrarios pierden su relación y su interacción vivientes y adquieren autonomía..." (Diferencia entre los sistemas de Fichte y Schelling). Al ganar su independencia, la cultura comienza un movimiento imperialista de enriquecimiento que es al mismo tiempo el ocaso de su independencia. La historia que crea la autonomía relativa de la cultura y las ilusiones ideológicas sobre esta autonomía se expresan también como historia de la cultura. Y toda la historia conquistadora de la cultura puede ser comprendida como la historia de la revelación de su insuficiencia, como una marcha hacia su autosupresión. La cultura es el lugar donde se busca la unidad perdida. En esta búsqueda de la unidad, la cultura como esfera separada está obligada a negarse a sí misma.

181

La lucha entre la tradición y la innovación, que es el principio del desarrollo interno de la cultura de las sociedades históricas, no puede proseguirse más que a través de la victoria permanente de la innovación. Pero la innovación en la cultura es acarreada nada más que por el movimiento histórico total que, al tomar conciencia de su totalidad, tiende a superar sus propias presuposiciones culturales y va hacia
la supresión de toda separación.

182

El impulso de los conocimientos de la sociedad, que contiene la comprensión de la historia como núcleo de la cultura, toma de sí mismo un conocimiento sin vuelta atrás que se ha expresado por la destrucción de Dios. Pero esta "condición primera de toda crítica" es también la obligación primera de una crítica infinita. Allí donde ninguna regla de conducta puede ya mantenerse, cada resultado de la cultura la hace avanzar hacia su disolución. Como la filosofía en el momento en que ha conseguido su plena autonomía, toda disciplina devenida autónoma debe desplomarse, en primer lugar en cuanto pretensión de explicación coherente de la totalidad social, y finalmente incluso en cuanto instrumentación parcelaria utilizable dentro de sus propias fronteras. La falta de racionalidad de la cultura separada es el elemento que la condena a desaparecer, puesto que en ella la victoria de lo racional ya está presente como exigencia.

183

La cultura emergió de la historia que ha disuelto el modo de vida del viejo mundo, pero en tanto que esfera separada no es todavía sino la inteligencia y la comunicación sensible que siguen siendo parciales en una sociedad parcialmente histórica. Es el sentido de un mundo demasiado poco sensato.

184

El fin de la historia de la cultura se manifiesta mediante dos perfiles opuestos: el proyecto de su superación en la historia total y la organización de su mantenimiento como objeto muerto en la contemplación espectacular. El primero de estos movimientos ha unido su suerte a la crítica social, y el otro a la defensa del poder de clase.

185

Cada uno de los dos frentes del fin de la cultura existe de un modo unitario, tanto en todos los aspectos de los conocimientos como en todos los aspectos de las representaciones sensibles -en lo que era el arte en el sentido más general. En el primer caso se oponen la acumulación de conocimientos fragmentarios que se vuelven inutilizables, porque la aprobación de las condiciones existentes debe finalmente renunciar a sus propios conocimientos, y la teoría de la praxis que detenta en solitario la verdad de todos ellos por ser la única que detenta el secreto de su uso. En el segundo caso se oponen la autodestrucción crítica del antiguo lenguaje común de la sociedad y su recomposición artificial en el espectáculo mercantil, la representación ilusoria de lo no-vivido.

186

Al perder la comunidad de la sociedad del mito, la sociedad debe perder todas las referencias de un lenguaje realmente común, hasta el momento en que la escisión de la comunidad inactiva puede ser superada mediante el acceso a la real comunidad histórica. El arte, que fue ese lenguaje común de la inacción social, desde que se constituye como arte independiente en el sentido moderno, emergiendo de su primer universo religioso y llegando a ser producción individual de obras separadas, experimenta, como caso particular, el movimiento que domina la historia del conjunto de la cultura separada. Su afirmación independiente es el comienzo de su disolución.

187

El hecho de que el lenguaje de la comunicación se ha perdido, he aquí lo que expresa positivamente el movimiento de descomposición moderna de todo arte, su aniquilación formal. Lo que este movimiento expresa negativamente es el hecho de que debe reencontrarse un lenguaje común -no ya en la conclusión unilateral que, para el arte de la sociedad histórica, llegaba siempre demasiado tarde, hablando a otros de lo que ha sido vivido sin diálogo real, y admitiendo esta deficiencia de la vida-, pero que debe ser reencontrado en la praxis, que reúne en sí misma la actividad directa y su lenguaje. Se trata de poseer efectivamente la comunidad del diálogo y el juego con el tiempo que han sido representados por la obra poético-artística.

188

Cuando el arte independizado representa su mundo con sus colores resplandecientes, un momento de la vida ha envejecido y no se deja rejuvenecer con colores resplandecientes. Sólo se deja evocar en el recuerdo. La grandeza del arte no comienza a aparecer hasta el crepúsculo de la vida.

189

El tiempo histórico que invade el arte se expresó primeramente en la esfera misma del arte a partir del barroco. El barroco es el arte de un mundo que ha perdido su centro: el último orden mítico reconocido por la edad media, en el cosmos y en el gobierno terrestre -la unidad de la Cristiandad y el fantasma de un Imperio- ha caído. El arte del cambio debe llevar en sí el principio efímero que descubre en el mundo. Ha elegido, dice Eugenio d'Ors, "la vida contra la eternidad". El teatro y la fiesta, la fiesta teatral, son los momentos dominantes de la realización barroca, en la cual ninguna expresión artística particular toma su sentido más que por su referencia al decorado de un lugar construido, a una construcción que debe ser en sí misma el centro de unificación; y este centro es el pasaje, que se inscribe como un equilibrio amenazado en el desorden dinámico de todo. La importancia, a veces excesiva, adquirida por el concepto de barroco en la discusión estética contemporánea traduce la toma de conciencia de la imposibilidad de un clasicismo artístico: los esfuerzos en favor de un clasicismo o neoclasicismo normativos, después de tres siglos, no han sido sino breves construcciones ficticias hablando el lenguaje exterior del Estado, el de la monarquía absoluta o el de la burguesía revolucionaria vestida a la romana. Desde el romanticismo al cubismo se trata finalmente de un arte cada vez más individualizado de la negación, renovándose perpetuamente hasta la disgregación y la negación consumadas de la esfera artística, que ha seguido el curso general del barroco. La desaparición del arte histórico que estaba ligado a la comunicación interna de una élite, que tenía su base social semi-independiente en las condiciones parcialmente lúdicas vividas todavía por las últimas aristocracias, traduce también el hecho de que el capitalismo conoce el primer poder de clase que se declara despojado de toda cualidad ontológica: y cuyo poder enraizado en la simple gestión de la economía es igualmente la pérdida de toda soberanía humana. El conjunto barroco, que para la creación artística es también una unidad perdida hace mucho tiempo, se reencuentra de alguna manera en el consumo actual de la totalidad del pasado artístico. El conocimiento y el reconocimiento históricos de todo el arte del pasado, retrospectivamente constituido en arte mundial, lo relativizan en un desorden global que constituye a su vez un edificio barroco a un nivel más elevado, edificio en el cual deben fundirse la producción misma de un arte barroco y todos sus resurgimientos. Las artes de todas las civilizaciones y de todas las épocas, por primera vez, pueden ser todas conocidas y admitidas en conjunto. Es una "colección de recuerdos" de la historia del arte que, al hacerse posible, es también el fin del mundo del arte. En esta época de los museos, cuando ya ninguna comunicación artística puede existir, todos los momentos antiguos del arte pueden ser igualmente admitidos, pues ninguno de ellos padece ya ante la pérdida de sus condiciones de comunicación particulares en la pérdida actual de las condiciones de comunicación en general.

190

El arte en su época de disolución, en tanto que movimiento negativo que persigue la superación del arte en una sociedad histórica donde la historia no es vivida todavía, es a la vez un arte del cambio y la expresión pura del cambio imposible. Cuanto más grandiosa es su exigencia, más se aleja de él su verdadera realización. Este arte es forzosamente de vanguardia y no lo es. Su vanguardia es su desaparición.

191

El dadaísmo y el surrealismo son las dos corrientes que marcaron el fin del arte moderno. Son, aunque sólo de manera relativamente consciente, contemporáneos de la última gran ofensiva del movimiento revolucionario proletario; y el fracaso de este movimiento, que les dejó encerrados en el mismo campo artístico cuya caducidad habían proclamado, es la razón fundamental de su inmovilización. El dadaísmo y el surrealismo están a la vez ligados y en oposición. En esta oposición que constituye también para cada uno de ellos la parte más consecuente y radical de su aportación aparece la insuficiencia interna de su crítica, desarrollada tanto por el uno como por el otro de un modo unilateral. El dadaismo ha querido suprimir el arte sin realizarlo; y el surrealismo ha querido realizar el arte sin suprimirlo. La posición crítica elaborada después por los situacionistas mostró que la supresión y la realización del arte son los aspectos inseparables de una misma superación del arte.

192

El consumo espectacular que conserva la antigua cultura congelada, incluida la repetición recuperada de sus manifestaciones negativas, llega a ser abiertamente en su sector cultural lo que es implícitamente en su totalidad: la comunicación de lo incomunicable. Allí la destrucción extrema del lenguaje puede encontrarse vulgarmente reconocida como un valor positivo oficial, puesto que se trata de publicitar una reconciliación con el estado de cosas dominante, en el cual toda comunicación es jubilosamente proclamada ausente. La verdad crítica de esta destrucción, en tanto que vida real de la poesía y del arte modernos, es evidentemente ocultada, pues el espectáculo, que tiene la función de hacer olvidar la historia en la cultura, aplica en la seudo-novedad de sus medios modernistas la misma estrategia que lo constituye en profundidad. Así puede presentarse como nueva una escuela de neo-literatura que admite simplemente que contempla lo escrito por sí mismo. Por otra parte, junto a la simple proclamación de la belleza que se presume suficiente de la disolución de lo comunicable, la tendencia más moderna de la cultura espectacular - y la más vinculada con la práctica represiva de la organización de la sociedad - busca recomponer, por medio de "trabajos de equipo", un medio neo-artístico complejo a partir de elementos descompuestos; particularmente en las búsquedas de integración de residuos artísticos o híbridos estético-técnicos en el urbanismo. Esto es la traducción, en el plano de la seudo-cultura espectacular, del proyecto general del capitalismo desarrollado que tiende a recuperar al trabajador parcelario como "personalidad bien integrada en el grupo", tendencia descrita por los sociólogos norteamericanos recientes (Riesman, Whyte, etc.). Es en todas partes el mismo proyecto de una reestructuración sin comunidad.

193

La cultura integralmente convertida en mercancía debe también pasar a ser la mercancía vedette de la sociedad espectacular. Clark Kerr, uno de los ideólogos más avanzados de esta tendencia, ha calculado que el complejo proceso de producción, distribución y consumo de los conocimientos acapara ya anualmente el 29 por 100 del producto nacional de los Estados Unidos; y prevé que la cultura debe tener en la segunda mitad de este siglo el rol motor en el desarrollo de la economía, que fue el del automóvil en su primera mitad, y el de los ferrocarriles en la segunda mitad del siglo precedente.

194

El conjunto de conocimientos que continúan desarrollándose actualmente como pensamiento del espectáculo debe justificar una sociedad sin justificaciones y constituirse en ciencia general de la falsa conciencia. Ella está enteramente condicionada por el hecho de que no puede ni quiere pensar su propia base material dentro del sistema espectacular.

195

El pensamiento de la organización social de la apariencia está él mismo oscurecido por la infra-comunicación generalizada que defiende. No sabe que el conflicto está en el origen de todas las cosas de su mundo. Los especialistas del poder del espectáculo, poder absoluto en el interior de su sistema de lenguaje sin respuesta, están absolutamente corrompidos por su experiencia del desprecio y del éxito del desprecio confirmada por el conocimiento del hombre despreciable que es realmente el espectador.

196

En el pensamiento especializado del sistema espectacular se opera una nueva división de tareas a medida que el perfeccionamiento mismo de este sistema plantea nuevos problemas: por un lado la crítica espectacular del espectáculo es emprendida por la sociología moderna que estudia la separación con la única ayuda de los instrumentos conceptuales y materiales de la separación; por otro lado la apología del espectáculo se constituye en pensamiento del no-pensamiento, en asalariado del olvido de la práctica histórica, en las diversas disciplinas donde arraiga el estructuralismo como olvido titulado. Por tanto, la falsa desesperación de la crítica no dialéctica y el falso optimismo de la simple publicidad del sistema son idénticos en tanto que pensamiento sometido.

197

La sociología que ha comenzado a poner en discusión, sobre todo en los Estados Unidos, las condiciones de existencia que entraña el desarrollo actual, aunque ha podido aportar muchos datos empíricos, no conoce de ningún modo la verdad de su propio objeto, porque no encuentra en sí misma la crítica que le es inmanente. De suerte que la tendencia sinceramente reformista de esta sociología no se apoya más que sobre la moral, el sentido común, los llamamientos a la mesura totalmente sin sentido, etc. Tal manera de criticar, como no conoce lo negativo que es el corazón de su mundo, no hace más que insistir en la descripción de una especie de excedente negativo que considera que le estorba deplorablemente en su apariencia exterior, como una proliferación parasitaria irracional. Esta buena voluntad indignada, que ni siquiera como tal consigue reprobar más que las consecuencias exteriores del sistema, se cree crítica olvidando el carácter esencialmente apologético de sus presuposiciones y de su método.

198

Quienes denuncian lo absurdo o los peligros de la incitación al despilfarro en la sociedad de la abundancia económica no saben para qué sirve el despilfarro. Condenan con ingratitud, en nombre de la racionalidad económica, a los buenos guardianes irracionales sin los cuales el poder de esta racionalidad económica se derrumbaría. Y Boorstein por ejemplo, que describe en La imagen el consumo mercantil del espectáculo americano, no alcanza a formular jamás el concepto de espectáculo porque cree poder dejar fuera de esta desastrosa exageración la vida privada, o la noción de "mercancía honesta". No comprende que la mercancía misma ha hecho las leyes cuya aplicación "honesta" debe dar lugar tanto a la realidad específica de la vida privada como su ulterior reconquista por el consumo social de imágenes.

199

Boorstein describe los excesos de un mundo que se nos ha vuelto extraño como excesos extraños a nuestro mundo. Pero la base "normal" de la vida social, a la cual se refiere implícitamente cuando califica el reino superficial de las imágenes en términos de juicio psicológico o moral como el producto de "nuestras pretensiones extravagantes", no tiene ninguna realidad ni en su libro ni en su época. Como la vida humana real de la que habla Boorstein se encuentra para él en el pasado, incluido el pasado de la resignación religiosa, no puede comprender toda la profundidad de una sociedad de la imagen. La verdad de esta sociedad no es otra cosa que la negación de esta sociedad.

200

La sociología que cree poder aislar del conjunto de la vida social una racionalidad industrial que funciona aparte puede llegar ya a aislar del movimiento industrial global las técnicas de reproducción y transmisión. Por eso Boorstein encuentra como causa de los resultados que describe la confluencia lamentable, casi fortuita, de un aparato técnico de difusión de imágenes demasiado grande y de una excesiva atracción de los hombres de nuestra época por lo seudo-sensacional. De este modo el espectáculo se debe al hecho de que el hombre moderno sería demasiado espectador. Boorstein no comprende que la proliferación de "pseudo-acontecimientos" prefabricados que él denuncia deriva del simple hecho de que los hombres, en la realidad masiva de la vida social actual, no viven por ellos mismos los acontecimientos. Es porque la historia misma acosa a la sociedad moderna como un espectro por lo que encontramos la seudo-historia construida en todos los niveles del consumo de la vida para preservar el equilibrio amenazado del actual tiempo congelado.

201

La afirmación de la estabilidad definitiva de un breve período de congelación del tiempo histórico es la base innegable, inconsciente y conscientemente proclamada, de la actual tendencia a una sistematización estructuralista. El punto de vista en que se sitúa el pensamiento anti-histórico del estructuralismo es el de la eterna presencia de un sistema que nunca fue creado y jamás tendrá fin. El sueño de la dictadura de una estructura previa inconsciente sobre toda praxis social ha podido ser abusivamente extraido de los modelos de estructuras elaborados por la lingüística y la etnología (ver el análisis del funcionamiento del capitalismo), modelos ya abusivamente comprendidos en sus circunstancias, simplemente porque un pensamiento universitario de cuadros medios, pronto colmados, pensamiento integralmente inmerso en el elogio maravillado del sistema existente, remite llanamente toda realidad a la existencia del sistema.

202

Como en toda ciencia social histórica, siempre es necesario tener en cuenta para la comprensión de las categorías "estructuralistas" que las categorías expresan formas de existencia y condiciones de existencia. Así como no se aprecia el valor de un hombre según el concepto que él tiene de sí mismo, no se puede evaluar - y admirar - esta sociedad determinada tomando como indiscutiblemente verídico el lenguaje que se habla a sí misma. "No se pueden considerar tales épocas de transformación según la conciencia que de ellas tiene la época; muy por el contrario, se debe explicar la conciencia recurriendo a las contradicciones de la vida material..." La estructura es hija del poder presente. El estructuralismo es el pensamiento garantizado por el Estado, que piensa las condiciones presentes de la "comunicación" espectacular como un absoluto. Su forma de estudiar el código de mensajes en sí misma no es sino el producto y el reconocimiento de una sociedad donde la comunicación existe bajo la forma de una cascada de señales jerárquicas. De forma que no es el estructuralismo quien sirve para probar la validez trans-histórica de la sociedad del espectáculo; por el contrario es la sociedad del espectáculo imponiéndose como realidad masiva la que sirve para probar el sueño frío del estructuralismo.

203

Sin duda, el concepto crítico de espectáculo puede ser también vulgarizado en cualquier fórmula vacía de la retórica sociológico-política para explicar y denunciar todo abstractamente y así servir a la defensa del sistema espectacular. Pues es evidente que ninguna idea puede llevar más allá del espectáculo existente, sino solamente más allá de las ideas existentes sobre el espectáculo. Para destruir efectivamente la sociedad del espectáculo son necesarios hombres que pongan en acción una fuerza práctica. La teoría crítica del espectáculo no es verdadera más que uniéndose a la corriente práctica de la negación de la sociedad, y esta negación, la recuperación de la lucha de la clase revolucionaria, llegará a ser consciente de sí misma desarrollando la crítica del espectáculo, que es la teoría de sus condiciones reales, de las condiciones prácticas de la opresión actual y desvela inversamente el secreto de lo que ella puede ser. Esta teoría no espera el milagro de la clase obrera. Considera la nueva formulación y la realización de las exigencias proletarias como una tarea de largo aliento. Para distinguir artificialmente entre lucha teórica y lucha práctica - ya que sobre la base aquí definida la constitución misma y la comunicación de tal teoría ya no puede concebirse sin una práctica rigurosa - es seguro que el encadenamiento oscuro y difícil de la teoría crítica deberá ser también la porción de movimiento práctico actuando a escala de la sociedad.

204

La teoría crítica debe comunicarse en su propio lenguaje. Es el lenguaje de la contradicción, que debe ser dialéctico en su forma como lo es en su contenido. Es crítica de la totalidad y crítica histórica. No es un "grado cero de la escritura", sino su inversión. No es una negación del estilo, sino un estilo de la negación.

205

Incluso en su estilo la exposición de la teoría dialéctica es un escándalo y una abominación según las reglas del lenguaje dominante y para el gusto que ellas han educado, porque en el empleo positivo de los conceptos existentes incluye a la vez la inteligencia de su fluidez recobrada, de su necesaria destrucción.

206

Este estilo que contiene su propia crítica debe expresar la dominación presente sobre todo su pasado. Por medio de él el modo de exposición de la teoría dialéctica da testimonio del espíritu negativo que hay en ella. "La verdad no es como el producto en el cual no se encuentra rastro alguno de la herramienta" (Hegel). Esta conciencia teórica del movimiento, en la que la huella misma del movimiento debe estar presente, se manifiesta por la inversión de las relaciones establecidas entre los conceptos y por el desvío de todas las adquisiciones de la crítica anterior. La inversión del genitivo es esta expresión de las revoluciones históricas, consignada en la forma del pensamiento que fue considerada como el estilo epigramático de Hegel. Preconizando la sustitución del sujeto por el predicado según el uso sistemático hecho por Feuerbach el joven Marx alcanzó el empleo más consecuente de este estilo insurreccional que de la filosofía de la miseria extrae la miseria de la filosofía. El desvío arrastra a la subversión las conclusiones críticas pasadas que se han fijado como verdades respetables, es decir, transformadas en mentiras. Kierkegaard ya lo empleó de modo deliberado, añadiéndole su propia denuncia: "Pero pese a tantas idas y venidas, así como la mermelada siempre va a parar a la despensa, siempre terminas deslizando algún dicho que no te pertenece y que inquieta por el recuerdo que despierta" (Migajas filosóficas). Es la obligación de la distancia hacia lo que ha sido falsificado como verdad oficial lo que determina este empleo del desvío, confesado así por Kierkegaard en el mismo libro: "Una única observación todavía a propósito de tus numerosas alusiones referentes todas al prejuicio de que yo mezclo a mis dichos conceptos prestados. No lo niego aquí ni ocultaré tampoco que esto era voluntario y que en una nueva continuación de este folleto, si alguna vez la escribo, me propongo llamar al objeto por su verdadero nombre y revestir el problema con una investidura histórica".

207

Las ideas se mejoran. El sentido de las palabras participa en ello. El plagio es necesario. El progreso lo implica. Da más precisión a la frase de un autor, se sirve de sus expresiones, elimina una idea falsa, la reemplaza por la idea justa.

208

El desvío es lo contrario de la cita, de la autoridad teórica falsificada siempre por el solo hecho de haberse convertido en cita; fragmento arrancado de su contexto, de su movimiento y finalmente de su época como referencia global y de la opción precisa que ella era en el interior de esta referencia, exactamente reconocida o errónea. El desvío es el lenguaje fluido de la anti-ideología. Aparece en la comunicación que sabe que no puede pretender que detenta ninguna garantía en sí misma y de modo definitivo. Es en el mayor grado el lenguaje que ninguna referencia antigua y supracrítica puede confirmar. Es por el contrario su propia coherencia, en sí misma y con los hechos practicables, la que puede confirmar el antiguo núcleo de verdad que transmite. El desvío no ha fundado su causa sobre nada exterior a su propia verdad como crítica presente.

209

Aquello que, en la formulación teórica, se presenta abiertamente como desviado, al desmentir toda autonomía durable de la esfera de lo teórico expresado, y haciendo intervenir por esta violencia la acción que trastorna y arrebata todo orden existente, recuerda que esta existencia de lo teórico no es nada en sí misma y no puede conocerse sino con la acción histórica y la corrección histórica que es su verdadera fidelidad.

210

Solamente la negación real de la cultura conservará su sentido. Ella ya no puede ser cultural. De tal forma que es lo que permanece, de alguna manera, al nivel de la cultura, aunque en una acepción diferente por completo.

211

En el lenguaje de la contradicción la crítica de la cultura se presenta unificada: en cuanto que domina el todo de la cultura - su conocimiento como su poesía - y en cuanto que ya no se separa más de la crítica de la totalidad social. Es esta crítica teórica unificada la única que va al encuentro de la práctica social unificada.

Capítulo 9
La ideología materializada


"La conciencia de sí está en sí y para sí cuando y porque está en sí y para sí para otra conciencia de sí; es decir, que no existe sino como ser reconocido"
Hegel, Fenomenología del espíritu.

212

La ideología es la base del pensamiento de una sociedad de clases en el curso conflictual de la historia. Los hechos ideológicos no han sido jamás simples quimeras, sino la conciencia deformada de las realidades, y como tales factores reales ejerciendo a su vez una real acción deformante; con mayor razón la materialización de la ideología que entraña el éxito concreto de la producción económica autonomizada, en la forma del espectáculo, confunde prácticamente con la realidad social una ideología que ha podido rehacer todo lo real según su modelo.

213

Cuando la ideología, que es la voluntad abstracta de lo universal y su ilusión, se encuentra legitimada por la abstracción universal y la dictadura efectiva de la ilusión en la sociedad moderna, ya no es la lucha voluntarista de lo parcelario sino su triunfo. A partir de aquí la pretensión ideológica adquiere una especie de llana exactitud positivista: ya no es una elección histórica sino una evidencia. En una afirmación tal los nombres particulares de las ideologías se desvanecen. La parte misma del trabajo propiamente ideológico al servicio del sistema ya no se concibe más que como reconocimiento de un "pedestal epistemológico" que aspira a estar más allá de todo fenómeno ideológico. La ideología materializada carece de nombre propio, así como carece de programa histórico enunciable. Esto equivale a decir que la historia de las ideologías ha terminado.

214

La ideología, cuya lógica interna conduce hacia la "ideología total", en el senido de Mannheim, despotismo del fragmento que se impone como seudosaber de un todo fijado, visión totalitaria, se realiza desde ahora en el espectáculo inmovilizado de la no-historia. Su realización es también su disolución en el conjunto de la sociedad. Con la disolución práctica de esta sociedad debe desaparecer la ideología, la última sinrazón que bloquea el acceso a la vida histórica.

215

El espectáculo es la ideología por excelencia porque expone y manifiesta en su plenitud la esencia de todo sistema ideológico: el empobrecimiento, el sometimiento y la negación de la vida real. El espectáculo es materialmente la "expresión de la separación y el alejamiento entre el hombre y el hombre". La "nueva dominación del engaño" concentrada allí tiene su base en esta producción, por cuyo intermedio "con la masa de objetos crece... el nuevo dominio de seres extraños a los que se halla sometido el hombre". Es el estadio supremo de una expansión que ha vuelto la necesidad contra la vida. "La necesidad del dinero es pues la verdadera necesidad producida por la economía política, y la única necesidad que ella produce" (Manuscritos económico-filosóficos). El espectáculo extiende a toda la vida social el principio que Hegel en la Realfilosofía de Iena concibe como el del dinero; es "la vida de lo que está muerto, moviéndose en sí misma".

216

Al contrario del proyecto resumido en las Tesis sobre Feuerbach (la realización de la filosofía en la praxis que supera la oposición entre el idealismo y el materialismo), el espectáculo conserva a la vez, e impone en el seudo-concreto de su universo, los caracteres ideológicos del materialismo y del idealismo. El lado contemplativo del viejo materialismo que concibe el mundo como representación y no como actividad - y que idealiza finalmente la materia - se cumple en el espectáculo, donde las cosas concretas son automáticamente dueñas de la vida social. Recíprocamente, la actividad fantaseada del idealismo se cumple igualmente en el espectáculo por la mediación técnica de signos y señales - que finalmente materializan un ideal abstracto.

217

El paralelismo entre la ideología y la esquizofrenia establecido por Gabel (La falsa conciencia) debe ser emplazado en este proceso económico de materialización de la ideología. La sociedad ha llegado a ser lo que la ideología ya era. La desinserción de la praxis y la falsa conciencia antidialéctica que la acompaña, he aquí lo que se impone a todas horas en la vida cotidiana sometida al espectáculo; que es preciso comprender como una organización sistemática de la "aniquilación de la facultad de encuentro" y como su reemplazamiento por un hecho social alucinatorio. En una sociedad donde nadie puede ser reconocido por los demás, cada individuo se vuelve incapaz de reconocer su propia realidad. La ideología se encuentra en su medio; la separación ha establecido su mundo.

218

"En los cuadros clínicos de la esquizofrenia", dice Gabel, "la decadencia de la dialéctica de la totalidad (con la disociación como forma extrema) y la decadencia de la dialéctica del devenir (con la catatonia como forma extrema) parecen muy solidarias." La conciencia espectacular, prisionera en un universo degradado, reducido por la pantalla del espectáculo detrás de la cual ha sido deportada su propia vida, no conoce más que los interlocutores ficticios que le hablan unilateralmente de su mercancía y de la política de su mercancía. El espectáculo en toda su extensión es su "indicio en el espejo". Aquí se pone en escena la falsa salida de un autismo generalizado.

219

El espectáculo, que es la eliminación de los límites entre el yo y el mundo mediante el aplastamiento del yo asediado por la presencia-ausencia del mundo es igualmente la eliminación de los límites entre lo verdadero y lo falso mediante el reflujo de toda verdad vivida bajo la presencia real de la falsedad que asegura la organización de la apariencia. El que sufre pasivamente su destino cotidianamente alienado es empujado entonces hacia una locura que reacciona ilusoriamente ante este sino recurriendo a técnicas mágicas. El reconocimiento y el consumo de mercancías están en el centro de esta seudorespuesta a una comunicación sin respuesta. La necesidad de imitación que experimenta el espectador es precisamente la necesidad infantil, condicionada por todos los aspectos de su desposesión fundamental. Según los términos que Gabel aplica a un nivel patológico totalmente distinto "la necesidad anormal de representación compensa aquí un sentimiento torturante de estar al margen de la existencia".

220

Si la lógica de la falsa conciencia no puede conocerse a sí misma verídicamente la búsqueda de la verdad crítica sobre el espectáculo debe ser también una crítica verdadera. Tiene que luchar prácticamente entre los enemigos irreconciliables del espectáculo y aceptar estar ausente allí donde ellos están ausentes. Son las leyes del pensamiento dominante, el punto de vista exclusivo de la actualidad, que reconoce la voluntad abstracta de la eficacia inmediata cuando se arroja hacia los compromisos del reformismo o de la acción común con los residuos seudorevolucionarios. Con ello el delirio se ha reconstituido en la misma posición que pretende combatirlo. Por el contrario, la crítica que va más allá del espectáculo debe saber esperar.

221

Emanciparse de las bases materiales de la verdad invertida, he aquí en qué consiste la autoemancipación de nuestra época. Esta "misión histórica de instaurar la verdad en el mundo" no pueden cumplirla ni el individuo aislado ni la muchedumbre automatizada y sometida a las manipulaciones, sino ahora y siempre la clase que es capaz de ser la disolución de todas las clases devolviendo todo el poder a la forma desalienante de la democracia realizada, el Consejo, en el cual la teoría práctica se controla a sí misma y ve su acción. Únicamente allí donde los individuos están "directamente ligados a la historia universal"; únicamente allí donde el diálogo se ha armado para hacer vencer sus propias condiciones.