lunes, 15 de febrero de 2010

EL INTERACCIONISMO SIMBÓLICO Y LA ESCUELA DE PALO ALTO. Por Marta Rizo

Resumen. Esta lección tiene como propósito básico exponer las principales premisas teóricas y metodológicas del Interaccionismo Simbólico, por un lado, y la Escuela de Palo Alto, por el otro. El punto de partida es la consideración de que ambas corrientes de pensamiento inauguraron una nueva forma de comprensión de la comunicación, alejada de la visión dominante que la reduce a los medios de comunicación y más centrada en la interacción, en la comunicación interpersonal, como fundamento de toda relación social.

I. Introducción

Desde el primer tercio del siglo XX hasta la actualidad, la teoría de la comunicación se ha ido construyendo desde perspectivas muy diferentes. Desde la teoría físico-matemática de Shannon y Weaver, conocida como “Teoría matemática de la información”, hasta la teoría psicológica basada en la percepción propuesta por Abraham Moles, pasando por una teoría social que relaciona lenguaje y comunicación, Saussure, por el enfoque de la antropología cognitiva,Lévi Strauss, y los abordajes fundamentados en la interacción, Bateson, Watzlawick, Goffman. Y más aún, también han destacado las aportaciones en el campo de los efectos de la comunicación de masas, un ámbito representado por nombres como Lasswell, Lazarsfeld, Berelson y Hovland, y las teorías críticas de la comunicación, promovidas desde la Escuela de Frankfurt por intelectuales como Adorno, Horkheimer y Marcuse, entre otros.
Este panorama pone en evidencia la complejidad del tema, las múltiples aportaciones con que se ha tratado de dotar de coherencia a lo que conocemos como Teoría de la Comunicación.

Ello es resultado, entre otros factores, de la polisemia misma del concepto de comunicación. Es sabido que la comunicación puede entenderse como la interacción en la que los seres vivos acoplan sus respectivas conductas frente al entorno, a partir de la transmisión de mensajes, signos convenidos por el aprendizaje de códigos comunes. También se ha concebido a la comunicación como el propio sistema de transmisión de mensajes o informaciones, entre personas físicas o sociales, o de una de éstas a una población, a través de medios personalizados o de masas, mediante un código de signos también convenido o fijado de forma arbitraria. Y más aún, el concepto de comunicación también comprende al sector económico que aglutina las industrias de la información, de la publicidad, y de servicios de comunicación no publicitaria para empresas e instituciones. Estas tres acepciones ponen en evidencia que nos encontramos, sin duda alguna, ante un término polisémico.

Sin embargo, el debate académico en torno a la comunicación ha sido dominado por una perspectiva que reduce el fenómeno comunicativo a la transmisión de mensajes a través de los llamados medios de difusión. Sin ánimos de considerar vacío e innecesario dicho debate, consideramos que la comunicación va más allá de esta relación mediada. Es, antes que nada, una relación interpersonal.
El Interaccionismo Simbólico –nombre acuñado por Herbert Blumer en 1938- y la Escuela de Palo Alto, también conocida como “Colegio Invisible” , son dos claras manifestaciones de este intento por considerar a la comunicación, antes que nada, como interacción social. Ambos enfoques se desarrollan a mitad del siglo XX, y hasta entrados los años 80.

Las dos corrientes orientan sus reflexiones e investigaciones desde un punto de partida básico: las definiciones de las relaciones sociales son establecidas interactivamente por sus participantes, de modo que la comunicación puede ser entendida como base de toda relación.

II. El Interaccionismo Simbólico

Los principales autores del Interaccionismo Simbólico son Herbert Blumer, George Herbert Mead, Charles Horton Cooley y Erving Goffman. Todos ellos compartieron el interés de analizar a la sociedad en términos de interacciones sociales. El punto de partida se encuentra en las ideas ya expuestas por Robert Ezra Park, de la Escuela de Chicago. Sin embargo, los conceptos de “sí mismo” (George H. Mead), “yo espejo” (Charles H. Cooley) y “ritual” (Erving Goffman), son los que han pasado a la historia como fundamentales para la comprensión del Interaccionismo Simbólico.

II.1. Génesis y antecedentes

Desde 1910, la comunicación en los EEUU está vinculada al proyecto de construcción de una ciencia social sobre bases empíricas. La Escuela de Chicago es su centro. La supremacía de esta escuela vio su fin en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.
El campo de observación privilegiado por la Escuela de Chicago es la ciudad como “laboratorio social”, con sus signos de desorganización, marginalidad, aculturación, asimilación; la ciudad como lugar de “movilidad”.

Uno de los principales estudiosos fue Robert Ezra Park (1864-1944), quien fundamentó sus estudios en lo que denominó "ecología humana". Robert E. Park define la ecología como la ciencia de las relaciones del organismo con el entorno que abarca el sentido amplio de las condiciones de existencia; uno de los componentes de la ecología humana es el territorio, y los medios están dentro de éste. Tomando como marco esta definición, se inician nuevos parámetros de estudio donde se observan las competencias entre individuos que tienen la misma cultura y que buscan la interacción entre ésta; se observan, por otra parte, las diferencias sociales y culturales que hacen a cada ser alguien diferente. Robert E. Park, E.W. Burguess y R. D. McKenzie, en The City (1925), presentan su programa como un intento de aplicación sistemática del esquema teórico de la ecología vegetal y animal al estudio de las comunidades humanas. En sus estudios sobre la sociabilidad en el seno del tejido de la vida urbana, Park admite la dificultad de trazar la línea de separación entre lo biótico y lo social.

La obra de Charles Horton Cooley (1864-1929) precedió a Robert E. Park en el análisis de los fenómenos y los procesos de comunicación. Cooley se dedicó a la etnografía de las interacciones simbólicas de los actores, siguiendo los pasos de George Herberd Mead, y fue el primero en usar la expresión “grupo primario” (Cooley, 1909) para denominar a los grupos que se caracterizan por una asociación y una cooperación íntima cara a cara.

La propia opción etnográfica estuvo supeditada a una concepción del proceso de individuación, de la construcción del self o ‘sí mismo’ (Mead, 1934). El individuo es capaz de una experiencia singular, única, que su historia vivida traduce, y está sometido al mismo tiempo a las fuerzas de la nivelación y la homogeneización de los comportamientos.

Con respecto a los medios de comunicación, desde la Escuela de Chicago éstos fueron concebidos como factores de emancipación, de ahondamiento en la experiencia individual, y como promotores de la superficialidad de las relaciones sociales y de los contactos sociales, de la desintegración. Uno de los postulados básicos de la escuela fue que si existe comunicación, es sólo en virtud de las diversidades o diferencias individuales, algo que se contradice si tomamos en cuenta las teorías que, en esa época, ponían el énfasis en el carácter homogéneo de la “masa” receptora de los medios de comunicación.

II.2. Premisas básicas

Desde el Interaccionismo Simbólico se destaca la naturaleza simbólica de la vida social. La finalidad principal de las investigaciones que se realizaron desde esta perspectiva fue el estudio de la interpretación por parte de los actores de los símbolos nacidos de sus actividades interactivas.

En este sentido, en Symbolic Interaccionism, Herbert Blumer (1968) establece las tres premisas básicas de este enfoque:

1. Los humanos actúan respecto de las cosas sobre la base de las significaciones que estas cosas tienen para ellos, o lo que es lo mismo, la gente actúa sobre la base del significado que atribuye a los objetos y situaciones que le rodean.
2. La significación de estas cosas deriva, o surge, de la interacción social que un individuo tiene con los demás actores.
3. Estas significaciones se utilizan como un proceso de interpretación efectuado por la persona en su relación con las cosas que encuentra, y se modifican a través de dicho proceso.

De estas premisas se extrae que el análisis de la interacción entre el actor y el mundo parte de una concepción de ambos elementos como procesos dinámicos y no como estructuras estáticas. Así entonces, se asigna una importancia enorme a la capacidad del actor para interpretar el mundo social.

Los interaccionistas simbólicos conciben el lenguaje como un vasto sistema de símbolos. Las palabras son símbolos porque se utilizan para significar cosas, y hacen posible todos los demás signos. Los actos, los objetos y las palabras existen y tienen significado sólo porque han sido o pueden ser descritas mediante el uso de las palabras.

Uno de los conceptos de mayor importancia dentro de la corriente del Interaccionismo Simbólico fue el de self, propuesto por George Herbert Mead. En términos generales, el self (‘sí mismo’) se refiere a la capacidad de considerarse a uno mismo como objeto; el self tiene la peculiar capacidad de ser tanto sujeto como objeto, y presupone un proceso social: la comunicación entre los seres humanos. El mecanismo general para el desarrollo del self es la reflexión, o la capacidad de ponernos inconscientemente en el lugar de otros y de actuar como hablarían ellos. Es mediante la reflexión que el proceso social es interiorizado en la experiencia de los individuos implicados en él. Por tales medios, que permiten al individuo adoptar la actitud del otro hacia él, el individuo está conscientemente capacitado para adaptarse a ese proceso y para modificar la resultante de dicho proceso en cualquier acto social dado.

Mead identifica dos aspectos o fases del self: el yo y el mí. El yo es la respuesta inmediata de un individuo a otro; es el aspecto incalculable, imprevisible y creativo del self. Las personas no saben con antelación cómo será la acción del 'yo'. El yo reacciona contra el mí, que es el conjunto organizado de actitudes de los demás que uno asume.

II.3. Las propuestas de Erving Goffman

En los años 60 y 70 destaca la obra de Erving Goffman (1922-1982), conocida por su extraordinaria minucia descriptiva, vertebrada por la idea de que la interacción social agota su significado social más importante en la producción de apariencias e impresiones de verosimilitud de la acción en curso. En Goffman, la sociedad se muestra como una escenificación teatral en que la vieja acepción griega de “persona” recobra plenamente su significado. Algunas de sus obras más representativas son La presentación de la persona en la vida cotidiana (1959), Estigma. La identidad deteriorada (1963) y Relaciones en público (1971).

El autor se propuso comprender la vida cotidiana de las instituciones. Entendiéndolas como sistemas cerrados, Goffman superó los enfoques clásicos, que él mismo agrupa en cuatro grandes rubros: el técnico, el político, el estructural y el cultural. Su enfoque dramático permite la intersección de los cuatro rubros anteriores y, por lo tanto, la captación de la vida institucional en todos sus aspectos. Es, en este sentido, un acercamiento multidimensional.
El punto de partida de Goffman fue un amplio conocimiento de la historia de las instituciones anglo-americanas. Progresivamente, completó una conceptualización de los actos de la vida cotidiana como escenificaciones: el modelo analógico se convirtió, así, en el cimiento de las observaciones posteriores que permitieron enriquecer y ajustar el modelo propuesto.

En primer lugar, el trabajo de Goffman no se limita a aportarnos un cuadro descriptivo de las instituciones observadas. Los datos son procesados y analizados, hacen surgir y retroalimentan al modelo interpretativo. En segundo lugar, las conclusiones analíticas rebasan el nivel del aquí y ahora. La comparación de diferentes estudios permite pasar a un segundo nivel de abstracción en el que el modelo es sometido una vez más a prueba. En tercer lugar, esta última fase es sometida una vez más al proceso analítico al final del cual es posible postular que las conclusiones y el modelo teórico-metodológico que lo sustentan tienen las características esenciales de un teorema general.

El modelo planteado por Erving Goffman recibió el nombre de enfoque dramático o análisis dramatúrgico de la vida cotidiana, y puede sintetizarse como sigue:
1. Permite comprender tanto el nivel macro (institucional) como el micro (el de las percepciones, impresiones y actuaciones de los individuos) y, por lo tanto, el de las interacciones generadas y generadoras de la vida social. En este sentido, destaca el importante papel asignado a la interacción –a la comunicación, así pues- en la formación de la vida social.

2. El poder interpretativo de este modelo tiene como límites el de los mundos culturales análogos al de las sociedades anglosajonas. Para conservar su poder heurístico en otras sociedades como las orientales, el modelo deberá ser alimentado con estudios de casos que permitan el ajuste de las categorías de análisis que conforman su estructura. En este punto se advierte una limitación en el modelo de Goffman; limitación que, por otro lado, se repite en cualquier modelo teórico-metodológico, realizado en un contexto –espacio-temporal- determinado.

3. Goffman lleva su reflexión sobre la interpretación dramática hasta sus últimas consecuencias. Así entonces, el autor retoma los elementos esenciales de su análisis para acercarse al problema del individuo. Es decir, lleva a la práctica el principio dialéctico que establece la relación y el enriquecimiento entre cada una de las fases de la investigación y, aplicando el conocimiento sobre los dos primeros niveles, logra explicar elementos de las actuaciones individuales inicialmente no definidos.

Uno de los elementos decisivos de la obra de Erving Goffman fue la conceptualización del “ritual”. Desde su perspectiva, más que de un suceso extraordinario, el ritual es parte constitutiva de la vida diaria del ser humano, por lo que se puede decir que la urdimbre de la vida cotidiana está conformada por ritualizaciones que ordenan nuestros actos y gestos corporales. En este sentido, los rituales aparecen como cultura encarnada, interiorizada, cuya expresión es el dominio del gesto, de la manifestación de las emociones y la capacidad para presentar actuaciones convincentes ante otros.

Las personas muestran sus posiciones en la escala del prestigio y el poder a través de una máscara expresiva, una ‘cara social’ (Goffman, 1959) que le ha sido prestada y atribuida por la sociedad, y que le será retirada si no se conduce del modo que resulte digno de ella; las personas interesadas en mantener la cara deben de cuidar que se conserve un cierto orden expresivo.

Goffman relacionó la conducta ritual interpersonal con las fases de los encuentros o interacciones cara a cara: el desafío, el ofrecimiento, la aceptación y el agradecimiento, entre otras. En dichas interacciones quedan expresados las reglas de etiqueta social y los atributos de las personas, tales como el orgullo, el honor, la dignidad y, en general, la posición social.
Del concepto de ritual propuesto por Goffman se derivaron dos ideas importantes. La primera, la de relacionar a los rituales con el proceso de comunicación, pues los rituales se ubican en la categoría de actos humanos expresivos, en oposición a los instrumentales. Además de ser un código de conducta, el ritual es un complejo de símbolos, pues transmite información significativa para otros. La segunda idea consiste en relacionar a los rituales con los movimientos del cuerpo, en el sentido de que la ritualización actúa sobre el cuerpo produciendo la obligatoriedad y asimilación de posturas corporales específicas en cada cultura.

II.4. La Etnometodología y el Interaccionismo simbólico

La Etnometodología no es un enfoque teórico, es más bien una orientación metodológica, que incluye varias técnicas de investigación. No hay que confundirla, por tanto, ni con un método ni con una teoría o paradigma.

El punto de partida básico de la orientación etnometodológica es que el contexto y el lenguaje, es decir, los escenarios sociales y las acciones que en ellos se producen, están determinados recíprocamente, conectados entre sí. En este sentido, igual que para el Interaccionismo Simbólico, para la Etnometodología el concepto de interacción es uno de sus pilares básicos, y se concibe como el fundamento de toda relación social.

Harold Garfinkel es el exponente principal de la Etnometodología, y con la voluntad de manifestar el carácter eminentemente práctico de esta orientación metodológica, el autor prefiere sustituir el término etnometodología por el de “neopraxeología” (Garfinkel, 1967).

El concepto de Etnometodología constituye una palabra afín a un conjunto de términos estándar en antropología, como etnobotánica, etnofísica, etnología, etc. El término “metodología” se refiere a un conglomerado de datos, más que a un aparato científico completo; mientras que el prefijo “etno” hace referencia a los conocimientos de sentido común que los sujetos tienen sobre su sociedad.

En términos generales, la Etnometodología se puede definir como el estudio de los modos en que se organiza el conocimiento que los individuos tienen de los cursos de acción normales, de sus asuntos habituales, de los escenarios acostumbrados. La vida cotidiana, por tanto, se erige en la principal “materia prima” de este enfoque metodológico. La Etnometodología se centra en estudiar los métodos o estrategias empleadas por las personas para construir, dar significado a sus prácticas sociales cotidianas. De alguna manera, intenta estudiar los fenómenos sociales incorporados a nuestros discursos y nuestras acciones a través del análisis de las actividades humanas. Como afirma Garfinkel (1967), la Etnometodología “reserva para las actividades más comunes de la vida cotidiana la atención normalmente concedida a los sucesos extraordinarios”. En aquello que normalmente vemos cosas, datos o hechos, el etnometodólogo ve los procesos mediante los cuales se crean y sostienen de manera constante las características de escenarios socialmente organizados (Pollner, 1974). Dicho de otro modo, el etnometodólogo estudia las prácticas, los métodos con los que los sujetos viven la normalidad, la continuidad y la estabilidad de su vida cotidiana.

A partir de los 70, se diferencian dos grandes tendencias dentro de la orientación etnometodológica:

– Por una parte, se siguen abordando los objetos de estudio tradicionales, tales como la educación, la justicia, la organización, etc., en todos los casos a partir de las etnografías en instituciones y en situaciones de interacción social, tomando como punto de partida que las acciones de las personas sólo pueden explicarse en referencia al contexto dentro del cual tienen lugar.

– Por la otra, comienza a tomar auge el análisis conversacional, centrado en la organización del diálogo en la actividad cotidiana, en cómo se presentan la ordenación y coherencia en los intercambios conversacionales .

Para recapitular, se apuntan las características esenciales de los estudios con orientación etnometodológica:

1. Proponen analizar cualquier coyuntura social (un ritual religioso, una conversación familiar, etc.) según el punto de vista del sentido que le dan los sujetos sociales implicados en dicha coyuntura.
2. Observan la racionalidad del comportamiento en la vida cotidiana.
3. No se preguntan si existe el mundo, sino “¿cómo puedo saber que existe un mundo social compartido con y por los demás?” (Skidmore, 1975).
4. Rechazan el punto de vista acostumbrado según el cual la eficiencia, la concreción, la inteligibilidad, la coherencia, etc., son fijadas, reconocidas y categorizadas a partir de reglas y modelos independientes de la situación social.
5. Proponen la hipótesis de que cada situación social ha de ser considerada como autoorganizada.
6. El centro de análisis es la vida cotidiana, pero esta vez observada a partir de los métodos con los cuales se construye un escenario de sentido común. Así, “el tema crucial de la etnometodología (…) es el análisis de los modos comunes en que los individuos hacen racionales y explicables sus experiencias de todos los días. En otras palabras, la etnometodología es una sociología de la vida cotidiana” (Filmer y otros, 1972: 217).
7. El centro de su indagación es el proceso con que los miembros sociales producen y sostienen un sentido de la estructura social en la que interaccionan.
Pese al interés que despierta la orientación o enfoque etnometodológico, este no ha estado exento de críticas. Algunos de los aspectos que le han sido criticados a la Etnometodología son los siguientes:
• Llega a un relativismo sin salida que le impide producir ninguna afirmación teórica sólida y sistemática.
• Es banal y trivial; es un desierto intelectual; es un conjunto de puntos de vista (Mc Sweeney, 1973: 141-142).
• Falta mayor profundidad al tratar la relación entre vida cotidiana e instituciones sociales. Por ejemplo, el problema del poder está ausente en sus estudios.
• La consideración de que los fenómenos sociales existen sólo en la medida en que el hombre de la calle los clasifica o los identifica como existentes es del todo insostenible (Giddens, 1976: 52).
Concluimos este apartado con una frase que, a nuestro entender, resume el sentido último de los estudios etnometodológicos: “la moraleja que nos ofrece la etnometodología es la de volver a la tierra y alcanzar una más completa comprensión del ‘mundo dado por descontado’, evitando así la tendencia a erigir vastos edificios sociológicos” (Gidlow, 1972: 396).

III. La Escuela de Palo Alto

Los autores más representativos de la Escuela de Palo Alto son Gregory Bateson, Paul Watzlawick y Don Jackson. Las propuestas de los tres autores, entre otros, confluyeron en una visión interdisciplinaria de la comunicación, lo cual queda demostrado en su voluntad de elaborar una teoría general de la comunicación humana que pudiera ser aplicada en contextos tan distintos como la psicoterapia y el sistema familiar, entre otros temas.

III.1. Orígenes y propuestas iniciales

Desde los años 40, un grupo de investigadores de los Estados Unidos procedentes de la antropología, la lingüística, las matemáticas, la sociología, la psiquiatría, etc., se muestran contrarios a la Teoría matemática de la Comunicación (1948) de Claude E. Shannon y Warren Weaver, que se estaba imponiendo como referencia maestra. Por oposición al modelo lineal de Shannon y Weaver, conocido también como el “Modelo telegráfico”, la propuesta de la Escuela de Palo Alto se conoce, también, como “Modelo orquestral de la comunicación”. En palabras de Yves Winkin (1982: 25), “el modelo orquestral, de hecho, vuelve a ver en la comunicación el fenómeno social que tan bien expresaba el primer sentido de la palabra, tanto en francés como en inglés: la puesta en común, la participación, la comunión” . La historia de la Escuela de Palo Alto, también conocida como “Colegio Invisible”, comienza en 1942 con Gregory Bateson, que se asocia con Ray Birdwhistell, Edward T. Hall, Irving Goffman y Paul Watzlawick, entre otros. Todos ellos proponen una alternativa al modelo lineal de la comunicación, y trabajan a partir del modelo circular retroactivo propuesto por Norbert Wiener en su ya clásica obra Cibernética, o el control y comunicación en animales y máquinas (1948).

Para los autores de la Escuela de Palo Alto, la comunicación debe ser estudiada por las ciencias humanas a partir de un modelo que le sea propio, y hay que concebir la investigación en comunicación en términos de niveles de complejidad, contextos múltiples y sistemas circulares.

La principal aportación de esta corriente de pensamiento es que “el concepto de comunicación incluye todos los procesos a través de los cuales la gente se influye mutuamente” (Bateson y Ruesch, 1984). La comunicación fue estudiada, por tanto, como un proceso permanente y multidimensional, como un todo integrado, incomprensible sin el contexto en el que tiene lugar. La definición de comunicación que se puede extraer de la obra de estos autores es común a todos los representantes de la Escuela de Palo Alto. En uno de los pasajes iniciales del libro, Bateson y Ruesch (1984: 13) afirman que “la comunicación es la matriz en la que se encajan todas las actividades humanas”.

De ahí que este enfoque inaugure una forma de comprender la comunicación mucho más amplia, superando el enfoque anterior y ubicando la reflexión sobre la comunicación en un marco holístico, como fundamento de toda actividad humana.

III.2. Premisas básicas: los “Axiomas de la Comunicación”

Desde su comprensión de la comunicación en términos contextuales, las premisas fundamentales de la Escuela de Palo Alto se pueden resumir como sigue:
1. La esencia de la comunicación reside en procesos de relación e interacción.
2. Todo comportamiento humano tiene un valor comunicativo.
3. Los trastornos psíquicos reflejan perturbaciones de la comunicación entre el individuo portador del síntoma y sus allegados.

De estas premisas se infiere, por tanto, el concepto de comunicación del que parten los autores de la Escuela de Palo Alto: la comunicación es un proceso social permanente que integra múltiples modos de comportamiento, tales como la palabra, el gesto, la mirada y el espacio interindividual.

Los fundamentos teórico-conceptuales de la Escuela de Palo Alto se establecen de forma muy clara en los denominados “Axiomas de la Comunicación” (Watzlawick, Jacskon y Beavin, 1971). En la obra Teoría de la Comunicación Humana, los tres autores explicitan los siguientes puntos de partida para el abordaje de la comunicación:
- Es imposible no comunicar, por lo que en un sistema dado, todo comportamiento de un miembro tiene un valor de mensaje para los demás;
- En toda comunicación cabe distinguir entre aspectos de contenido o semánticos y aspectos relacionales entre emisores y receptores;
- La definición de una interacción está siempre condicionada por la puntuación de las secuencias de comunicación entre los participantes;
- Toda relación de comunicación es simétrica o complementaria, según se base en la igualdad o en la diferencia de los agentes que participan en ella, respectivamente.

El planteamiento de estos axiomas rompe con la visión unidireccional o lineal de la comunicación. De alguna manera, los axiomas marcan el inicio para comprender que la comunicación no es sólo cuestión de acciones y reacciones; es algo más complejo, y debe pensarse desde un enfoque sistémico, a partir del concepto de intercambio. Así entonces, “la comunicación en tanto que sistema no debe pues concebirse según el modelo elemental de la acción y la reacción, por muy complejo que sea su enunciado.

En tanto que sistema, hay que comprenderla al nivel de un intercambio” (Birdwhistell, 1959: 104) .

Los axiomas de la comunicación confirman el modelo relacional, sistémico, que enmarca toda la reflexión sobre los fenómenos comunicativos realizada desde la Escuela de Palo Alto. En una situación comunicativa, por tanto, el objeto de estudio fundamental es la relación misma, más que las personas que están implicadas en ella. De ahí que la interacción se erija como el centro del debate y como el objeto a atender antes que cualquier otro elemento.

III.3. Propuestas metodológicas: “encuadrar las observaciones”

Ver la comunicación de forma holística –multidimensional-, ubicarla en el marco de un contexto determinado, obliga a pensar las metodologías o formas de acercarse a ella. Alex Mucchielli (1998) recupera los aportes de la Escuela de Palo Alto y afirma que, según este enfoque, “una acción, una comunicación, es decir, una interacción, si se analiza por sí misma carece de sentido” (Mucchielli, 1998: 42). Por ello, se hace hincapié en una de las ideas fundamentales aportadas por Paul Watzlawick, quien afirma que “un segmento aislado de comportamiento es algo que formalmente no se puede definir, es decir, que carece de sentido” (Watzlawick et. al., 1971: 37). Estas consideraciones ponen en evidencia que el contexto es una de las categorías analíticas fundamentales para el estudio de la comunicación.

Así pues, las acciones, las interacciones, no pueden entenderse si no se ubican en un contexto, sin atender al sistema o escenario en el que se realizan o tienen lugar.
Todas estas afirmaciones se sintetizan con lo que los investigadores de la Escuela de Palo Alto nombraron como “encuadrar las observaciones” (Watzlawick et. al., 1971), lo cual significa que “hay que aprender a mirar todo el entorno de un fenómeno comunicativo para poder percibir el conjunto de actores implicados” (Mucchielli, 1998: 46).

Para ello, los investigadores se situaron en lo que se denomina investigación hic en nunc -aquí y ahora-. La lectura de un pasaje de la obra de Paul Watlawick puede hacer comprensible la naturaleza básica de este tipo de investigación:
“Sin ninguna duda, el comportamiento se encuentra determinado, al menos parcialmente, por la experiencia anterior, pero se es consciente de lo aventurado que resulta buscar las causas en el pasado... La memoria se basa esencialmente en pruebas subjetivas... Pero todo lo que A le dice a B sobre su pasado está ligado estrechamente a la relación actual en curso entre A y B y se encuentra determinado por dicha relación. Si, por el contrario, se estudia directamente la comunicación de un individuo con los miembros de su entorno... se pueden llegar a identificar diferentes modelos comunicativos de valor diagnóstico, que permitan determinar una estrategia de intervención terapéutica tan apropiada como sea posible. Este tipo de enfoque constituye más bien una investigación hic et nunc que una investigación del sentido simbólico, de las motivaciones o de las causas deducidas del pasado... El síntoma... deja percibir bruscamente su significación si se lo reemplaza en el contexto de interacción actualmente en curso entre un individuo y su medio humano.

El síntoma aparecerá como una redundancia, como una regla de ese “juego” específico que caracteriza su interacción, y no como el resultado de un conflicto sin resolver entre dos fuerzas intrapsíquicas superpuestas” (Watzlawick et. al., 1971: 40-41).
El pasado, así entonces, es sustituido por la situación de interacción presente, la que se está dando “aquí y ahora”. Esta forma de abordar la comunicación constituyó una novedad. El punto de vista determinista según el cual lo pasado influye necesaria y directamente sobre lo presente, se deja a un lado para dotar de mayor importancia al momento actual, a la situación comunicativa que, enmarcada en un contexto determinado pero presente, es portadora del significado sustantivo que caracteriza a esa misma situación de interacción.

Aunado a este enfoque presente, otro cambio importante en la perspectiva propuesta por la Escuela de Palo Alto para el abordaje de los fenómenos comunicativos es la importancia otorgada al qué y al como de la situación, abandonando la reflexión sobre las causas de las situaciones y los sujetos mismos que en ellas participan. Atendiendo a esta idea, se puede decir que la perspectiva interaccional “es algo nuevo... examina los acontecimientos y los problemas en términos de comportamientos entre individuos de un sistema de relaciones sociales... se dirige hacia el “qué” y el “cómo” de la situación (en vez de hacia el por qué o el quién)... le interesa menos el origen o los fines últimos que la situación actual, así como el modo en el que se perpetúa y se podría modificar” (Weakland, 1977: 456).

IV. Hacia un nuevo concepto de comunicación

Las aportaciones del Interaccionismo Simbólico y la Escuela de Palo Alto a la comprensión de la comunicación se resumen en considerarla como la base de la interacción social y, de este modo, como fundamento para la construcción del mundo social. Sin comunicación, dirían los autores de ambos enfoques, no se puede hablar de sociedad.

Así pues, la cultura y el aprendizaje humanos se realizan mediante la comunicación, o interacción simbólica, por la que cada ser humano adquiere el propio sentido del ser, su carácter e identidad. El self (Mead, 1934), o el ‘yo espejo’ (Cooley, 1909), es la constitución de un yo a partir de la interacción con los demás. Para George H. Mead, vamos adquiriendo nuestro sentido del yo de un modo simétrico a nuestro sentido de la existencia del otro. Así, cada uno de nosotros llega a ser consciente de una especie de otro generalizado, a saber, la sociedad en general.

Cada situación de interacción se define de acuerdo con el bagaje simbólico que poseemos y que proyectamos in situ, definiendo la situación de interacción en la que nos encontramos. La interacción simbólica –la comunicación- es el medio por el cual se realiza la socialización humana que acompaña toda la vida del ser social.
Lo interesante de las aportaciones del Interaccionismo Simbólico y la Escuela de Palo Alto es que ponen en evidencia la importancia de retomar y de hacer observable la comunicación atendiendo a su significado originario: la puesta en común, el diálogo, la comunión.


Bibliografía

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Weakland, J. (1977) “Somatique familiale: une marge negligé”, en Watzlawick, P. y Weakland, J. (comps.) (1981) Sur l’interaction, Seuil.
Wiener, Norbert [1948] (1985) Cibernética, o el control y comunicación en animales y máquinas, Tusquets, Barcelona.
Winkin, Yves (coord.) (1982) La nueva comunicación, Kairós, Barcelona.
Wittezaele, Jean-Jacques; García, Teresa (1994) La Escuela de Palo Alto. Historia y evolución de las ideas esenciales, Herder, Barcelona.

Enlaces en Internet sobre Interaccionismo Simbólico, Escuela de Palo Alto y temas afines:

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Comunicación interpersonal: el efecto Palo Alto Jaime Llacuna Morera
http://www.nombrefalso.com.ar/materias/apuntes/pdf/giddens.pdf
Conciencia, propio ser y encuentros sociales Anthony Giddens http://www.cem.itesm.mx/dacs/publicaciones/logos/libros/libros/TCSCres.pdf ¿Qué es la Teoría cognitiva sistémica de la comunicación?
Raymond Colle http://www.infoamerica.org/teoria/bateson3.htm
Enlaces sobre Gregory Bateson. Portal Infoamérica.
http://www.infoamerica.org/teoria/bateson4.htm
Textos de Gregory Bateson. Portal Infoamérica
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Perfil biográfico de Gregory Bateson. Portal Infoamérica
http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n36/onajera.html

Las Ciencias de la Comunicación Frente a los Nuevos Paradigmas Científicos
Ozziel Nájera
http://www.centroditerapiastrategica.org/giorgio_nardone.html
Centro de Terapia Estrategia del Mental Research Institute.
http://perso.wanadoo.es/aniorte_nic/apunt_terap_famil_13.htm
Introducción a la sistémica y terapia familiar Luis Cibanal
http://www.uv.mx/cienciahombre/revistae/vol16num2/articulos/paradojas/paradojas.htm
Las paradojas de la vida. Angel Rodríguez Kauth
http://www.cop.es/colegiados/M-00407/CONSTRUCTIVISMO.HTM
El constructivismo en psicología
http://www2.udec.cl/~ivalfaro/apsique/ensayos/index.php?texto=crit_ter_sist.html
Posibilidad de una metodología participativa crítica en el enfoque sistémico clínico de la psicología. J. Naranjo
http://www.ieev.uma.es/edutec97/edu97_c5/2-5-01.htm
Introducción a los principios sistémicos de comunicación en su aplicación a la organización educativa. Ana Guil Bozal
http://sunwc.cepade.es/~jrivera/bases_teor/sys_teor/basic_concepts/evol_histor_system_theor.htm
Evolución histórica de las teorías y conceptos sobre “sistema”. José Rodríguez de Rivera
http://prof.usb.ve/miguelm/laetnometodologia.html
La Etnometodología y el Interaccionismo Simbólico. Sus aspectos metodológicos específicos.
Miguel Martínez Miguélez
http://www.monografias.com/trabajos11/metateo/metateo2.shtml
Hacia un Interaccionismo simbólico más integrador Manuel Aliaga
http://members.fortunecity.es/robertexto/archivo3/teor_socol_educac_3.htm
Teorías sociológicas de la educación
http://atzimba.crefal.edu.mx/bibdigital/acervo/retablos/RP03/tiv42.htm
Los métodos cualitativos
http://www.rau.edu.uy/fcs/dts/Psicologiasocial/d07mead.pdf
George Herbert Mead. Una invitación, una lección magistral. Antonio Pérez
http://www.margen.org/catedras/Goffman%20y%20el%20agenciamiento%20microsociologico.doc.
Goffman y el agenciamiento microsociológico Faber Hernán Alzate
http://www.geocities.com/rincondepaco2001/egoffman.html
Erving Goffman
http://www.cem.itesm.mx/dacs/publicaciones/logos/actual/mrizo.html
El Camino Hacia la “Nueva Comunicación”. Breve Apunte Sobre las Aportaciones de la Escuela de Palo Alto Marta Rizo
http://www.monografias.com/trabajos/goffman/goffman.shtml
Erving Goffman o la descalificación de la inocencia Carlos González
http://www.monografias.com/trabajos14/paul/paul.shtml
Paul Watzlawick: teoría de la comunicación humana María Luz
http://www.infoamerica.org/teoria/watzlawick_1.htm
Perfil biográfico de Paul Watzlawick Portal Infoamérica
http://www.infoamerica.org/teoria/watzlawick_2.htm
El pensamiento de Paul Watzlawick Portal Infoamérica
http://www.infoamerica.org/teoria/watzlawick_3.htm
Textos de Paul Watzlawick Portal Infoamérica
http://www.razonypalabra.org.mx/
Revista Electrónica Razón y Palabra, núm. 40. Agosto-Septiembre 2004. México.
Número dedicado a la Escuela de Palo Alto.

viernes, 12 de febrero de 2010

EL MUNDO EXTERIOR Y NUESTRAS IMÁGENES MENTALES. Por Walter Lippmann

En La opinión pública, Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1964, publicación original de 1922. Gentileza de Natalio Stecconi

"-Imagínate a seres humanos que vivan en una cueva subterránea por cuya entrada se filtre la luz exterior; que estos seres hayan permanecido allí desde su infancia con sus piernas y cuellos encadenados de tal manera que no se puedan mover ni volver el rostro, mirando siempre hacia adelante. Imagínate que detrás de ellos brille, a cierta altura, el resplandor de una fogata, y que entre el fuego y los prisioneros cruce un camino escarpado. Figúrate a lo largo de este camino una tapia semejante a la pantalla que los titereros levantan entre ellos y sus espectadores para ocultarles los secretos de las maravillas que les enseñan.

-Lo veo.

-Imagínate, ahora, a hombres que pasen ocultamente por detrás de la tapia transportando sobre ella vasijas que se proyectan en la pared interior de la cueva, así como también, figuras de hombres y animales realizados en madera y en piedra, y, como habría de esperarse, que algunos de estos hombres conversen y
otros permanezcan en silencio.

-Este cuadro es singular y los prisioneros extraños.

-Tan extraños como nosotros. Ellos ven solamente sus propias sombras que la luz proyecta sobre la pared interior de la cueva.

-Eso es verdad. ¿Cómo atinarían a ver otra cosa que sus sombras si no les es permitido volver el rostro?

- ¿Y no crees que de los objetos transportados sólo verían sus sombras?

-Ciertamente.

-Y si pudieran hablar entre ellos, ¿no convendrían mutuamente en dar a las sombras el nombre de las cosas mismas que representan?"


PLATÓN. "La República", Libro VII.

1

Hay una isla en el medio del océano donde vivían, en 1914, algunos ingleses, franceses y alemanes. El telégrafo no 1lega a la isla y el paquebote británico pasa cada sesenta días. Todavía no había llegado en el mes de septiembre y los isleños aun comentaban el último periódico con noticias del próximo juicio de la señora Caillaux, la asesina de Gastón Calmette. Así fue que un día, a mediados de septiembre, se reunió toda la colonia en el muelle, con más entusiasmo que el de costumbre, para oír de boca del capitán cuál había sido el veredicto. Se enteraron, en cambio, de que, desde hacía más de seis semanas, los ingleses y franceses, defendiendo la inviolabilidad de los tratados, se hallaban en guerra con los alemanes. Durante aquellas seis extrañas semanas se habían comportado como amigos, cuando en realidad eran enemigos.

Sin embargo, el problema de estos hombres no era tan distinto del de la mayoría de los habitantes de Europa. Para ellos el error había durado seis semanas: en el continente, el intervalo fue quizá tan sólo de seis días, o de seis horas, pero también hubo intervalo. Durante un momento, la imagen de Europa, según la cual los hombres manejaban como de costumbre sus asuntos, no correspondió para nada a la Europa que estaba por sembrar el desorden en sus vidas. Para cada hombre hubo un período de tiempo durante el cual se encontró aun adaptado a un ambiente que ya no existía. Por todo el mundo, y hasta en fechas tan tardías como el 25 de julio, los hombres seguían fabricando mercaderías que ya no podrían exportar, compraban
otras que les sería imposible importar, proyectaban estudios, consideraban negocios, vivían esperanzados y a la expectativa, siempre en la creencia de que el mundo que conocían era el mundo real. Confiando en la imagen mental que de él se hacían, hasta escribían libros para describirlo. Y luego, pasados más de cuatro años, un jueves por la mañana, llegó la noticia del armisticio, y la gente pudo, por fin, manifestar un alivio inefable al saber que la matanza había acabado. No obstante lo cual durante los cinco días que precedieron al armisticio efectivo, y a pesar de que se hubiese celebrado ya el fin de la guerra, murieron aun varios miles de jóvenes en los campos de batalla.

Mirando hacia atrás vemos cuán indirecto es nuestro conocimiento del ambiente en el cual vivimos. Las noticias nos llegan a veces con rapidez, otras veces con lentitud, pero tomamos lo que creemos ser una imagen verdadera por el ambiente auténtico. Resulta más difícil aplicar esto a las creencias que rigen actualmente nuestros actos, pero en lo que se refiere a otros pueblos y a tiempos remotos, pretendemos que
es fácil saber cuándo se tomaba absolutamente en serio lo que sólo eran imágenes ridículas del mundo. Gracias a nuestra visión a posteriori, insistimos en que el mundo, tal como deberían haberlo conocido esos pueblos, y el mundo tal como en efecto lo conocieron, fueron a menudo dos cosas completamente contradictorias. Vemos también que, mientras gobernaban y luchaban, mientras comerciaban y pretendían realizar reformas en el mundo que ellos imaginaban, obtenían resultados, o no los obtenían, en el mundo tal como era de verdad: salieron en busca de las Indias y descubrieron a América; diagnosticaron al maligno y quemaron ancianas; creyeron que podrían enriquecerse vendiendo siempre sin comprar nunca; un califa, obedeciendo a lo que él tomaba por voluntad de Alá, quemó la biblioteca de Alejandría.

Alrededor del año 389, San Ambrosio cita en sus escritos el caso del prisionero de la caverna de Platón que se niega resueltamente a dar vuelta la cabeza. "La discusión sobre la naturaleza y la posición de la tierra no contribuye en nada a nuestra esperanza de una vida futura. Basta saber lo que afirman las Escrituras: ‘Dios cuelga la tierra sobre la nada' (Job, XXVI, 7) ¿Por qué entonces discutir si Dios colocó la tierra en el aire o en el agua, e iniciar una controversia sobre la manera en que el aire liviano puede sostenerla, o, si fue colocada sobre las aguas, razón por la cual no va a estrellarse contra el fondo?... No es porque se encuentre en el centro, como suspendida en equilibrio, que la tierra permanece estable por encima de la inestabilidad y del vacío, sino porque la majestad de Dios la obliga a ello por la ley de Su voluntad."

No contribuye para nada a nuestra esperanza de una vida futura, basta saber lo que afirman las escrituras, no vale la pena discutir... Sin embargo, un siglo y medio más tarde la opinión seguía perturbada, en esta ocasión por el problema de los antípodas. Se le encargó entonces a un monje llamado Cosmas, famoso por
sus triunfos científicos, que escribiera una topografía cristiana, u "Opinión cristiana sobre el mundo". No hay duda que Cosmas sabía exactamente lo que se esperaba de él, pues basó todas sus conclusiones sobre su interpretación de las Escrituras: el mundo es un paralelogramo chato, dos veces más ancho de este a oeste
que de norte a sur; en el centro está la tierra, rodeada de océano, el cual, a su vez, está rodeado por otra tierra donde vivían los hombres antes del diluvio; de esta otra tierra zarpó Noé; en el norte se encuentra una elevada montaña cónica, alrededor de la cual giran el Sol y la Luna; cuando el Sol se esconde detrás de la montaña es de noche; el cielo está pegado a los bordes de la tierra exterior y consta de cuatro altas paredes que se encuentran en un techo cóncavo, de manera que la tierra es el piso del universo; hay un océano del otro lado del cielo que forma "las aguas que están sobre los cielos"; el espacio entre el océano celestial y el último techo del universo pertenece a los benditos y el espacio entre la tierra y el cielo está habitado por los ángeles; finalmente, puesto que San Pablo ha dicho que todos los hombres fueron creados para vivir sobre "la faz de la tierra", ¿cómo se podría vivir sobre el dorso, donde se supone que están los Antípodas?

"Con este pasaje ante sus ojos, un cristiano no debería ni hablar de los Antípodas."
Menos aun debe ir hacia los Antípodas y ningún príncipe cristiano debe darle una embarcación para intentarlo. Por otra parte, un marino religioso ni siente deseos de hacerlo. Cosmas no encontraba, en lo más mínimo, que su mapa fuese absurdo. Sólo al pensar en su convicción absoluta de que éste era el mapa del universo, podemos llegar a comprender el temor que le hubiesen inspirado Magallanes, Peary o el aviador
que corrió el riesgo de chocar con los ángeles y la bóveda celeste al volar en el aire a una altura de siete millas. De la misma manera, podremos comprender mejor la furia de las guerras y de la política si recordamos que casi todos los partidos creen, en forma absoluta, en la imagen que se hacen de la oposición y que toman por hechos, no los que en realidad lo son, sino los que suponen ser hechos. Como Hamlet,
apuñalan a Polonio detrás de la cortina que cruje, creyendo que es el rey, y quizá como Hamlet agreguen:

"¡Y tú, miserable, temerario, entremetido, bobo, adiós!
Te había tomado por alguien más elevado; sufre tu suerte."

2

En general, el público conoce a los grandes hombres, aun durante su vida, a través de una personalidad ficticia. De ahí la parte de verdad que hay en el dicho: "Ningún hombre es un héroe para su criado". Sólo una parte de verdad, ya que a menudo el criado, o el secretario privado, se encuentran presos también de la ficción. Los personajes de la realeza tienen, por supuesto, personalidades fabricadas. Pueden creer ellos mismos en el personaje público que encarnan o limitarse a que el chambelán dirija sus entradas en escena, pero siempre están compuestos de, por lo menos, dos seres distintos: un yo público y real, otro privado y humano. Más o menos todas las biografías de los grandes hombres se reducen a las historias de estos dos
seres: el biógrafo oficial reproduce la vida pública, las memorias revelan la otra. El Lincoln de Charnwood, por ejemplo, es un retrato lleno de nobleza, no de un ser humano real y efectivo, sino de una figura épica, repleta de significado, que se mueve casi al mismo nivel que Eneas o San Jorge. El Hamilton de Oliver es una majestuosa abstracción, la escultura de una idea, "un ensayo de la unión americana", como lo llama el mismo Oliver. Es un monumento solemne a 1a política del federalismo, pero apenas la biografía de una persona. A veces, cuando la gente cree revelar su vida interior no hace más que crearse una fachada. Los diarios de Repington y de Margot Asquith son tipos de autorretratos en los cuales el detalle íntimo constituye un indicio sumamente revelador de lo que los autores gustan pensar de ellos mismos.

Pero el tipo de retrato más interesante es el que nace espontáneamente en las mentes de la gente. Cuando subió al trono la reina Victoria, dice Lytton Strachey, "hubo una gran ola de entusiasmo en el público de afuera. Lo sentimental y lo novelesco se estaban poniendo de moda y el espectáculo de la niña reina, inocente y modesta, con cabellos rubios y mejillas rosadas, que atravesaba su capital, llenó los corazones
de los espectadores de afecto y lealtad. Lo que más fuertemente impresionó a todos fue el contraste entre la reina Victoria y sus tíos. Los viejos desagradables, relajados, egoístas, testarudos y ridículos, con su eterna carga de deudas, confusiones y vergüenzas, habían desaparecido, como las nieves de invierno, y aquí, por fin, coronada y radiante, estaba la primavera".

Jean de Pierrefeu vio en forma directa esta idolatría de los héroes, pues era oficial del estado mayor de Joffre en la época de apogeo:

Durante dos años, el mundo entero rindió un homenaje casi divino al vencedor del Marne. El encargado de los equipajes se doblaba realmente en dos, bajo el peso de las cajas, los paquetes y las cartas que le enviaban gentes desconocidas, en testimonio frenético de admiración. Creo que ningún comandante, fuera del general Joffre, ha podido hacerse una idea semejante de la gloria durante la guerra. Le enviaban cajas de bombones de las más grandes confiterías del mundo, cajones de champaña, vinos finos de todas las cosechas, fruta, caza, adornos, utensilios, ropa, artículos para fumar, tinteros, pisapapeles. Cada región mandaba su especialidad. El pintor enviaba su cuadro, el escultor su estatuita, la encantadora anciana la bufanda o las medias y el pastor, en su choza, tallaba una pipa especialmente para él. Todos los fabricantes del mundo hostil a los alemanes enviaban sus productos: La Habana sus cigarros, Portugal su oporto. Conocí a un peluquero que no encontró nada mejor que hacer un retrato del general utilizando el cabello de sus seres queridos; un calígrafo profesional tuvo la misma idea, pero los rasgos estaban formados
por miles de frases cortas, escritas con letra minúscula, que cantaban las alabanzas del general. En cuanto a las cartas, las tenía de todas las caligrafías, de todos los países, en todos los dialectos: cartas afectuosas, agradecidas, desbordantes de cariño, llenas de adoración. Lo llamaban el salvador del mundo, el padre de
su país, el agente de Dios, el bienhechor de la humanidad, etc.... Y no sólo los franceses, sino también los norteamericanos, argentinos, australianos, etc., etc.... Miles de niñitos, sin que sus padres lo supieran, tomaban la pluma y le escribían para manifestarle su cariño: la mayoría lo llamaba Padre Nuestro. Estas efusiones, esta adoración, los suspiros de alivio que escapaban de miles de corazones ante la derrota del barbarismo, estaban impregnadas de una dolorosa agudeza. Para todas estas almas inocentes, Joffre era un San Jorge que aplasta al león. No hay duda de que encarnaba, en la conciencia de la humanidad, la victoria del bien sobre el mal, de la luz sobre las tinieblas.

Dementes, bobos, locos a medias y locos del todo dirigieron sus mentes ensombrecidas hacia él, como quien mira a la razón misma. He leído una carta de una persona que vivía en Sydney, pidiendo al general que lo salvara de sus enemigos; otro, un neocelandés, le pidió que mandase unos soldados a la casa de un señor que le debía diez libras y se negaba a pagárselas.

Finalmente, centenares de muchachas, venciendo la timidez característica del sexo, pidieron comprometerse con él, a escondidas de sus familias; otras deseaban tan sólo servirlo.

Las victorias ganadas por su estado mayor y sus tropas, la desesperación de la guerra, los duelos individuales y la esperanza de una futura victoria, todo esto combinado había creado la imagen idealizada de Joffre. Pero, además de la idolatría de los héroes, existe el exorcismo de los demonios, fabricados según el mismo mecanismo que encarna a los héroes. Si todo lo bueno provenía de Joffre, Foch, Wilson o Roosevelt, todo lo malo tenía su origen en el kaiser Guillermo, Lenin y Trotsky, quienes eran tan todopoderosos en el mal como lo eran los héroes en el bien. Para muchas mentes ingenuas y atemorizadas no había contratiempo político, huelga, obstáculo, muerte inexplicada o conflagración misteriosa en todo el mundo
cuyas causas no se remontasen a estas fuentes personales de maldad.

3

El hecho de que todo el mundo concentre su atención sobre una personalidad simbólica es lo suficientemente raro como para que se lo encuentre extraordinario, y cada autor cita aquel caso preferido, para él sorprendente e incontestable. La vivisección de la guerra pone en evidencia dichos ejemplos, pero éstos no nacen de la nada. En una vida pública más normal, estas imágenes simbólicas influyen igualmente sobre el comportamiento, pero cada símbolo resulta menos concluyente por haber tantos otros que rivalizan con él. No sólo está cargado con menos sentimientos por representar a una parte de la población, sino que aun dentro de esa parte hay una supresión infinitamente menor de las diferencias individuales. En épocas de
mediana seguridad, los símbolos de la opinión pública están sujetos a represiones, comparaciones y discusiones. Vienen y van, sirven de nexos, se olvidan, y nunca organizan del todo las emociones del grupo. Después de todo, queda tan sólo una actividad humana en la cual los pueblos llevan a cabo la unión sagrada: esto ocurre en esas fases intermedias de una guerra, cuando el temor, la pugnacidad y el odio han
logrado dominar completamente al espíritu, ya sea para aplastar a los demás instintos que en él quedan, o bien para lograr su adhesión antes de que se canse.

En casi todos los demás momentos, y aun durante la guerra, cuando la lucha está paralizada, surge una gran cantidad de sentimientos, creando conflictos, opciones, hesitaciones y compromisos. Ya veremos más adelante que el simbolismo de la opinión pública lleva, en general, la marca de este interés oscilante. Pensemos, por ejemplo, en lo rápido que desapareció, después del armisticio, el símbolo precario de la Unión Aliada, que nunca llegó a implantarse con éxito, y cómo, inmediatamente después, se derrumbaron las imágenes simbólicas que cada país se hacía de los demás: Gran Bretaña, defensora de la ley pública; Francia, vigía en la frontera de la libertad; Norteamérica, conductora de cruzadas. Pensemos además cómo
se fue diluyendo dentro de cada nación, la imagen simbólica que tenía de sí misma, cuando, por conflictos de clase y partido y por ambiciones personales, se empezaron a remover cuestiones que habían sido postergadas; cómo cayeron las imágenes simbólicas de los líderes, Wilson, Clemenceau y Lloyd George, que cesaron de encarnar la esperanza humana y se volvieron tan sólo los negociadores y administradores de un mundo desilusionado.

No se trata de saber aquí si lamentamos este hecho como uno de los dulces males de la paz o si lo aplaudimos como un regreso a la cordura. Nuestra primera preocupación al tratar con ficciones y símbolos es olvidar sus valores en el orden social existente y pensar que son simplemente una parte importante de la maquinaria
de la comunicación humana. Ahora bien, en cualquier sociedad que no se encierre por completo en sus propios intereses y que sea lo suficientemente reducida para que cada uno se entere a fondo de todo lo que ocurre, las ideas se refieren a sucesos lejanos y difíciles de comprender. La señorita Sherwin, en Gopher Prairie, sabe que en Francia hay una guerra terrible y quiere imaginársela. No ha estado nunca en ese país y por cierto que nunca ha recorrido lo que, en ese momento, es el frente de batalla. Ha visto fotografías de soldados franceses y alemanes, pero le es imposible imaginar tres millones de hombres. Nadie, por otra parte, es capaz de imaginar tal cosa, y los profesionales ni intentan hacerlo. Cuando piensan en los soldados, lo hacen más bien en términos de divisiones. Pero la señorita Sherwin no tiene ningún
acceso al universo de la tacticografía y si ha de pensar en la guerra, se aferra mentalmente a Joffre y al kaiser como si estuviesen comprometidos en un duelo personal. Si pudiésemos ver lo que ella ve con la mente, la estructura de esta imagen se parecería sin duda bastante a los grabados del siglo XVIII que
representan al gran soldado: de pie, audaz y sereno, de estatura mayor que la real, con un nublado ejército de minúsculas figuras que se pierden en el paisaje de fondo. Parece que los grandes hombres también tienen en cuenta estas ilusiones. Jean de Pierrefeu relata la visita de un fotógrafo a Joffre. El general estaba "en su despacho burgués, frente a una mesa sin papeles a la cual se sentaba para firmar. De golpe notó que no había mapas en las paredes y como, según las ideas populares, no es posible concebir a un general sin mapas, se colocaron, para la foto, algunos que luego fueron retirados".

El único sentimiento que puede experimentar una persona sobre un hecho no vivido, as el sentimiento que despierta en ella la imagen mental que se hace del hecho. Por ello no podemos comprender verdaderamente los actos de los demás mientras no sepamos lo que ellos creen saber. He visto cómo una joven, criada en una ciudad minera de Pennsylvania, pasaba del más absoluto buen humor a un paroxismo de tristeza cuando un golpe de viento rompió uno de los vidrios de la ventana de la cocina. Durante horas estuvo desconsolada, sin que yo pudiera comprenderla. Cuando pudo hablar, explicó que si un vidrio se rompía eso significaba que un pariente cercano había muerto. La joven lloraba a su padre, de cuya casa había huido por el temor que le inspiraba. Por supuesto que el padre se encontraba bien vivo y una averiguación telegráfica nos lo confirmó poco después. Pero, hasta que llegó el telegrama, el vidrio roto fue para la joven un mensaje auténtico.

Sólo un hábil psiquiatra, mediante una investigación a fondo, podría demostrarnos la razón de esta actitud. Pero, hasta el observador más fortuito hubiese podido ver que la joven había sufrido una alucinación, y, terriblemente trastornada por sus problemas familiares, había creado una ficción pura a partir de un hecho externo, del recuerdo de una superstición, de un alborotado arrepentimiento y del miedo y cariño que sentía hacia su padre.

En estos casos la anormalidad es sólo una cuestión de intensidad. Cuando un secretario de Justicia, asustado por la explosión de una bomba en el umbral de su casa, se convence, al leer lecturas revolucionarias, que estallará una revolución el 19 de mayo de 1920, reconocemos, en gran parte, que actúa el mismo tipo de mecanismo. La guerra, claro está, proporcionó muchos ejemplos de este proceso: el caso fortuito, la imaginación creadora, el deseo de creer y, como resultado de estos tres elementos, la falsificación de la realidad que provocaba una reacción violenta e instintiva. Es evidente que, bajo ciertas condiciones, los hombres responden con la misma fuerza a las ficciones y a la realidad, y que en muchos casos contribuyen
a crear aquellas ficciones a las cuales responden. Que arroje da primera piedra quien no pensó que el ejército ruso pasaría por Inglaterra en agosto de 1914, quien no aceptó cualquier relato de atrocidades sin pruebas directas, quien nunca creyó ver un ardid, un traidor, o un espía donde no lo había. Que arroje la primera piedra quien nunca anunció a los demás lo que había oído decir a alguien, no mejor informado que él, como si se tratase de da verdad real y profunda.

En todos estos ejemplos debemos notar, particularmente, un factor común: la inserción de un pseudoambiente entre el hombre y su ambiente real. El comportamiento del hombre responde a ese pseudoambiente, pero, como es comportamiento efectivo, las consecuencias, si son actos, obran no en el pseudoambiente donde el comportamiento encuentra su estímulo, sino en el verdadero ambiente donde se desarrolla la acción. Si el comportamiento no es un acto práctico, sino lo que llamamos, aproximadamente,
pensamiento y emoción, puede pasar mucho tiempo antes de que haya una ruptura notable en da textura del mundo ficticio. Pero cuando el estímulo del peseudohecho se resuelve en acción sobre las cosas o sobre las demás gentes, pronto surge la contradicción. Entonces uno tiene la sensación de golpearse la cabeza contra un muro de piedra, de estar aprendiendo por experiencia, de asistir a una tragedia de Herbert
Spencer, el "Asesinato de una Bella Teoría por una Pandilla de Hechos Brutales". En suma, la sensación molesta de una mala adaptación, ya que indudablemente, en el nivel de la vida social, lo que llamamos adaptación del hombre a su ambiente se lleva a cabo por intermedio de ficciones.

Por ficción no quiero decir mentira, sino representación del ambiente que, en mayor o menor grado, ha sido hecha por el hombre mismo. El campo abarcado por la ficción va desde la completa alucinación hasta el caso del científico que utiliza a sabiendas el modelo esquemático, o decide que la exactitud, más allá de un cierto número de decimales, carece de importancia en su problema particular. Una obra de ficción puede tener cualquier grado de fidelidad, y mientras se pueda tener en cuenta dicho grado, la ficción no es engañosa. La cultura humana es, en gran parte, selección, orden, planeamiento y estilización de lo que William James 1lamó: "las irradiaciones y los apaciguamientos fortuitos de nuestras ideas". Alterna con el
uso de ficciones la exposición total a las mareas y contramareas de la sensación. No es ésta una verdadera alternación, ya que, por más refrescante que sea a veces mirar con ojos perfectamente inocentes, la inocencia no es una sabiduría por sí misma, si bien puede ser una fuente y también un correctivo de la sabiduría.

El verdadero ambiente es, en su conjunto, demasiado vasto, demasiado complejo y demasiado fugaz para el conocimiento directo. No estamos equipados para tratar con tanta sutileza, tanta variedad, tantas permutaciones y combinaciones. Y aunque debemos actuar en ese medio, tenemos que reconstruirlo sobre un molde más sencillo antes de poder manejarlo. Los hombres necesitan mapas del mundo para poder recorrerlo: la dificultad invariable es encontrar mapas en los cuales sus necesidades propias, o las de los demás, no los hayan impulsado a dibujar la costa de Bohemia.

4

El analista de la opinión pública debe comenzar por reconocer la relación triangular entre la escena de la acción, la representación humana de dicha escena y la respuesta del hombre a esa representación que se manifiesta en la escena de la acción. Vendría a ser una comedia sugerida a los actores por sus propias experiencias, pero cuya trama se desarrolla en la vida real de los actores y no sólo en sus papeles. El cinematógrafo acentúa, a menudo con gran habilidad, este doble drama de motivación interna y comportamiento externo. Dos hombres están discutiendo, ostensiblemente, por un dinero, pero la pasión que los anima resulta inexplicable. Luego la imagen se desvanece y nos muestran lo que uno y otro hombre ven mentalmente. Frente a frente, sentados a la mesa, discutían por dinero; pero, en el recuerdo, volvían a sus días de juventud cuando una chica lo dejó a uno de ellos para ir con el otro. El drama exterior ha sido explicado: el héroe no es codicioso, está enamorado.

Una escena no muy diferente fue representada en el Senado de los Estados Unidos. El 29 de septiembre de 1919 a la hora del desayuno, varios senadores leyeron un comunicado de prensa en el Washington Post, sobre el desembarco de la infantería de marina norteamericana en la costa dálmata. Decía el diario:

HECHOS YA ESTABLECIDOS

Parecen confirmados los siguientes hechos de importancia: las órdenes dadas al contralmirante Andrews, comandante de las fuerzas navales norteamericanas en el Adriático, provinieron del Almirantazgo Británico, por intermedio del Consejo de Guerra y del contralmirante Knapps, de Londres. No se solicitó la aprobación
ni la desaprobación del Ministerio de Marina norteamericano...

SIN EL CONOCIMIENTO DE DANIEL

El señor Daniel admitió encontrarse en una posición algo particular cuando, al llegar aquí los cablegramas, se supo que las fuerzas sobre las cuales él tenía supuestamente un control exclusivo, estaban librando, ni más ni menos, un combate naval sin su conocimiento. Era evidente que el Almirantazgo Británico pudiese querer dar órdenes al contralmirante Andrews para actuar en nombre de Gran Bretaña y sus aliados, ya que la situación requería sacrificios de parte de alguna nación, si se quería frenar a los partidarios de D'Annunzio.

Pero era también evidente que, según el nuevo plan de la Liga de las Naciones, los extranjeros estarían en posición de dirigir las fuerzas de la marina norteamericana, en casos de emergencia con o sin el con: sentimiento del Ministerio de Marina norteamericano..., etc. (Subrayado por mí.)

El primer senador que hizo un comentario fue Knox, de Pennsylvania. Lleno de ira, reclama una investigación. En el caso de Brandegee, de Connecticut, quien habló después, la indignación ya ha estimulado la credulidad. Mientras Knox, indignado, deseaba saber si el comunicado era verídico, Brandegee, medio minuto más tarde, quiere saber lo que hubiese ocurrido si hubiesen matado a soldados norteamericanos. Knox, olvidando que ha hecho una pregunta, responde: si hubieran matado a soldados
norteamericanos, habría guerra. El tono del debate es aun condicional. Continúa la sesión. McCormick, de Illinois, recuerda al Senado que la administración de Wilson es favorable a las guerras poco importantes y no autorizadas. Repite el dicho de Teodoro Roosevelt: "hacer la paz guerreando". Más debate. Brandegee advierte que los soldados actuaron "según órdenes de un Consejo Supremo que celebraba sesiones en
algún lado", pero no puede recordar quién representaba a los Estados Unidos en ese cuerpo. La Constitución norteamericana desconoce dicho Consejo. Entonces, el señor New, de Indiana, presenta una resolución para solicitar los hechos verídicos.

Hasta allí los senadores aun admiten vagamente estar discutiendo un rumor. Como abogados, todavía recuerdan algunas de las formas de la evidencia, pero como hombres de carne y hueso experimentan, desde ya, toda la indignación propia al hecho de que un gobierno extranjero haya dado órdenes a la marina norteamericana de hacer una guerra, sin el consentimiento del Congreso. Emocionalmente desean creerlo, porque son todos miembros del partido republicano y combaten a la Liga de las Naciones. Esto sacude al señor Hitchcock, de Nebraska, líder demócrata, quien defiende al Consejo Supremo por haber actuado con poderes de guerra. La paz aun no ha sido declarada y el atraso, según él, se debe a los republicanos; por lo tanto, la acción era necesaria y legal. Ambos lados aceptan ahora que el comunicado es verídico y las
conclusiones que de él sacan son conclusiones de partido. Y, sin embargo, esta extraordinaria suposición se da en un debate donde se trata la investigación de la autenticidad de dicha suposición. Esto revela cuán difícil es, aun para abogados experimentados, suspender la reacción hasta saber los resultados. La reacción
es instantánea: la ficción es tomada como verdad porque se la necesita con urgencia.
Días más tarde, un comunicado oficial mostró que los infantes de marina no habían desembarcado por orden del gobierno británico ni del Consejo Supremo. No habían luchado contra los italianos; a pedido del gobierno italiano habían desembarcado para protegerlos, y las autoridades italianas habían agradecido al comandante norteamericano. La marina norteamericana no estaba en guerra contra Italia, simplemente había actuado de acuerdo con una práctica internacional establecida, que nada tenía que ver con la Liga de las Naciones.

La escena de la acción fue el Adriático. La imagen mental que se hicieron los senadores en Washington de esta escena les fue inspirada, probablemente con intenciones de engaño, por un hombre a quien nada le importaba el Adriático, pero sí mucho derrotar a la Liga. A esta imagen respondió el Senado con una ratificación de las diferencias partidarias sobre la Liga.

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No es necesario decidir en este caso particular si el Senado se encontraba por encima o por debajo de su estado normal; ni tampoco si se puede comparar al Senado favorablemente con el Parlamento británico, ni con otros parlamentos. En este momento, sólo quiero considerar el espectáculo, aplicable a todo el mundo, de unos hombres que actúan sobre su ambiente, impulsados por estímulos de sus seudoambientes.
Cuando se hacen concesiones para los casos de fraude deliberado, la ciencia política debiera aun explicar hechos tales como el de dos naciones que se atacan mutuamente, convencida cada una de ellas de que está actuando en defensa propia, o el de dos clases que luchan entre sí, segura cada una de que lo hace en representación del interés común. Podríamos decir que viven en mundos diferentes, o, para ser más exactos, que viven en el mismo mundo, pero piensan y sienten en mundos diferentes.

A estos mundos especiales, a estas creaciones que nacen del individuo, del grupo, de la clase, de la región, de la ocupación, de la nación o de las sectas, se adapta la humanidad de la Gran Sociedad. Resulta imposible describir lo variados y complejos que son, y, sin embargo, estas ficciones determinan una buena parte del comportamiento político de los hombres. Debemos figurarnos quizá cincuenta parlamentos soberanos, formados al menos por cien cuerpos legislativos; junto con ellos existen no menos de cincuenta jerarquías de asambleas provinciales y municipales y todo esto, con sus órganos ejecutivos, administrativos y legislativos, constituye la autoridad formal sobre la Tierra. Pero esto apenas comienza a revelarnos la complejidad de la vida política, ya que, en cada uno de estos incontables centros de autoridad, hay partidos, que forman a su vez jerarquías arraigadas en clases, secciones, pandi1las y clanes, y dentro de estas últimas categorías hay políticas individuales, cada uno centro de una red de conexiones, recuerdos, miedos y esperanzas.

De alguna manera, y en general por razones necesariamente oscuras, estos cuerpos políticos, tras compromisos, cabildeos y dominaciones, dan órdenes que movilizan ejércitos o forjan la paz, que reclutan vidas, cobran impuestos, destierran y encarcelan, protegen la propiedad o la confiscan, alientan ciertas empresas, desalientan otras, facilitan o dificultan la inmigración, mejoran la comunicación o la censuran, fundan escuelas, construyen armadas, proclaman "programas políticos" y "destinos", levantan barreras económicas, construyen o destruyen propiedades, someten un pueblo al gobierno de otro, o favorecen una clase a expensas de otra. Para cada una de estas decisiones se tiene por concluyente una cierta visión de
las hechos, se acepta una cierta visión de las circunstancias como base de ilación y como estímulo del sentimiento. ¿Cuál es esa visión de los hechos, y por qué se ha elegido precisamente ésa?

Sin embargo, ni aun esto comienza a disipar la complejidad. La estructura política antes mencionada se da en un ambiente social donde existen incontables corporaciones e instituciones numerosas o reducidas, asociaciones voluntarias o semivoluntarias, agrupaciones nacionales, provinciales, urbanas o vecinales, que toman, la mayoría de las veces, aquellas decisiones que registra el cuerpo político. ¿Sobre qué se basan
estas decisiones?

"La sociedad moderna", dice Chesterton, "es intrínsecamente insegura porque se basa en la noción de que todos los hombres harán la misma cosa por motivos diferentes... Y que, mientras en la mente de un condenado está el infierno de un crimen solitario, en la casa o bajo el sombrero de cualquier empleado suburbano estará el limbo de una filosofía muy distinta. Supongamos que un primer hombre sea completamente materialista y que sienta que su propia mente es una fabricación de la horrible máquina de su cuerpo. Quizá hasta escuche sus pensamientos como el pesado tictac de un reloj. Su vecino podrá ser un adepto a la Ciencia Cristiana que considere su cuerpo como algo casi menos sustancial que su propia sombra. Podrá llegar casi a creer que sus propios brazos y piernas son ilusiones, como las serpientes movedizas en el sueño de delirium tremens. Puede que un tercer vecino no sea un adepto a esta secta, sino, por lo contrarío, un cristiano. Vivirá un cuento de hadas, como dirían sus vecinos, un cuento de hadas misterioso pero sólido, lleno de caras y presencias de amigos extraterrenos. El cuarto hombre puede ser teósofo, y, con toda probabilidad, vegetariano. Y no veo por qué no puedo darme el gusto de imaginarme el quinto como un adorador del diablo... Sea o no valiosa una variedad semejante, la unidad que resulta carece de solidez. Pretender que todos los hombres de todos los tiempos seguirán pensando cosas diferentes y que, sin embargo, harán las mismas cosas, es una especulación dudosa. Sería fundar una sociedad no sobre la base de una comunión, ni aun de una convención, sino de una coincidencia. Cuatro hombres pueden reunirse bajo un mismo farol; uno para pintarlo de color verde cotorra, participando así en la gran reforma municipal; otro, para leer su breviario bajo la luz; el tercero, para abrazarlo con casual apasionamiento, en un arranque de entusiasmo alcohólico, y, el último, tan sólo porque el farol verde cotorra es un punto de referencia visible para citarse con su novia. Pero sería imprudente esperar
que esto ocurra todas las noches. . ."

Reemplacemos a los cuatro hombres alrededor del farol por los gobiernos, partidos, corporaciones, sociedades, grupos sociales, oficios y profesiones, universidades, sectas y nacionalidades del mundo. Pensemos en el legislador que vota un estatuto que afectará a pueblos lejanos, en el estadista que llega a una decisión, en la Conferencia de la Paz que reconstituye las fronteras de Europa, en el embajador ante un país extranjero que trata de discernir entre las intenciones de su propio gobierno y las del gobierno extranjero, en un agente que se ocupa de una concesión en un país subdesarrollado, en un editor que reclama una guerra, en un sacerdote que pide a la policía que controle las diversiones, en los miembros de un club que discuten en el salón sobre una huelga, en una asociación femenina que se dispone a arreglar el sistema escolar, en los nueve jueces que deciden si la legislatura de Oregón puede establecer horarios de trabajo para las mujeres, en una reunión de gabinete para decidir si se reconoce a un gobierno, en una asamblea de partido para elegir candidato y fijar una plataforma, en veintisiete millones de electores que
echan la boleta en la urna, en un irlandés de Cork que piensa en un irlandés de Belfast, en una Tercera Internacional que piensa reconstruir totalmente la sociedad humana, en una junta de directores ante una lista de demandas de sus empleados, en un joven que elige una carrera, en un comerciante que calcula la oferta y la demanda para la temporada venidera, en un especulador que predice el curso del mercado, en un
banquero que decide si debe dar crédito a una nueva empresa, en el que redacta los avisos publicitarios, en el que los lee... Pensemos en los diferentes tipos de norteamericanos cuando examinan sus propios conceptos sobre "el Imperio Británico", "Francia", "Rusia" o "México". No hay tanta diferencia con los cuatro hombres de Chesterton junto al farol verde cotorra.

6

Por lo tanto, antes de complicarnos con la selva de sombras formada por las diferencias congénitas de los hombres, haremos bien en fijar la atención sobre las enormes diferencias entre las concepciones humanas del mundo. No dudo de que haya diferencias biológicas importantes: desde el momento en que el hombre es un animal, sería extraño que no las hubiera. Pero, como seres racionales, sería más que superficial empezar a generalizar sobre los comportamientos comparativos, mientras no haya una semejanza mensurable entre los medios a los cuales responden esos comportamientos. El valor pragmático de esta idea es el de introducir un sutil matiz en la vieja controversia sobre naturaleza y nutrición, cualidad ingénita y medio
ambiente, pues el pseudoambiente es un compuesto híbrido de "naturaleza humana" y de "condiciones". A mi entender, esto demuestra la inutilidad de discurrir sobre lo que es y siempre será el hombre, partiendo de lo que le vemos hacer, o sobre aquellas condiciones que son necesarias en la sociedad, ya que no sabemos cómo se comportarían los hombres si respondiesen a los hechos de la Gran Sociedad. Todo lo que sabemos en realidad es cómo se comportan cuando responden a lo que razonablemente podemos llamar una imagen muy inadecuada de la Gran Sociedad. Partiendo de esta evidencia, no se puede sacar ninguna conclusión honesta sobre el hombre ni sobre la Gran Sociedad.

Será ésa, por lo tanto, la clave de nuestra encuesta. Supondremos que lo que hace cada hombre no se basa en el conocimiento directo y seguro, sino en las imágenes hechas por él mismo o que le han sido dadas. Si su atlas le dice que la Tierra es plana, no navegará cerca de lo que él cree que es el borde de nuestro planeta, por miedo a caerse; si en sus mapas figura una fuente de Juvencia, saldrá un Ponce de
León a buscarla; si alguien desentierra un polvo amarillo que parece oro, se comportará durante un tiempo como si hubiese encontrado oro. La manera cómo imaginan el mundo determina en todo momento lo que harán los hombres. No determina lo que lograrán hacer: determina su esfuerzo, sus sentimientos, sus esperanzas, pero no sus éxitos y resultados. Los hombres que proclaman con mayor fuerza su "materialismo" y su desprecio por los "ideólogos", los comunistas marxistas, ¿en qué ponen su esperanza? En la formación, mediante la propaganda, de un grupo con conciencia de clase. Pero, ¿qué es la propaganda, sino el esfuerzo de modificar la imagen a la cual responden los hombres, de sustituir un molde social por otro? ¿Qué es la conciencia de clases sino una manera de tomar conciencia del mundo? ¿Y qué la conciencia de especie, del profesor Giddings, sino un proceso de creer que reconocemos en la muchedumbre a algunos seres marcados como pertenecientes a nuestra especie?

Intentemos explicar la vida social diciendo que es la persecución del placer y la prevención del dolor. Pronto diremos que el hedonista asume la cuestión sin pruebas, puesto que aun suponiendo que el hombre persiga estos fines, el problema decisivo de la razón por la cual cree que seguir un curso dado le proporcionará más placer que seguir otro, está aun por resolver. ¿Explica el problema el decir que la conciencia del hombre es su guía? Entonces, ¿por qué tiene la conciencia particular que tiene? ¿La teoría del interés propio? Pero, ¿cómo conciben los hombres su propio interés en un sentido y no en otro? ¿El deseo de seguridad, de prestigio, de poder o de una vaga realización de sí mismo? Pero ¿cómo conciben los hombres su seguridad, qué consideran prestigio, cómo entienden los medios de llegar al poder y cuál es esa noción de ser que desean realizar? Placer, dolor, conciencia, adquisición, protección, aumento de valor, dominio, he ahí algunos nombres que, sin duda, podemos dar a las maneras de comportarse de la gente. Puede que haya disposiciones instintivas que contribuyan a esos fines, pero no basta nombrar el fin, ni describir la tendencia a obtenerlo, para explicar el comportamiento que resulta. El mero hecho de que los hombres teoricen es la prueba de que sus pseudoambientes, sus imágenes interiores del mundo, son elementos determinantes del pensamiento, el sentimiento y la acción; si la relación entre la realidad y la reacción humana fuese directa e
inmediata, en cambio de indirecta y deducida, no se conocerían la indecisión y el fracaso, y (si cada uno de nosotros cupiese en el mundo tan cómodamente como el niño en la matriz) Bernard Shaw no hubiese podido decir que ningún ser humano se las arregla tan bien como una planta, salvo durante los primeros nueve meses de su vida.

La gran dificultad de adaptar el planteo psicoanalítico al pensamiento político surge de esta relación. Los freudianos se preocupan por la inadaptación de individuos determinados frente a otros individuos y a situaciones concretas. Han supuesto que, si los desarreglos internos se pudiesen solucionar, no habría casi
confusión en la relación normal y evidente. Pero la opinión pública trata con hechos indirectos, invisibles y enmarañados, en los cuales nada es evidente. Las situaciones a las cuales se refiere, se conocen sólo como opiniones. El psicoanalista, en cambio, pretende casi siempre que es posible conocer el ambiente y que, si no es conocible, es por lo menos soportable, para cualquier inteligencia despejada. De esta suposición surge el problema de la opinión pública. En lugar de dar por aceptado aquel ambiente que se conoce fácilmente, el analista social se preocupa más por estudiar la concepción de un ambiente político más amplio. El
psicoanalista estudia da adaptación al elemento X, que él llama ambiente; el analista social estudia el elemento X, pero lo llama pseudoambiente.

Por supuesto que está permanentemente en deuda con la nueva psicología, no sólo por lo mucho que ayuda a la gente a desempeñarse por sí sola, cuando está bien aplicada, sino porque el estudio de los sueños, la fantasía y la racionalización han aclarado el proceso de formación del pseudoambiente, pero no puede asumir como criterio suyo lo que se llama "una carrera biológica normal" dentro del orden social existente, ni
una carrera "liberada de la opresión religiosa y de las convenciones dogmáticas" fuera de ese orden. Pues, ¿qué es, para un sociólogo, una carrera social normal o una carrera libre de opresiones y convenciones? Los críticos conservadores asumen, claro está, la primera idea y, los románticos, la segunda. Pero, al asumirlas, dan por aceptado al mundo entero. Dicen, efectivamente, o bien que la sociedad corresponde a la idea que ellos se hacen de la normalidad, o bien que corresponde a la idea de libertad. Ambas ideas no son más que opiniones públicas, y mientras que el psicoanalista, como médico, puede quizá asumirlas, el sociólogo no puede tomar el producto de la opinión pública existente como criterio para estudiar la opinión pública.

7

El mundo con el cual debemos tratar políticamente se encuentra fuera del a1cance de la vista y de la mente. Debe ser explorado, divulgado e imaginado. El hombre no es ningún dios aristotélico que abarca toda la vida de un vistazo, sino la criatura de una evolución, y apenas puede abarcar la porción de realidad suficiente para poder sobrevivir, arrebatando lo que en la escala del tiempo no son más que unos minutos de
discernimiento y felicidad. Sin embargo, esta misma criatura ha inventado maneras de ver lo que es imposible ver a simple vista, de oír lo que ningún oído puede oír, de pesar masas inmensas o infinitesimales, de contar y separar más elementos de los que puede recordar individualmente. Está aprendiendo a ver con la mente vastos sectores del mundo que antes no podía ver, tocar, oler, oír o recordar. Poco a poco se hace
una imagen mental fidedigna del mundo que no alcanza.

Llamamos, en general, asuntos públicos a aquellos rasgos del mundo exterior que tienen algo que ver con el comportamiento de otros seres humanos, en la medida en que ese comportamiento se cruza con el nuestro, depende de nosotros o nos resulta interesante. Las imágenes mentales de estos seres humanos, las imágenes de ellos mismos, de los demás, de sus necesidades, propósitos y relaciones, constituyen sus
opiniones públicas. Aquellas imágenes, influidas por grupos de personas o por individuos que actúan en nombre de grupos, constituyen la Opinión Pública, con mayúscula. Así, en los siguientes capítulos, averiguaremos primero algunas de las razones por las cuales la imagen mental engaña tan a menudo a los hombres en su relación con el mundo exterior. Bajo este encabezamiento consideraremos primero los
factores principales que limitan el acceso a los hechos, a saber: la censura artificial, los contactos sociales limitados, el tiempo relativamente reducido del cual se dispone diariamente para atender a los asuntos públicos, la tergiversación que surge de que los hechos deban ser abreviados en mensajes muy cortos, la dificultad de expresar un mundo complicado con un vocabulario reducido, y, finalmente, el temor de afrontar aquellos hechos que parecerían amenazar la rutina establecida de la vida humana.

Luego de estas limitaciones más o menos externas, pasaremos a analizar en qué forma este desfile de mensajes del mundo exterior se encuentra afectado por las imágenes almacenadas, las concepciones previas y los prejuicios que interpretan y clasifican estos mensajes, dirigen el movimiento de nuestra atención y aun nuestra visión. De allí pasamos a examinar cómo, en cada persona, los limitados mensajes del mundo exterior, formando un molde estereotipado, se identifican en cada individuo con sus propios intereses, tal como él los siente y concibe. En las secciones que siguen, examinamos de qué manera se cristalizan las opiniones formando lo que se llama la Opinión Pública, cómo se forma una Voluntad Nacional, una mentalidad de grupo, un propósito social o lo que sea.

Las cinco primeras partes constituyen el sector descriptivo del libro. Sigue luego un análisis de la tradicional teoría democrática de la opinión pública. La sustancia del razonamiento es que la democracia, en su forma original, nunca afrontó seriamente
el problema de que las imágenes mentales de la gente no coincidiesen automáticamente con el mundo exterior. Luego, puesto que la teoría democrática está sometida a la crítica de los pensadores socialistas, viene un examen de aquellos juicios críticos más avanzados y más coherentes, tales como los formulados por los miembros de la Liga Inglesa de Socialistas. Es mi propósito averiguar si estos reformistas tienen en cuenta las principales dificultades de la opinión pública, y llego a la conclusión de que las ignoran tan completamente como los demócratas, porque ellos también aceptan, y en un mundo mucho más complicado, que de alguna misteriosa manera existe en los corazones de los hombres un conocimiento del mundo exterior.

Yo sostengo que el gobierno representativo, tanto en lo que comúnmente se llama política como en la industria, no puede funcionar con éxito, cualesquiera sean las bases de la elección, si no hay una organización experta e independiente que haga inteligibles los hechos ocultos para aquellos que toman las decisiones. Por lo tanto, intento argumentar que sólo aceptando seriamente el principio de que la representación personal debe ser suplida por la representación de los hechos ocultos, se podría llegar a una descentralización satisfactoria y escaparíamos a la intolerable e inútil ficción de que cada uno de nosotros debe adquirir una opinión competente sobre todos los asuntos públicos. Mantengo que el problema de la prensa es confuso porque los críticos y apologistas esperan que ella lleve a cabo esa ficción, compensando todo lo que no estaba previsto en la teoría de la democracia, y los lectores esperan que este milagro se cumpla sin ocasionarles gasto ni molestia. Las personas democráticas ven en los periódicos las panaceas para sus defectos, mientras que el análisis de la índole de las informaciones y del fundamento económico
del periodismo parecería mostrar que los periódicos, necesaria e inevitablemente, reflejan, y, por ende, de mayor o menor manera intensifican, la organización defectuosa de la opinión pública. Concluyo que las opiniones públicas deben organizarse para la prensa, si se quiere que sean sólidas, y no ser organizadas
por la prensa como ocurre actualmente. Concibo que esta organización será, en primera instancia, la tarea de una ciencia política que habrá ganado su verdadero lugar de expositora que se adelanta a la decisión efectiva, en vez de ser apologista, crítica o relatora, después que la decisión ha sido tomada. Trato de
demostrar cómo las perplejidades del gobierno y la industria conspiran para dar a la ciencia política esta enorme oportunidad de enriquecerse y servir al público, y por supuesto que espero que estas páginas ayuden a algunos a tomar más plenamente conciencia de esta oportunidad y, por lo tanto, a dedicarse a ella más profundamente.

ESTRUCTURA Y FUNCIÓN DE LA COMUNICACIÓN EN LA SOCIEDAD. Por Harold Lasswell

Publicado en Moragas Spá, Miquel, Sociología de la comunicación de masas, tomo II, Gustavo Gilli, Barcelona, 1985.

El acto de la comunicación

Una manera conveniente de describir un acto de comunicación es la que surge de la contestación a las siguientes preguntas:

¿Quién

dice qué

en qué canal

a quién

y con qué efecto?

El estudio científico del proceso de comunicación tiende a concentrarse en una u otra de tales preguntas. Los eruditos que estudian el «quién», el comunicador, contemplan los factores que inician y guían el acto de la comunicación. Llamamos a esta subdivisión del campo de investigación análisis de control. Los especialistas que enfocan el «dice qué» hacen análisis de contenido. Aquellos que contemplan principalmente la radio, la prensa, las películas y otros canales de comunicación, están haciendo análisis de medios. Cuando la preocupación primordial se encuentra en las personas a las que llegan los medios, hablamos de análisis de audiencia. Y si lo que interesa es el impacto sobre las audiencias, el problema es el del análisis de los efectos.

La utilidad de estas distinciones depende, por completo, del grado de refinamiento que se considere apropiado para un objetivo científico o administrativo dado. A menudo, es más sencillo combinar el análisis de audiencia y el de efecto, por ejemplo, que mantenerlos separados. Por otra parte, puede interesar concentrarse en el análisis de contenido, y con este fin subdividir el campo en dos zonas distintas: el estudio de los datos, centrado en el mensaje, y el estudio del estilo centrado sobre la organización de los elementos que componen el mensaje.

Estructura y función

A pesar del atractivo que pueda ofrecer tratar estas categorías con mayor detalle, el presente comentario tiene un objetivo diferente. No nos interesa tanto dividir el acto de comunicación como contemplar el acto en su totalidad, en relación con todo el proceso social. Todo proceso puede ser examinado bajo dos marcos de referencia, a saber, estructura y función, y nuestro análisis de comunicación versará sobre las
especializaciones que comportan ciertas funciones, entre las cuales cabe distinguir claramente las siguientes: 1) la supervisión o vigilancia del entorno, 2) la correlación de las distintas partes de la sociedad en su respuesta al entorno, y 3) la transmisión de la herencia social de una generación a la siguiente.

Equivalencias biológicas

A riesgo de suscitar falsas analogías, podemos lograr una adecuada perspectiva de cualquier sociedad humana cuando estudiamos la comunicación como una característica de la vida en todos sus niveles. Un ente vivo, ya esté relativamente aislado o bien en asociación, tiene procedimientos especializados en cuanto a la recepción de estímulos a partir del entorno. Tanto el organismo monocelular como el grupo de múltiples miembros tienden a conservar un equilibrio interno y a responder a los cambios que se produzcan en el entorno a fin de mantener dicho equilibrio. El proceso de respuesta exige maneras especializadas a las partes del todo para conseguir una acción armoniosa. Los animales multicelulares especializan sus células
para la función del contacto externo y para la correlación interna. Así, entre los primates, la especialización viene ejemplificada por órganos tales como el oído y el ojo, y el propio sistema nervioso. Cuando las pautas de recepción y diseminación de estímulos funcionan de manera adecuada, las diversas partes del animal actúan concertadamente con respecto al medio ambiente («alimentarse», «huir», «atacar»).

En algunas sociedades animales, ciertos miembros desempeñan misiones especializadas y vigilan el entorno. Los individuos actúan como «centinelas», separados del rebaño o manada y creando un estado de alarma cada vez que ocurre un cambio alarmante en los alrededores. El trompeteo, cacareo o chillido del centinela basta para poner a todo el grupo en movimiento. Entre las actividades emprendidas por «líderes» especializados se cuenta la estimulación interna de «seguidores» para adaptarse ordenadamente a las circunstancias pregonadas por los centinelas.

En un organismo individual, altamente diferenciado, los impulsos que llegan y los que salen de él son transmitidos a lo largo de fibras que establecen una conexión sináptica con otras fibras. Los puntos críticos en el proceso se encuentran en las «estaciones de relevo», donde el impulso que llega puede ser demasiado débil para alcanzar el umbral que hace entrar en acción el vínculo siguiente. En los centros superiores, corrientes separadas se modifican unas a otras, produciendo resultados que difieren en numerosos aspectos del resultado final, cuando cada una puede continuar por un camino propio. En toda estación de relevo hay carencia de conductibilidad, conductibilidad total o conductibilidad intermedia. Las mismas categorías se aplican a lo que ocurre entre miembros de una sociedad animal. El astuto zorro puede acercarse al gallinero de tal modo que procure unos estímulos demasiado leves para inducir al centinela a dar la alarma, o bien cabe que el animal atacante elimine al centinela antes de que éste pueda proferir más que un leve gemido. Evidentemente, existen todas las gradaciones posibles entre conductibilidad total y ausencia de conductibilidad.

El caso de la sociedad humana

Cuando examinamos el proceso de comunicación de cualquier lugar o estado de la comunidad mundial, observamos tres categorías de especialistas. Un grupo vigila el entorno político del estado como un todo, otro correlaciona la respuesta de todo el estado al entorno, y un tercero transmite ciertas pautas de respuesta de los viejos a los jóvenes. Diplomáticos, agregados y corresponsales extranjeros representan a
quienes se especializan en el entorno. Editores, periodistas y locutores son correlatores de la respuesta interna. Los pedagogos, en familia y en la escuela, transmiten el legado social.

Las comunicaciones que se originan fuera pasan a través de secuencias en las que diversos emisores y receptores están vinculados entre sí. Supeditados a modificación en cada punto de relevo en la cadena, los mensajes originados a partir de un diplomático o de un corresponsal en el extranjero pueden pasar a través de despachos editoriales y llegar finalmente a muy amplias audiencias.

Si nos imaginamos el proceso de información a nivel mundial como una serie de marcos de atención, es posible describir la frecuencia con la que un contenido es puesto en conocimiento de individuos y grupos. Podemos investigar el punto en el que deja de haber «conductibilidad», y podemos examinar la gama entre «conductibilidad total» y «conductibilida mínima». Los centros metropolitanos y políticos del mundo tienen
mucho en común con la interdependencia, diferenciación y actividad de los centros corticales y subcorticales de un organismo individual. Por tanto, los marcos de observación hallados en tales puntos son los más variables, refinados e interactivos entre todos los marcos de la comunidad mundial.

En el otro extremo se encuentran los marcos de observación de los habitantes de regiones aisladas. En general no se da el caso de que las culturas primitivas estén totalmente vírgenes de la civilización industrial. Tanto si nos lanzamos en paracaídas sobre el interior de Nueva Guinea, como si aterrizamos en las vertientes del Himalaya, no encontraremos una tribu totalmente desconectada del mundo. Los largos hilos del comercio, del cielo misionero, de la exploración aventurera y del estudio científico, así como los de la guerra a escala mundial, llegan a los puntos más distantes. Nadie se encuentra totalmente al margen de este mundo.

Entre los primitivos, la forma final asumida por la comunicación es la balada o el cuento. Sucesos lejanos al mundo moderno, sucesos que llegan en forma de noticia a las audiencias metropolitanas, quedan reflejados, por débilmente que sea, en el material temático de cantantes y recitadores de baladas. En estas creaciones, remotos líderes políticos pueden aparecer repartiendo tierras entre los campesinos o restableciendo la abundancia de la caza en las montañas.

Cuando remamos agua arriba en el flujo de la comunicación, observamos que la función de relevo para los nómadas y los tribeños más alejados es realizada a veces por los habitantes de poblados sedentarios con los que aquéllos entran en contacto. El agente del relevo puede ser el maestro de escuela, el médico, el juez, el recaudador de impuestos, el policía, el soldado, el vendedor ambulante, el vagabundo, el misionero o el estudiante, y en cualquier caso es un nudo en la red de noticias y comentarios.

Equivalencias más detalladas

Los procesos de comunicación de la sociedad humana, una vez examinados detalladamente, revelan numerosas equivalencias con las funciones especializadas que se encuentran en el organismo físico y en las sociedades animales inferiores. Así, por ejemplo, los diplomáticos de un estado se encuentran esparcidos por todo el mundo y envían mensajes a unos pocos puntos focales. Evidentemente, estos informes proceden de muchas fuentes y sólo llegan a unos pocos, donde se relacionan entre sí. Más tarde, la secuencia se amplía en abanico bajo la pauta de unos pocos en dirección a muchos, como ocurre cuando un ministro de Asuntos Exteriores pronuncia un discurso en público, cuando se publica un artículo en la prensa, o cuando
es distribuido un noticiario en los cines. Las líneas salientes del entorno exterior del Estado son funcionalmente equivalentes a los canales aferentes que envían los impulsos nerviosos entrantes al sistema nervioso central de un solo animal, y a los medios con los que se disemina la alarma en un rebaño. Los impulsos salientes, o eferentes, presentan unos paralelos correspondientes.

El sistema nervioso central del cuerpo sólo en parte está implicado en el flujo total de impulsos aferentes-eferentes. Hay sistemas automáticos que pueden actuar unos respecto a otros sin afectar en absoluto a los centros «superiores». La capacidad del entorno interior es mantenida principalmente por medio de las especializaciones vegetativas o autónomas del sistema nervioso. Similarmente son muchos los mensajes que, en el interior de cualquielr Estado, no pasan por los canales centrales de comunicación sino que surgen en el seno de familias, vecindarios tiendas, equipos de trabajo y otros contextos locales. En su mayor parte, el proceso educacional es llevado a cabo del mismo modo.

Otra serie de equivalencias significativas están relacionadas con los circuitos de comunicación, que son predominantemente de un sentido o de dos sentidos, según el grado de reciprocidad entre comunicadores y audiencia. O bien, para expresarlo de otra manera, hay comunicación en dos sentidos cuando las funciones de enviar y recibir son efectuadas con la misma frecuencia por dos o más personas. Suele suponerse que una conversación es una pauta de comunicación en dos sentidos (aunque los monólogos son bien conocidos). Los modernos instrumentos de comunicación de masas otorgan una ventaja enorme a quienes controlan los talleres de impresión, equipos de radiodifusión y otras formas de capital fijo y especializado. Pero debería tenerse en cuenta que las audiencias «replican» (lalk back), tras una cierta demora, y muchos «controladores» (gate-keepers) de mass-media emplean métodos científicos de sondeo de opinión a fin de acelcrar este cierre del circuito.

Los circuitos de contacto en dos direcciones se hacen presentes particularmente en los grandes centros metropolitanos, políticos y culturales del mundo. Nueva York, Moscú, Londres y París, por ejemplo, se encuentran en intenso contacto de doble dirección, incluso cuando el volúmen del flujo es drásticamente reducido (como ocurre en Moscú y Nueva York). Incluso hay puntos relativamente insignificantes que se convierten en centros mundiales al ser convertidos en capitales (Canberra en Australia, Ankara en Turquía, o el Distrito de Columbia en Estados Unidos). Un centro cultural como la Ciudad del Vaticano mantiene una intensa relación de dos direcciones con los centros dominantes de todo el mundo. Incluso centros de
producción especializada como Hollywood, pese a su preponderancia en cuanto a material saliente, reciben un enorme volumen de mensajes.

Cabe establecer otra distinción entre control de mensajes y centros o grupos de manipulación de mensajes. El centro de mensajes en el vasto ediíicio del Pentágono, en el Departamento dc Guerra de Washington, transmite -sólo con algunos cambios accidentales-los mensajes entrantes a otros destinatarios. Tal es la misión de los talleres de impresión y de las distribuidoras de libros, la de los expedidores, operadores y mensajeros relacionados con la comunicación telegráfica, y la de los técnicos relacionados con las emisoras de radio y televisión. Estos expedidores de mensajes contrastan con quienes de alguna manera modifican el contenido de lo que se ha dicho, función que es propia de editores, censores y propagandistas. Al hablar de
los especialistas del símbolo en general, los dividimos, por consiguiente, en manipuladores (o controladores) y expedidores; el primer grupo sucle modificar el contenido, cosa que no hace el segundo.

Necesidades y valores

Que hayamos señalado varias equivalencias funcionales y estructurales entre la comunicación en las sociedades humanas y la comunicación en los organismos vivos no significa que podamos investigar provechosamente el proceso de comunicación en Eslados Unidos o en el mundo a través de métodos especialmente apropiados para investigar animales interiores u organismos físicos individuales. En psicología comparada, cuando describimos parte de los entornos de una sala, un gato o un mono (es decir, una parte del medio ambiente que atrae la atención del animal), no podemos hacerle preguntas a la rata y utilizamos otros medios de percepción inferente. Cuando son seres humanos los objetos de nuestra investigación, podemos entrevistar al gran «animal parlante» (No se trata de que tengamos que aceptar todo
al pie de la letra A veces, concluimos lo opuesto de lo que una persona dice que intenta hacer En este caso, dependemos de otras indicaciones, verbales y no verbales).

Tal como hemos dicho, es posible estudiar las formas vivas como agentes modificadores del entorno en proceso de satisfacción de necesidades y, por tanto, de mantener un estado firme de equilibrio interno alimentos, sexo y otras actividades que implican el medio ambiente pueden ser examinados sobre una base comparativa puesto que los seres humanos muestran reacciones de habla, podemos investigar muchísimas más relaciones que en las especies no humanas gracias a los datos aportados por el habla (y otros actos de comunicación). Es posible investigar la sociedad humana en términos de valores, es decir, con respecto a unas categorías de relaciones que son objetos reconocidos de gratificación. En Estados Unidos, por
ejemplo, no se requiere una elaborada técnica de estudio para discernir qué poder y respeto son valores; nos es posible demostrarlo escuchando testimonios y observando lo que se hace cuando se presenla una oportunidad.

Es posible establecer una lista de los valores comunes a cada miemlbro del grupo elegido para la investigación, y además podemos descubrir el orden de importancia con que tales valores son percibidos. Es posible clasificar a los miembros del grupo de acuerdo con su posición en relación con los valores. En lo que a la civilización industrial se refiere, no vacilamos en afirmar que poder, riqueza, respeto, bienestar e inteligencia se cuentan entre los valores. Si nos paramos en esta lista, que no es exhaustiva, nos cabe describir, en base a los conocimientos disponibles (por fragmentarios que éstos puedan ser), la estructura social de la mayor parte del mundo puesto que los valores no están equitativamenle distribuidos, la estructura social revela mayor o menor concentración de poder, de riqueza y de otros valores en unas pocas manos. En ciertos lugares, esta concentración pasa de una generación a otra, formación de castas en vez de constituir una sociedad móvil.

En toda sociedad, los valores son modelados y distribuidos de acuerdo con unas normas más o menos distintivas (instituciones). Las instituciones incluyen comunicaciones que son invocadas como apoyo de la red de acción como un todo Estas comunicaciones son la ideología. Por lo que se refiere al poder, cabe distinguir entre la doctrina política, la fórmula política y la miranda.. En Estados Unidos, el individualismo representa la doctrina, los párrafos de la Constitución, la fórmula, las ceremonias y leyendas de la vida pública, las mirandas. La ideología es comunicada a la joven generación a través de agentes especializados como el hogar y la escuela.

La ideología sólo es una parte de los mitos de una sociedad determinada. Pueden existir contraideologías dirigidas contra la doctrina, las fórmulas y las mirandas dominantes Hoy en día, la estructura del poder en las políticas mundiales se halla profundamente afectada por el conflicto ideológico, así como por el papel desempeñado por dos potencias gigantes, Estados Unidos y la Unión Soviética Las élites dirigentes se consideran unas a otras como enemigos potenciales no sólo porque las diferencias entre Estados pueden cristalizar en una guerra, sino también, en un sentido más apremiante, porque la ideología del otro puede
atraer a elementos disidentes en un país y debilitar la posición de poder interno de cada clase dirigente.

Conflicto social y comunicación

En estas circunstancias, un elemento dirigente se muestra receloso del otro y confía en la comunicación como medio para conservar el poder. Por tanto, una de las funciones de la comunicación es la de facilitar información acerca de lo que está haciendo la otra élite, así como sobre su poderío dado el temor de que los canales de información estén controlados por los otros, con el fin de retener y deformar, existe la tendencia a recurrir a una vigilancia secreta. Por consiguiente, el espionaje internacional se intensifica por encima del nivel usual en tiempo de paz, y además se hacen esfuerzos para "enmascarar" la propia identidad a fin de contrarrestar la vigilancia del enemigo potencial. Por otra parte se emplea la comunicación con el propósito de establecer contacto con audicncias situadas dentro de las fronteras de la otra potencia.

Estas diversas actividades se manifiestan en el empleo de agentes abiertos o secretos para investigar al otro bando, en tareas de contraespionaje, en censura y restricción dc viajes, y en emisiones de radio y otras actividades informativas a través de las fronteras.

Las élites dirigentes están también sensibilizadas respecto de potenciales amenazas en el entorno interior, aparte de emplear fuentes de información abiertas, también se adoptan medidas secretas, se toman precauciones para imponer «seguridad» a tantas cuestiones políticas como sea posible. Al propio tiempo, la ideología de la élite es reafirmada y las ideologías contrarias son suprimidas.

Los procesos aqui esbozados son paralelos a fenómenos que cabe observar en el reino animal, se emplean agencias especializadas para mantenerse alerta frente a las amenazas y las posibilidades de acción que suministra el entorno exterior. Paralelamente la vigilancia se ejerce también sobre el entorno interior, puesto
que entre los animales inferiores es posible encontrar ciertos pastores de rebaño que dan muestras de temer tanto a los ataques del interior como del exterior, manteniendo una mirada intranquila sobre ambos entornos. Existen medios de vigilancia preventiva, ciertas especies disponen de medios bien conocidos, por ejemplo la pantalla de humo líquido emitida por el calamar o la coloración del camaleón. Sin embargo, no parece posible la equiparación con la distinción entre los canales «secreto» y «abierto» de la sociedad humana.

Dentro de un organismo, el paralelo más próximo a la revolución social sería el crecimiento de nuevas conexiones nerviosas con aquellas partes del cuerpo que rivalizan con las estructuras existentes de la integración central, y que pueden ocupar el lugar de éstas. ¿Puede decirse que esto ocurre al desarrollar el embrión en el vientre de la madre? 0 para tomar un proceso destructor, ¿podemos decir, con razón, que se da una vigilancia interna con respecto al cáncer, si los cánceres compiten por los suministros alimenticios del cuerpo?

Comunicación eficiente

El presente análisis implica la existencia de ciertos criterios de eficiencia o de ineficacia en la comunicación. En la sociedad humana, la eficacia del proceso depende de las posibilidades de juicio racional que ofrece. Un juicio racional implica objetivos de valor. En las sociedades animales, la comunicación es eficiente
cuando ayuda a sobrevivir o en cualquier otra necesidad específica del grupo y cabe aplicar el mismo criterio a un organismo individual.

Una de las tareas de una sociedad racionalmente organizada es la de descubrir y controlar todo factor que se interfiera con una comunicación eficiente. Ciertos factores limitativos son psicotécnicos. Las radiaciones destructivas, por ejemplo, pueden estar presentes en el medio ambiente y sin embargo pasar desapercibidas
debido a las limitadas posibilidades del organismo carente de medios para detectarlas.

Pero incluso las insuficiencias técnicas pueden ser superadas por el conocimiento. En los últimos años, las emisiones de radio en onda corta han sido interferidas por alteraciones que, de no ser superadas, obligarán a prescindir de esta modalidad de emisión. Durante los úllimos años, sin embargo, se han conseguido progresos en cuanto a facilitar sustitutos satisfactorios para una audición o una visión defectuosas. Un avance menos espectacular, pero no menos importante, ha sido el descubrimiento de cómo corregir unos hábitos inadecuados de lectura.

Hay, desde luego, obstáculos deliberados en el camino de la comunicación, como son la censura y la drástica supresión de los viajes. Hasta cierto punto, los obstáculos pueden ser soslayados mediante una hábil evasión pero es indudable que a la larga será más eficiente librarse de ellos por medio del consentimiento o de la coacción.

La ignorancia es un factor persistente cuyas consecuencias nunca han sido adecuadamente investigadas.

Aquí, ignorancia significa ausencia, en un punto determinado del proceso de la comunicación, del conocimienlo disponible en otro punto cualquiera de la sociedad. El personal destinado a reunir y diseminar la información, carente de una formación apropiada, tergiversa o descuida continuamente ciertos hechos, si definimos los hechos como lo que el observador objetivo y adiestrado podría hallar.

La falta de cualificación puede, también, contribuir a la ineficacia de la comunicación. Con excesiva frecuencia el comunicador consigue su prestigio gracias a la utilización de hechos deliberadamente falsos o deformados. En pos de la «primicia», el reportero da un cariz sensacionalisla a una anodina conferencia
internacional y contribuye a la imagen popular de la política internacional como conflicto intenso y crónico, o poco menos. Los especialistas en comunicación con frecuencia no logran mantenerse al día con las nuevas técnicas; piénsese, por ejemplo, en la reticencia con la que han aceptado los nuevos procesos audiovisuales. Y a pesar de las investigaciones que se han hecho sobre el lenguaje, son muchos los
comunicadores de masas que utilizan equivocadamente las palabras. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando un corresponsal se deja absorber por el ambiente extranjero y olvida que la audiencia de su país no posee una equivalente experiencia directa en lo tocante a «izquierda», «centro» y otros términos semejantes.

Aparte de los factores de habilidad o capacidad, el nivel de la eficiencia se ve a veces afectado por la estructura de la personalidad. Una persona optimista y decidida puede seleccionar los hechos que presentan una visión de los acontecimientos no matizada y, por tanto, exageradamente optimista. En cambio, personas pesimistas y excesivamente cautelosas seleccionan elementos muy distintos y que vienen a confirmar sus malos «presagios». Hay también discrepancias importantes entre personas de diversa lucidez y energía.

Algunas de las más serias amenazas contra una comunicación eficiente para la comunidad considerada como un todo se relacionan con los valores del poder, la riqueza y el respeto. Es muy posible que los ejemplos más notables de distorsión de poder se ofrezcan cuando el contenido de la comunicación es deliberadamente ajustado para que se amolde a una ideología o a una contraideología. Las distorsiones
relacionadas con la riqueza no sólo proceden de intentos para influenciar el mercado, por ejemplo, sino también de unas concepciones rígidas del interés económico. Un ejemplo típico de ineficiencias relacionadas con el respeto (clase social) se presenta cuando una persona de clase superior sólo se relaciona con otras
personas de su mismo estrato y olvida corregir su perspectiva al entrar en contacto con miembros de las demás clases.

La investigación en la comunicación

La anterior lista de ciertos factores que interfieren la eficiencia de la comunicación indica los tipos de investigación que cabe realizar fructíferamente en eslabones representativos de la cadena de comunicación. Cada agente es un vértice de factores ambientales que se entrecruzan de forma aleatoria. Todo el que efectúe una función de relevo puede ser examinado en términos de input y ouput. ¿Qué datos son sometidos a la atención del eslabón de relevo? ¿Qué es lo que éste transmite al pie de la letra? ¿Qué es lo que descarta? ¿Qué es lo que reelabora? ¿Que es lo que añade? ¿Cómo se relacionan las diferencias en input y
output con la cultura y la personalidad? Al contestar a estas preguntas, es posible sopesar los diversos factores en conductibilidad, ausencia de conductibilidad y conductibilidad modificada.

Además del eslabón de relevo, debemos considerar el primer eslabón de la secuencia de comunicación. Al esludiar los centros de interés del observador principal, se ponen en evidencia dos series de influencias: los datos a los que está expuesto, y los hechos de su entorno. Un agregado diplomático o un corresponsal extranjero está expuesto a los mass-media y a la charla privada; asimismo, pueden contar soldados, medir emplazamientos de cañones, anotar horas de trabajo en una fábrica, y ver la mantequilla y el jamón que hay en cada mesa.

En realidad, es útil considerar el marco de atención del escalón de relevo, así como del eslabón primario, en términos de exposición a los medios y a los no-medios. E1 papel de los factores exteriores a los medios es muy débil en el caso de muchos operadores de relevos, mientras que adquiere indudable importancia en lo que se refiere al observador principal.

Masas y públicos

Hay que señalar que no toda persona es miembro del público mundial, aunque pertenezca, hasta cierto punto, al grupo de «observadores» del mundo. Para pertenecer a esta masa basta con poseer unos símbolos de referencia comunes. Todo el que tenga un símbolo de referencia para Nueva York, Norteamérica, el hemisferio occidental o el globo, es miembro, respectivamente, del grupo de observación de Nueva York, Norteamérica, el hemisferio occidental y el globo. En cambio, para ser miembro del público de Nueva York, es esencial participar de la actividad pública en Nueva York, o que afecte expresamente a Nueva York.

El público de Estados Unidos, por ejemplo, no se limita a residentes y ciudadanos, ya que los no ciudadanos que viven más allá de la frontera pueden tratar de influenciar las políticas norteamericanas. En cambio, no todo el que vive en Estados Unidos es miembro del público norteamericano, puesto que se necesita algo más que una atención pasiva. Un individuo deja de ser miembro de la masa y se convierte en publico cuando aspira a influenciar en la vida pública.

Grupos de sentimiento y públicos

Es preciso tener en cuenta otra limitación antes de poder clasificar correctamente a un grupo o a una persona dada como miembro de un público. Las demandas respecto a la política pública pueden ser objeto de debate. El público mundial es relativamente débil y subdesairollado, en parte porque suele estar subordinado a unas zonas de sentimiento en las que no se permite debate alguno sobre las cuestiones políticas. Durante una guerra o una crisis bélica, por ejemplo, los habitantes de una región se ven abrumadoramente obligados a aceptar ciertas imposiciones políticas. Puesto que el desenlace de un contlicto depende de la violencia, y no del debate, en tales condiciones no hay público. Hay una red de grupos unidos por el sentimiento que actúan como multitudes y, por consiguiente, no toleran disensiones.

A partir del citado análisis, está claro que hay observación, público y áreas de sentimiento con diversos grados de influencia en la política mundial. Estas zonas están relacionadas con las características estructurales y funcionales de la sociedad mundial, y especialmcnte del poder mundial. Es evidente, por ejemplo, que las pofecías más fuertes tienden a estar agrupadas en la misma área de atención, puesto que sus élites dirigentes se miran entre sí como una grave amenaza potencial. Las potencias más fuertes prestan, proporcionalmente, menor atención a las potencias más débiles que éstas a las primeras, ya que las potencias más fuertes suelen ser fuentes más importantes de amenaza, o de protección, para las más débiles, que éstas para las más fuertes.

La estructura de observación dentro de un Estado es un índice valioso del grado de integración del Estado. Cuando las clases dirigentes temen a las masas, los dirigentes no comparten la visión de la realidad del ciudadano medio. Cuando la imagen de la realidad que tienen los reyes, presidentes y gabinetes no puede
circular a través de todo el Estado considerado en su conjunto, el grado de discrepancia muestra hasta qué punto los grupos dirigentes basan su poder sobre la distorsión de la realidad.

O bien, para expresar la cuestión de otro modo: si la «verdad» no es compartida, los elementos dirigentes esperan un conflicto interno, antes que una acomodación armoniosa al entorno exterior del Estado. Por consiguiente, los canales de comunicación son controlados con la esperanza de organizar la atención de la
comunidad en general, de tal modo que sólo lleguen respuestas consideradas como favorables para la posición de poder de las clases dirigentes.

El principio del conocimiento equivalente

Se dice a menudo, en teoría democrática, que la racionalidad de la opinión pública depende de sus conocimientos. No obstante, hay una gran ambiguedad en cuanto a la naturaleza del conocimiento, y a menudo se da a este término una equivalencia con el conocimiento perfecto. Una concepción más modesta e inmediata no sería hablar de ilustración perfecta sino de ilustración equivalente. La estructura de observación de una política dada por un especialista totalmente entregado será más elaborada y refinada que la del lego, y podemos tener la seguridad de que esta diferencia siempre existirá. Sin embargo es muy posible que el especialista y el lego se muestren de acuerdo en los términos amplios de la realidad. Uno de los objetivos que podría fijarse la sociedad democrática sería el de conseguir un conocimiento equivalente entre el del experto, el del dirigente y el del ciudadano.

Experto, dirigente y ciudadano pueden tener la misma apreciación aproximada del crecimiento de la población en el mundo. Pueden compartir las mismas ideas generales sobre la probabilidad de una guerra. Nada tiene de fantástico imaginar que los controladores de los massmedia de comunicación se situarán en cabeza para aportar un elevado grado de equivalencia en la sociedad entre la imagen del profano sobre las
relaciones importantes, y la imagen del experto y del dirigente.

Resumen

El proceso de la comunicación en la sociedad realiza tres funciones: a) vigilancia del entorno, revelando amenazas y oportunidades que afecten a la posición de valor de la comunidad y de las partes que la componen; b) correlación de los componentes de la sociedad en cuanto a dar una respuesta al entorno; c) transmisión del legado social. En general, cabe encontrar equivalentes biológicos en las asociaciones humanas y animales, y en la economía de un organismo individual.

En la sociedad, el proceso de comunicación revela características especiales cuando el elemento dirigente teme al ambiente interior, así como al exterior. Al calibrar la eficacia de la comunicación en cualquier contexto dado, es necesario tener en cuenta los valores en juego, así como la identidad del grupo cuya posición se está examinando. En las sociedades democráticas, las opciones racionales dependen del
conocimiento, el cual, a su vez, depende de la comunicación y, muy en especial, de la equivalencia de observación entre dirigentes, expertos y profanos.