jueves, 22 de abril de 2010

LAS CATEGORÍAS DE LUHMANN Y HABERMAS PARA EL ANÁLISIS DE LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA Marcuzzi

1

En la década del 90’ sucesivos análisis políticos sobre la democracia centralizaron
sus caracterizaciones sobre las modificaciones del sistema político en el fenómeno de la representación, evidenciadas por indicadores tales como la apatía y el escepticismo frente a los Poderes Estatales, a los partidos políticos y a las organizaciones sindicales.

La incorporación al lenguaje de conceptos como “clase política”, en el sentido
definido por Gaetano Mosca a fines del siglo XIX es decir como elite que gobierna en su propio beneficio, o la calificación de la relación representante- representado en términos de liderazgos personalistas y decisionismo, apelando en este caso a elaboraciones teóricas de Carl Schmitt, se revelaron como categorías fundamentales para definir los problemas de la representación y en consecuencia del régimen político.

En el presente texto recurriré a la perspectiva funcional- estructuralista propuesta
por el enfoque de Niklas Luhmann, específicamente a conceptos tales como sistema
político, poder, legitimación, complejidad, temas de comunicación política, y al modelo de política deliberativa propuesto por Jurgen Habermas, especialmente a sus conceptos de acción comunicativa y su relación con las instituciones del Estado de Derecho con el propósito de comprender, finalmente, aspectos propios de la representación política actual.

1.
La perspectiva teórica elaborada por Luhmann encuentra similitudes con la
Sociología propuesta por el Talcott Parsons para el estudio de la sociedad como sistema social.
Ambos desarrollos intelectuales se conforman como elaboraciones opuestas a las
corrientes clásicas de la Sociología; al positivismo con origen en la obra de Durkheim, a la perspectiva materialista histórica de Marx y a la visión de la acción social de Weber, proponiendo un entramado categorial abstracto con el propósito de estudiar las sociedades actuales.

En la autodefinición de su teoría, así como en la alusiones contrarias a las teorías
europeas tradicionales, Luhmann reconoce como una de sus fuentes intelectuales a la obra de Parsons así como a la teoría de los juegos, la sociología de la organización y a la cibernética. Por ello su perspectiva adquiere la denominación de “funcionalismo estructural”, contraponiéndola al enfoque estructural- funcionalista de Parsons. El primero ubica como premisa el concepto de función al de estructura, siendo el problema fundamental de la Sociología la determinación de la función que las estructuras desarrollan en un ambiente difícil, por el contrario, Parsons concentra la atención en las aportaciones que cada subsistema ofrece a la conservación de las estructuras del sistema social.

En las caracterizaciones elaboradas por Luhmann sobre el sistema social y específicamente sobre el subsistema político es posible encontrar proposiciones teóricas que permiten tematizar aspectos del fenómeno actual de la representación política. Para llegar a ello mencionare en primer lugar las categorías relacionadas con su perspectiva sobre la sociedad como sistema social, para luego especificar los aspectos relacionados al sistema político como generador de decisiones vinculantes.
a) Sociedad como sistema social: Luhamnn considera que la sociedad no se compone de
individuos como “partes” integrados a un organismo social como un “todo” porque la
dicotomía todo / parte implica dos objetos, hombre y sociedad unidos de forma relacional, su perspectiva propone que los sistemas no se consideren de un modo agregado ni relacional sino como operaciones selectivas que determinan su importancia.

El sistema social es una conexión dotada de sentido de acciones que se refieren entre si y se pueden limitar respecto de un ambiente, limitación realizada por los miembros del sistema.

La identidad de este sistema social se funda en las reglas de limitación y de subsuncion que dirigen la elaboración dotada de sentido que los hombres hacen de sus experiencias por lo tanto no son los individuos concretos los que constituyen los elementos del sistema, sino sus acciones y sus roles sociales.

Los actores no son más los hombres o grupos con sus necesidades materiales y valores,
sino lo son los “roles”, los “sistemas”, los “ambientes” (conjunto de expectativas y de expectativas de expectativas).

En el sistema social, el sentido es la relación selectiva entre ese sistema y el mundo, es la premisa de la elaboración de la experiencia de manera que sea posible la selección de alternativas sin suprimir y conservando aquellas alternativas no actualizadas.

Esta relación selectiva es lo que hace posible la reducción y el mantenimiento de la
complejidad. Las experiencias y las acciones son selección incesante que no eliminan sino neutralizan las alternativas que no están actualizadas.

El sentido permite así mantener la complejidad, característica fundamental del sistema social.

“... la “complejidad” nace de la discrepancia entre el mundo imaginado y comprendido
intelectualmente cuya extensión será hoy dilatada enormemente por el flujo de las
informaciones debido a los medios electrónicos y al espacio muy limitado cubierto
efectivamente por la acción de los sujetos”... (Zolo, 1986: 167)

El desarrollo del sistema social se caracteriza por el aumento de la complejidad
comprendida como el exceso de posibilidades del mundo, la diferencia entre el número de las posibilidades potenciales y el número de las ellas actualizadas.

El sistema social es una identidad que se mantiene en un ambiente complejo por medio de la estabilización de una diferencia interno/ externo. El sistema debe tener capacidad para asimilar, elaborar y compensar mediante procesos de diferenciación interna los estímulos provenientes del ambiente externo La evolución de los sistemas depende de la lógica probabilista de la indeterminación, con ello Luhamnn expresa su antihistoricismo, es decir se manifiesta contra la filosofía de la historia organicista o finalista elaborada por Hegel.

Un ejemplo de ello lo constituye su afirmación sobre las posibilidades del socialismo en las sociedades avanzadas. Con respecto a ello Luhmann afirma que el socialismo ha heredado de Hegel el mito organicista e historicista del carácter necesario del proceso de restauración histórica de la antigua alianza entre el hombre y la naturaleza, entre la política y la economía, y de los hombres entre ellos. El enfoque de Luhmann contradice esta visión optimista de la historia como proceso inmanente que se desarrolla dialécticamente. El socialismo tiene que ser considerado como una conquista evolutiva contingente, contrastado por tendencias entropicas naturales, un proyecto riesgoso de la libertad y no el resultado necesario de una ley providencial de la historia.

b) El sistema político como generador de decisiones vinculantes: El sistema político se caracteriza, al igual que el sistema social, como una entidad constituida por elementos correlacionados entre si y en relación de interacción con el ambiente externo. La especificidad de este sistema lo constituye su posibilidad de generar poder político es decir de transmitir en forma codificada y generalizada simbólicamente, decisiones vinculantes.

Luhmann distingue diferentes subsistemas políticos, el de partidos y el de la administración pública que comprende los tres poderes, el legislativo, el ejecutivo y el judicial, unificados por emanar las decisiones vinculantes.

La función del subsistema de partidos consiste en producir legitimidad, garantizando la disponibilidad del público a aceptar las decisiones vinculantes de la administración. Los partidos políticos son las estructuras selectivas que reducen la complejidad ambiental y permiten a la administración pública tomar decisiones atendiendo al consenso del público.

Uno de los conceptos elaborados por Luhmann y que revela una capacidad explicativa, al menos en lo que respecta al fenómeno de la representación política en la sociedad actual, es el concepto de poder.

El poder es un medio de comunicación social, un código de símbolos generalizado que
disciplina la transmisión de prestaciones selectivas de un sujeto a otro. El poder en las sociedades complejas no se relaciona con la coerción o con la violencia sino que consiste en la posibilidad de que dispone un sujeto o una pluralidad de sujetos de elegir con su decisión una alternativa para otros sujetos. Es la facultad de reducir la complejidad para otros.

En la relación de poder, a diferencia de la coerción, la voluntad del subordinado no esta sustituida o manipulada sino motivada. El poder es más eficaz cuanto más obtiene de los sujetos subordinados una obediencia “espontánea” y una renuncia pacífica a alternativas que en el caso contrario serían atractivas.

Luhmann afirma que la teoría del poder desde Maquiavelo a Parsons concibe al poder como un bien material, una propiedad o una atribución de un sujeto, grupo o clase del que dispone de forma estable. Desde esta perspectiva el poder supone la subordinación de una parte de la sociedad a otra. El poder social se concibe además como una cantidad fija, independiente de las situaciones y de las estructuras sociales; es decir el poder puede ser acumulado, repartido, concentrado, descentralizado, pero su cantidad no puede ser aumentada, ni disminuida.

Según lo afirma Zolo en los textos de Luhmann se expresa lo siguiente con respecto al
poder: “... En las sociedades complejas el poder se presenta como un fenómeno relacional y reflexivo y no como un fenómeno causal y transitivo. La concepción causal supone que el poder se desarrolle exclusivamente en formas jerárquicas de arriba hacia abajo, según una dirección única. Está excluida así, (...) la característica fundamental de la relación de poder moderna: su reflexividad, es decir, el hecho de que siempre, también si en formas y en medidas distintas, ambos partners de la relación de poder cumplen prestaciones selectivas, o sea tienen poder y están en grado de ejercerlo recíprocamente, o en el caso de concatenaciones de poder, circularmente. Se ignora que cada sujeto social, en relación con las circunstancias y los puntos de vista, pueda ejercer alternativamente roles de poder
superiores o inferiores”... (ZOLO, 1986: 175).

La problemática crucial de las sociedades modernas es el problema de la cantidad de poder y de los “riesgos evolutivos” conexos a la variabilidad de la magnitud relativa del poder.

La hipótesis de Luhmann es la siguiente: Cuanto más complejos son los sistemas sociales y aumenta el número de alternativas posibles mayor es el gravamen social de la prestación selectiva y más elevada tiene que ser la cantidad de poder socialmente activada. Con la complejidad y la interdependencia aumenta la necesidad de decisiones rápidas y sincronizadas. A Luhmann le preocupa el déficit de poder. En las sociedades industriales avanzadas caracterizadas por una diferenciación funcional de los subsistemas primarios y por una interdependencia elevada de todas las prestaciones funcionalmente especificadas, el peligro más grave es la pérdida de funciones del poder, su ineficiencia y decadencia.

En las sociedades complejas la crisis del poder significa el poder de bloqueo, un poder que no está en grado de promover algo, impide y desagrega, aumentando la eficacia de la non decisión- making en las instancias que tienen las responsabilidades generales. La conquista evolutiva de la diferenciación del poder está amenazada por síntomas de sobrecarga y el stress decisional tiende a asumir la forma de una parálisis selectiva.

La perspectiva teórica de Luhmann sobre la política en las sociedades avanzadas
propone nuevas definiciones sobre la democracia, la legitimidad y la participación.
La democracia es definida como la forma de mantener la complejidad a pesar de la
actividad decisional constante, conservando un ámbito selectivo lo más amplio posible para decisiones siempre nuevas y diferentes.

En las sociedades modernas la democracia significa la reversabilidad de las
prestaciones selectivas del proceso decisional, el mantenimiento de un ámbito selectivo lo más amplio posible para decisiones nuevas, la conservación de la complejidad no obstante la actividad decisional que reduce el abanico de posibilidades.

La democracia no implica la participación de todos en los procesos políticos
decisionales, porque las decisiones políticas son procesos selectivos que niegan otras posibilidades, exigir una intensa participación de todos en las decisiones políticas significaría asumir la frustración como principio.

La evolución de la sociedad hacia la creciente diferenciación de subsistemas y la
especificidad que adquiere el sistema político con respecto a otros subsistemas como el económico, el social, el biológico modifica la obtención de la legitimidad con respecto al poder político.

La legitimación en las sociedades complejas no se basa en convicciones
participantes sobre la validez de los valores en que se fundan las decisiones vinculantes, en las sociedades modernas y diferenciadas se basa en la disposición a aceptar y en la suposición de tal disposición a aceptar. Es una disponibilidad generalizada a recibir decisiones indeterminadas desde el punto de vista de su contenido.

El contenido de las decisiones vinculantes a su vez se encuentra sujeto a límites
porque en una sociedad compleja y diferenciada el sistema político no posee una capacidad ilimitada de absorción de las informaciones en consecuencia este sistema tiende a institucionalizar algunos puntos de vista muy abstractos (salud pública, justicia, seguridad) que resultan compatibles con una sustitución de los temas de la comunicación política.

Se tiende a restringir la posibilidad de participación del público en cuanto la
sustitución rápida de los temas de comunicación política hace difícil la formación de
opiniones y las diversas materias son monopolizadas por los políticos de profesión. La integración política ocurre así en el nivel de la elección de los temas importantes de la decisión política en lugar del modo en que tales temas se van a decidir. De esta manera aumenta la distancia entre el nivel decisional de los políticos y el nivel decisional del público.

La perspectiva teórica elaborada por Luhmann propone nuevos conceptos con
capacidad explicativa para comprender fenómenos actuales. Categorías tales como poder, sistema político, democracia, legitimación, temas de comunicación política revelan aspectos interesantes para el análisis de lo que se ha llamado “crisis de representación” en nuestro país.

2.

En las sociedades avanzadas o de capitalismo tardío Habermas propone un modelo
de política democrática fundamentado en las siguientes proposiciones: una concepción de la deliberación comprendida en términos de acción estratégica y acción comunicativa, una oposición a los modelos políticos propuestos por liberales y republicanos o comunitaristas y una visión critica al Estado social dominante en la década de los 70’.

a) La política deliberativa como acción comunicativa y acción estratégica: Desde la
perspectiva de Habermas la sociedad contemporánea no expresa sólo una racionalidad
instrumental propia de la acción estratégica sino también una racionalidad comunicativa que demanda diálogo y buenas razones para fundamentar ciertas prácticas
institucionalizadas. La integración social requiere no sólo mecanismos sistémicos que
proceden según una lógica propia sino también de mecanismos comunicativos para lograr
la autocomprension moral de la interacción.

En las sociedades complejas en las que se pluralizan las formas de vida, la integración de los individuos proviene de su capacidad de interactuar comunicativamente al tiempo de reconocer su necesidad de interactuar estratégicamente. La acción comunicativa es definida por Habermas en los siguientes términos:

“... El concepto básico de acción comunicativa explica como la integración social puede producirse a través de la capacidad de establecer vínculos que tiene el lenguaje intersubjetivamente compartido. Este impone restricciones a los sujetos que quieren hacer uso de las energías de vínculo del lenguaje y los obliga a salir del egocentrismo de su orientación al éxito para exponerse a los criterios públicos de racionalidad propios del entendimiento intersubjetivo. Desde este punto de vista la sociedad se presenta como mundo de vida simbólicamente estructurado, que se reproduce a través de la acción comunicativa. Naturalmente, de ello no se sigue que en el mundo de la vida no puedan aparecer interacciones estratégicas. Pero estas cobran un significado distinto que en Hobbes o en la teoría de los juegos : ya no son entendidas como mecanismo de generación de un orden instrumental. Las interacciones estratégicas encuentran más bien su lugar en un mundo de la vida ya constituido, por así decir, por otras vías”... (Habermas, 1998: 88).

“... La racionalidad comunicativa no es como la forma clásica de la razón práctica una fuente de normas de acción. Sólo tiene un contenido normativo en la medida que quien actúa comunicativamente no tiene más remedio que asumir presupuestos pragmáticos de tipo contra fáctico. Tiene que emprender idealizaciones, por ejemplo, atribuir a las expresiones significados idénticos, asociar a sus manifestaciones o elocuciones una pretensión de validez que trasciende el contexto, suponer a sus destinatarios capacidad de responder de sus actos, esto es, autonomía y veracidad, tanto frente a si mismos como frente a los demás”... (Habermas, 1998: 66)

El concepto de acción estratégica por el contrario “... mantiene en cada caso a sus espaldas el trasfondo que representa el mundo de la vida; (...) en la acción estratégica ese trasfondo queda neutralizado en lo que concierne a su capacidad de coordinar la acción; ya no suministra ninguna anticipación de consenso porque para quien actúa estratégicamente tanto el marco institucional como los otros participantes en la interacción sólo aparecen ya como hechos sociales”... (Habermas, 1998: 88).

Habermas afirma lo siguiente con respecto al modelo de política deliberativa
propuesto: “... la intersubjetividad de orden superior que representan procesos de
entendimiento (...) se efectúan en la forma institucionalizada de deliberaciones en las corporaciones parlamentarias o en la red de comunicación de los espacios públicos
políticos. Estas comunicaciones exentas de sujeto o que no cabe atribuir a ningún sujeto global, constituyen campos en los que puede tener lugar una formación más o menos racional de la opinión y la voluntad acerca de temas relevantes para la sociedad global y de materias necesitadas de regulación. La formación informal de la opinión desemboca en decisiones electorales institucionalizadas y en resoluciones legislativas por las que el poder generado comunicativamente se transforma en un poder empleable en términos administrativos. Al igual que en el modelo liberal, también en la teoría del discurso se respetan los límites entre el estado y la sociedad; pero aquí la sociedad civil, en tanto que base social de espacios públicos autónomos, se distingue tanto del sistema de acción económica como de la administración pública. Y de esta comprensión de la democracia se sigue normativamente la exigencia de un desplazamiento del centro de gravedad en la
relación entre los recursos que representan el dinero, el poder administrativo y la
solidaridad, a los que las sociedades modernas recurren para satisfacer su necesidad de integración y de regulación. Las implicaciones normativas saltan a la vista: la fuerza de integración social que tiene la solidaridad, que ya no cabe extraer sólo de las fuentes de la acción comunicativa habría de poder desarrollarse a lo largo y ancho de espacios públicos autónomos ampliamente diversificados y de procedimientos de formación democrática de la opinión y la voluntad política, institucionalizados en términos de Estado de Derecho, y habría de poder afirmarse también frente y contra los otros dos poderes, es decir, frente al dinero y al poder administrativo”...(Habermas, 1991: 49-50).

b) Oposición a los modelos políticos liberal y republicano o comunitarista: Habermas
contrapone dos modelos de democracia, el liberal y el republicano dominantes en la
discusión política en Estados Unidos durante la década del 80’. La concepción liberal
propone, con respecto al proceso democrático, programar las actividades del Estado en
interés de la sociedad, entendiendo al Estado como administración pública y a la sociedad como sistema estructurado en términos de economía de mercado. En el modelo liberal la política impone los intereses sociales privados frente a un aparato estatal especializado en el empleo administrativo del poder político para conseguir fines colectivos.

Para la concepción republicana el proceso democrático no se agota en la función de
mediación entre el Estado y la sociedad como en la perspectiva liberal, sino que es el elemento constitutivo del proceso social. La política es entendida como forma de reflexión de un plexo de vida ético.

Con respecto al concepto ciudadano la concepción liberal lo define como un status
con derechos subjetivos delimitados frente Estado y frente a los demás ciudadanos; como portadores de estos derechos los ciudadanos gozan de la protección del Estado mientras persiguen sus intereses privados dentro de los límites trazados por las leyes. Los derechos subjetivos son conceptualizados como derechos negativos que garantizan un ámbito de opción dentro del cual las personas jurídicas quedan libres de coacciones externas.

Por el contrario para la concepción republicana el status de ciudadano no está definido por las libertades negativas de las que pueden hacer uso como personas privadas. Los derechos ciudadanos, entre los que se destacan los de participación y de comunicación política, son libertades positivas. No garantizan la libertad respecto a coacciones externas sino que la participación es una práctica común, cuyo ejercicio es lo que permite a los ciudadanos convertirse en sujetos políticamente responsables en una comunidad de libres e iguales.

Con respecto al derecho la concepción liberal afirma, según Habermas, que el sentido de un orden jurídico consiste en que ese orden permite decidir en cada caso que derechos asisten a que individuos, el orden jurídico se construye a partir de los derechos subjetivos.

Para la concepción republicana los derechos subjetivos se deben a un orden jurídico
objetivo que posibilita y garantiza la integridad de una convivencia basada en la igualdad, la autonomía y el respeto reciproco, para esta concepción se privilegia el contenido objetivo del orden jurídico. El derecho de voto interpretado como libertad positiva se convierte para los republicanos en paradigma de los derechos en general, no sólo porque ese derecho es condición de la autodeterminación política, sino porque queda claro cómo la inclusión en una comunidad de iguales depende de que los individuos estén capacitados para hacer aportaciones autónomas y para posicionarse como consideren oportuno.

Con respecto a la naturaleza del proceso político, la concepción liberal afirma que la política es una lucha por posiciones que aseguran la capacidad de disponer de poder administrativo. El proceso de formación de la voluntad política en el espacio público y en el Parlamento esta determinado por la competencia de actores colectivos que actúan estratégicamente, con el fin de conservar sus posiciones de poder o de hacerse con tales posiciones.

La concepción republicana afirma que la formación de la voluntad política en el
espacio público y en el Parlamento tiene sus propias estructuras específicas que son la de una comunicación pública orientada al entendimiento. El paradigma de la política en el sentido de una práctica de la autodeterminación ciudadana no es el mercado sino el diálogo.

Frente a los dos modelos conceptualizados previamente Habermas propone un modelo
basado en el concepto procedimental de política deliberativa, con ello define las
condiciones de comunicación bajo las que el proceso político puede tener a su favor la presunción de generar resultados racionales porque se efectúa en el modo de la política deliberativa.

El procedimiento democrático propuesto por Habermas establece una conexión
entre negociaciones, discursos de autoentendimiento y discursos relativos a cuestiones de justicia y sirve de base a la presunción de que bajo tales condiciones se obtienen resultados racionales.

El modelo de democracia de Habermas al igual que el republicano otorga un lugar
central al proceso político de la formación de la opinión y de la voluntad colectiva pero no entiende como algo secundario la estructuración en términos de Estado de Derecho. Los derechos fundamentales y los principios del Estado de Derecho constituyen una respuesta a la cuestión de cómo pueden implementarse los presupuestos comunicativos del procedimiento democrático. Su teoría no hace depender la realización de una política deliberativa de una ciudadanía capaz de acción, sino de la institucionalización de los procedimientos correspondientes.

c) La cuestión del Estado Social o Estado de Bienestar: Habermas afirma que desde fines de los años 70’ el Estado Social ha evidenciado límites como fuente de bienestar. Esta forma de Estado puede caracterizarse, según el autor, en base a dos aspectos: el metodológico y el sustantivo. Con respecto al metodológico, el compromiso del Estado social y la pacificación del antagonismo de clase es el resultado de una intervención estatal democráticamente legitimada para regular el proceso de crecimiento natural del capitalismo; sobre el aspecto sustancial, Habermas afirma que al normalizarse el status de los trabajadores mediante la participación y el ejercicio de los derechos sociales, la población consigue vivir en libertad, justicia social y bienestar. Las intervenciones estatales garantizan la coexistencia pacífica entre el capitalismo y la democracia.

Sin embargo el Estado nacional ha resultado ser un marco demasiado estrecho para
asegurar las políticas económicas keynesianas frente al exterior, al mercado mundial y a las inversiones de empresas transnacionales. En política interior los límites de su intervención se revelan en la falta de disposición a la inversión, el estancamiento económico, el aumento del desempleo y la crisis de los presupuestos públicos. Los programas del Estado Social necesitan de una gran cantidad de poder para lograr la financiación con cargo en los presupuestos públicos y la eficacia en el mundo vital de los beneficiarios, lo que ha generado una burocracia estatal que cubre la vida cotidiana de los clientes reales o potenciales generando una praxis de hechos singulares que cosifican el mundo vital mediante la reglamentación y el control.

En el Estado social se encuentran en contradicción el aspecto sustantivo y el aspecto
metodológico porque su objetivo es establecer formas vitales estructuradas igualitariamente que permitan la autorrealización individual, pero ello no puede alcanzarse mediante la aplicación jurídico- administrativa de programas políticos.

Habermas distingue tres tipos de reacciones políticas generadas por las contradicciones mencionadas propias del Estado Social en países como Alemania y los Estados Unidos:
1) El legitimismo: esta concepción política espera poder encontrar el equilibrio entre el desarrollo del Estado social y la modernización por medio del mercado, son los conservadores pertenecientes a partidos socialdemócratas que esperan consolidar lo ya alcanzado;
2) Neoconservadurismo: Realiza una critica al Estado social y propone una
política económica orientada a la oferta para mejorar las condiciones de capitalización y de acumulación, fomenta las acciones neocorporativas de las asociaciones empresariales y sustrae las materias sociales de la esfera pública. Son sus representantes los republicanos norteamericanos y los conservadores ingleses y alemanes;
3) Disidencia de los críticos del crecimiento: Esta concepción política afirma que el mundo vital está amenazado por la mercantilización propia de la economía y por la burocratización propia del Estado. Una de sus propuestas se fundamenta en la perspectiva de la economía dual que plantea independizar la seguridad social del empleo. Los representantes de esta reacción radical democrática son los nuevos movimientos sociales alemanes.

El modelo de política deliberativa propuesto por Habermas, tanto en su oposición a
liberales y republicanos como en su perspectiva sobre el Estado Social, rescata la
vinculación de la acción comunicativa con las instituciones políticas como forma de
implementar los presupuestos comunicativos de formación de la voluntad política.

3.

El debate sobre la representación política en nuestro país ha adoptado una
formulación similar a la tesis de la crisis- catástrofe enunciada por Mari en su artículo “Pensar la Argentina”.

En este texto el autor afirma que existe en nuestro país una tesis que postula la
crisis- catástrofe entendida como “... un tipo de discurso con dos registros: psicológico y sociológico. En el primer registro, se potencian las dificultades económicas, políticas y administrativas de la democracia, generándose a partir de la hipérbole una psicología social biliosa y de postración colectiva. En el segundo, se evacuan las condiciones de posibilidad de comprensión racional de esas mismas dificultades, al desinteresarlas de su enlace con las relaciones sociales objetivas y remitirlas, en forma masiva y en bloque, a la llamada denuncia subjetiva: incompetencia gubernamental, torpeza burocrática, incapacidad judicial, o bien incuria e inmadurez de la clase política en conjunto y de sus representantes
parlamentarios”... (Mari, 1990:5)

El predominio, especialmente en la autopercepción de los políticos y en los medios
de comunicación sobre la crisis de representación en términos de improvisación,
incapacidad y oportunismo de una clase política desvinculada de las problemáticas sociales prioritarias, consolidando una forma de gobierno con tendencias “oligárquicas”, entendiendo por ello a la forma de ejercicio del poder político denunciada por el teórico alemán Robert Michels a principios del siglo XIX, ha devenido en una temática común en el ámbito político nacional.

Frente a ello los estudios académicos y los análisis políticos sobre las dificultades de las instituciones democráticas para canalizar los conflictos sociales han logrado formular proposiciones teóricas que revelan una densidad conceptual con capacidad explicativa sobre este fenómeno actual.

Dos teóricos latinoamericanos han elaborado estudios sobre la representación
política contemporánea contemplando tendencias estructurales para explicar los cambios de esta característica fundamental de la democracia actual.

Zermeño en un artículo titulado “El regreso del líder” menciona las
transformaciones ocurridas en el ámbito de la sociedad y del Estado como condiciones que han influenciado en la relación representantes- representados.

Según este autor la sociedad actual se caracteriza por la violencia desorganizada, el
retraimiento anomico, la tendencia a profundizar las desigualdades sociales entre los
excluidos, la clase media en decadencia y una minoría privilegiada, la segmentación de la sociedad en grupos primarios, la menor presencia social de grupos secundarios, es decir de organizaciones partidarias, movimientos sociales, sindicatos y asociaciones empresariales, la atomización de los comportamientos políticos como un fenómeno característico de la sociedad de masas, lo que ha derivado en una concentración del poder político en el Estado.

Frente a una sociedad fragmentada el Estado centraliza las relaciones sociales,
concentrando las comunicaciones y las decisiones colectivas, ganando mayor autonomía y simultáneamente atomizando a la sociedad.

En el aspecto económico la política neoliberal aplicada por la administración estatal
al priorizar objetivos como detener la inflación, reconvertir la industria, pagar la deuda externa, y lograr competitividad en los mercados internacionales para desarrollar la economía, ha permitido el aumento del Producto Bruto Interno pero ello no se ha traducido en mayor integración social.

La aplicación de la política neoliberal ha generado el predominio de la lógica del
mercado en la sociedad donde el cálculo individual domina sobre las disposiciones sociales de la cuestiones económicas.

En el aspecto político la atomización social ha derivado en una concentración del
poder en la estructura estatal, reforzando liderazgos que privilegian una relación directa con las masas, subordinando los mecanismos institucionales de la división de poderes al predominio de las medidas adoptadas por el líder político.

Partiendo de este análisis Zermeño propone generar un tipo de sociedad fuerte en
sus organizaciones intermedias, que facilite la realización individual, la interacción al más alto nivel de racionalidad, que permita corresponder a los diversos sectores sociales con partidos políticos y con proyectos de sociedad futura y que consolide las instituciones políticas. Latinoamérica no se está acercando ni a una democracia asentada en la sociedad civil, ni a una democracia con predominio de la sociedad política, sino que domina la lógica masivo- popular o popular nacional adquiriendo centralidad la relación Estado- masas.

El segundo teórico, Novaro, en sus estudios sobre la representación política, alude a
las modificaciones en las identidades partidarias como fenómeno que permite comprender los cambios en la política actual.

La representación política, definida en términos de actuar en lugar de otro o el
mecanismo político que vincula y controla a los representantes por los representados, ha adquirido características distintivas en su evolución durante el siglo XX.

Según este autor es posible distinguir tres momentos en su evolución: el primero se
ubica a principios de siglo con el desarrollo de la democracia parlamentaria, donde impera una concepción sobre la voluntad política en términos de agregación de intereses individuales, el ámbito político privilegiado es el Parlamento donde los notables, sector social con poder económico e influencia intelectual, expresan los intereses de la Nación.

En este contexto la ley es el instrumento político fundamental que surge de la deliberación en un ámbito plural. La representación política presenta sus características tradicionales.

El segundo momento se ubica a mediados de siglo con el surgimiento y consolidación de la democracia de masas. Las nuevas organizaciones políticas, los partidos de masas, desarrollan lo que el autor denomina identidades por alteralidad. Estas se
constituyen en función de la determinación de un adversario, en base a una distinción
amigo- enemigo. La organización involucra a los sujetos otorgando un fundamento a los
alineamientos, los partidos de masas integran a sus miembros por identidades políticas, culturales y económicas. Dicotomías como oligarquía- pueblo o fascismo- democracia pertenecen a la construcción de esta forma de identidades.

La democracia de partidos conforma a la representación en base a la interacción
entre organizaciones y funcionarios.

El tercer momento histórico en la evolución de la representación política se ubica a
fines del siglo XX con los cambios en las estructuras partidarias y la sustitución de los partidos de masas por partidos electorales.

En este contexto las identidades no responden a las características definidas por los
partidos de masas sino que se denominan identidades por escenificación. En ellas se
agrupa algo heterogéneo por referencia a un término exterior, un referente simbólico. La sociedad polimorfa ya no tiene imagen de si misma como unidad. Los efectos de identificación son menos sólidos y más transitorias que en la forma anterior e integran menos aspectos políticos, culturales y económicos. En este caso se modifica el espacio público y la condición de la ciudadanía, fortaleciendo vínculos de representación personalizados.

“... Representar es, desde entonces, la prerrogativa de poder depositada en un líder, y como sostuviera Carl Schmitt, el principio dinámico de constitución de la unidad política, que no se logra agregando lo particular, sino que supone “un modo de ser superior”...” (Novaro,1995: 152)

Los dos autores mencionados conceptualizan el fenómeno de la representación
política en términos de tendencias estructurales, es decir por cambios en la relación Estado-sociedad y transformaciones en las identidades políticas, revelando capacidad de análisis en las elaboraciones propuestas.

En contextos sociales y teóricos diferentes a los autores mencionados los teóricos
contemporáneos alemanes Luhmann y Habermas desarrollan categorías que por pertenecer
a profundos estudios sobre las sociedades contemporáneas, revelan una capacidad
explicativa para la comprensión de este particular fenómeno de las democracias
latinoamericanas, y permiten situarlo también en una perspectiva estructural.
Luhmann al definir la evolución de la sociedad actual en términos de progresiva
diferenciación de los subsistemas administrativo, político, económico derivando en un
aumento de la complejidad es decir de la presencia de múltiples posibilidades frente a la capacidad limitada de acción de los sujetos, sitúa a la política frente a la especificidad de otros subsistemas y limita su intervención a la generación de decisiones vinculantes.

Es en el aspecto específico del sistema político, la producción de poder político
donde se puede reformular la perspectiva de la representación en nuestra sociedad.
Ambos términos de la relación de representación, representantes y representados,
pueden pensarse en la forma propuesta por Luhmann

Los representantes políticos se encuentran frente a un exceso de posibilidades en un
sistema crecientemente diferenciado, ello los somete a una sobrecarga de decisiones que puede derivar en un déficit de poder, en inmovilismo o en un poder que bloquea decisiones.

El problema reside en la imposibilidad del sistema político de generar decisiones
vinculantes para los demás subsistemas por la ausencia de poder. Si en esta sociedad
compleja el poder es un medio de comunicación que reúne características de reflexividad, es relacional y no implica una cristalización de situaciones jerárquicas, sino que todo sujeto, según diversas circunstancias, dispone de poder, puede pensarse que los representantes políticos no han transmitido decisiones vinculantes, generando una parálisis en la selección. Se ha producido una situación de déficit de poder.

La hipótesis de Luhmann sobre la relación directamente proporcional entre el
aumento de la complejidad del sistema social y la cantidad de poder socialmente activada me parece muy interesante para estudiar el fenómeno de la representación política en la democracia contemporánea.

En el otro término de la relación, los representados, conceptos como el de
legitimidad y participación permiten analizar las características que adquieren.

La legitimidad que otorgan los representados se define como disponibilidad a
aceptar las decisiones y no como convicciones comunes sobre la validez de determinados valores. En este sentido creo que la perspectiva de Luhmann desvincula lo prescriptivo, propio de todo sistema político aún de aquel de identifica la legalidad con la legitimidad, de la disponibilidad a aceptar las decisiones vinculantes.

La disponibilidad a aceptar las decisiones implica la aceptación de valores comunes,
la legitimidad se construye basándose en convicciones comunes, ¿cómo se comprende sino la generación de déficit de poder y de situaciones de bloqueo?

Con respecto a la participación la propuesta de Luhmann me parece más adecuada
que el concepto de legitimidad para comprender el fenómeno de la representación política.

En un sistema social crecientemente complejo no se puede exigir participación en
todos los temas referidos a la comunicación política porque ello genera frustración
Lo que sucede es que se priorizan ciertos temas propios del subsistema político,
planteándolos de manera abstracta, educación, salud, justicia, y entonces se decide sobre estos temas, pero no sobre el modo en que se adoptará la decisión porque la complejidad impide lograr participación en este nivel, en la forma de implementar la decisión.

La forma de implementar las decisiones son monopolizadas por los políticos
profesionales y el ciudadano decide los temas a priorizar. En un sistema social
especializado ello es inevitable. ¿Cómo se resuelve sino la participación en temas como el MERCOSUR, la deuda externa, la elección de los jueces, la implementación de las reformas educativas o las patentes intelectuales?

En síntesis, y siguiendo la perspectiva elaborada por Luhmann, la crisis de la
representación política se vincula a fenómenos de déficit de poder y de exigencia de amplia participación en un sistema social diferenciado que no admite la politización de los demás subsistemas.

Desde la perspectiva de Habermas el fenómeno de la representación política puede
situarse en los términos de acción estratégica y acción comunicativa.

El predominio de un modelo político liberal privilegió las interacciones estratégicas, reduciendo a la política a una lucha por posiciones en la administración pública, limitando la condición del ciudadano a ser portador de derechos subjetivos entendidos como libertades negativas y planteando a la democracia como mediación entre una sociedad asimilada al mercado y un Estado subordinado a los intereses privados.

La representación política al desvincularse de su contenido normativo, entendido
como forma de autocomprension moral construida mediante un diálogo intersubjetivo, sólo se presenta en términos de acción estratégica perdiendo los componentes propios de la acción comunicativa.

La crisis de representación política es una manifestación de las insuficiencias del
modelo político liberal en las sociedades de fines del siglo XX.

Habermas complementa el modelo político de los republicanos o comunitaristas,
desde su perspectiva de la democracia como forma de realización de un plexo de vida ético, considerando al ciudadano como participante en la construcción de un orden colectivo y a la política como un constante diálogo intersubjetivo que permite la autorrealización personal, vinculándolo con los aspectos procedimentales de las instituciones del Estado de Derecho, proponiendo una forma política que rescata el contenido ético y de construcción colectiva del espacio público.

Bibliografía consultada:
- CARCOVA, Carlos María (1998), “Complejidad y Derecho”, Doxa, 21, II.
- _____________________ (2002), Habermas: la validez como construcción
discursiva, (inédito).
- HABERMAS, Jurgen (1973), Problemas de legitimación en el capitalismo tardío,
trad: José Luis Etcheverry, Amorrortu editores, 3ª reimpresión, 1989, Buenos Aires.
- _________________(1984), “La crisis del Estado de Bienestar y el agotamiento de
las energías utópicas” en Ensayos Políticos, traducción de Ramón García Cotarelo,
Ediciones Península.
- _________________(1991), “Tres Modelos de Democracia. Sobre el Concepto de
una Política Deliberativa”, “Agora. Cuaderno de Estudios Políticos”, Nro. 1,
Buenos Aires, invierno de 1994.
- ___________________ (1998), Facticidad y validez, Ed. Trotta, Madrid.
- ___________________, “Contra un racionalismo menguado de modo positivista”,
en “La disputa del positivismo en la Sociología Alemana”, AAVV. (mimeo-
Cátedra).
- LUHMANN, Niklas (1986), “Complejidad y Democracia”, en Sistemas Políticos,
UNAM, México.
- MARI, Enrique Eduardo (1990), “Pensar la Argentina”, “Cuadernos de la Comuna”,
Nro. 24, Municipalidad de Puerto General San Martín, Provincia de Santa Fe.
- NOVARO, Marcos (1995), “El debate contemporáneo sobre la representación
política”, Revista “Desarrollo Económico, vol. 35, Nro. 137, abril- junio de 1995.
- ZERMEÑO, Sergio (1990), “El regreso del líder”, Revista “David y Goliat”,
CLACSO, Año XIX, Nro. 56, Buenos Aires, abril 1990.
- ZOLO, Danilo (1986), “Complejidad, Poder, Democracia”, en Sistemas Políticos,
UNAM, México.
- __________________, “El léxico de Luhmann”, en Sistemas Políticos, UNAM,
México.

No hay comentarios:

Publicar un comentario